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La selección de Brasil saltó del juego vacilante de semifinal ante Uruguay, a uno que se podría calificar como una obra maestra ante su archirrival, Argentina, al que venció por un humillante 3-0 en la final de la Copa América, a pesar que nunca mostró su “jogo bonito”.
Los brasileños encontraron los puntos clave para anular la magia de los albicelestes, que antes de este duelo los había convertido en el club más compacto del torneo, pues se las arreglaron siempre para dejar bien sentada su superioridad ante cada uno de sus rivales.
Argentina asentó su juego en toda la Copa en una media cancha que sostenía el ritmo desde Sebastián Verón, Esteban Cambiasso y Javier Mascherano, mientras Román Riquelme ordenaba con genialidad el ataque con su pausa, aunque a veces extrema.
Javier Zannetti y Gabriel Heinze también se sumaban desde los laterales para ofrecer un equipo netamente ofensivo, una idea que terminaba siendo aún más fantasiosa por las virtudes del fenómeno Lionel Messi y la fuerza de Carlos Tévez. ¿Qué más pedir?
Esa era la estratega Alfio Basile, que variaba el dibujo táctico con la entrada de Pablo Aimar o Diego Milito, pero no cambiaba la esencia del juego albiceleste.
Dunga, el técnico brasileño, reconoció esa virtud de su rival aceptando que era favorito para ganar el título, pero trabajó en cómo limitar esas cualidades y lo logró.
Para eso, fueron claves tres puntos. El primero, precisamente limitar la labor de la media cancha, no dejando que Mascherano y compañía alimentaran a placer a Riquelme. Ahí llegó el trabajo de Josué y Mineiro, a los que siempre se les vio cerca de sus presas.
Riquelme con su juego pausado facilitó la marcación, con un Brasil que supo mantener el orden de su defensa jugando con sus líneas bien unidas. Defensores y volantes hacían un trabajo en equipo inmejorable. Alex, Juan, Maicon, Gilberto, Elano y después Daniel Alves, todos en una sola función: defender.
Con esa premisa llegó otro punto clave para Brasil. Argentina no sólo fue limitada en su creación, sino también en su radio de acción. Jugadores como Messi y Tévez se vieron poco en el primer tiempo y menos en el segundo, ya golpeados emocionalmente.
Pero no bastaba frenar a Argentina, Brasil también necesitaba hacer goles y encontró cómo. Los brasileños se olvidaron del “jogo bonito” y aprovecharon las circunstancias.
Distinto a otros partidos Brasil se quedó a esperar para recuperar balón e irse al ataque. Pero tenía que hacerlo de la manera más efectiva.
Con las continuas salidas de Heinze para apoyar a Cambiasso, Brasil encontró por ese lateral todas las llegadas a gol. El primero fue tan sorpresivo como efectivo.
Desde el lateral derecho Elano envió un centro al izquierdo para encontrar a Julio Baptista, marcado por Roberto Ayala que no pudo hacer nada ante el disparo de lujo.
La defensa Argentina jamás pudo enfrentar en línea los contragolpes de Brasil y más bien terminó frustrada por la efectividad de su rival.