Pérez y su regreso

[email protected] Vamos a la escuela para acercarnos a la vida. Vamos porque queremos ser capacitados para dar respuesta a las necesidades fundamentales que tenemos. Thomas Huxdley lo explica claramente, cuando dice que el resultado más importante de la educación es la habilidad de hacerte hacer, lo que tienes que hacer, cuanto tienes que hacerlo, te […]

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    Vamos a la escuela para acercarnos a la vida. Vamos porque queremos ser capacitados para dar respuesta a las necesidades fundamentales que tenemos.

    Thomas Huxdley lo explica claramente, cuando dice que el resultado más importante de la educación es la habilidad de hacerte hacer, lo que tienes que hacer, cuanto tienes que hacerlo, te guste o no.

    Muchos de nuestros atletas no sólo no tienen una buena educación en el sentido académico del término. Tampoco tienen una buena formación, lo que hace difícil que se les pueda ver reaccionar adecuadamente ante las diversas situaciones que enfrentan.

    A menudo aprenden a levantar el pie, hasta después de haber tropezado.

    Luis Pérez, el batallador pugilista capitalino, que recién se ha coronado campeón mundial por segunda vez, es un ejemplo de muchachos que se han forjado a la brava, sin más recursos que sus propios puños.

    Pérez se le zafó a la mediocridad en el 2003, cuando atrapó una primera corona ante Félix Machado.

    Y se le vio esforzarse por ser un peleador distinto, un joven ejemplar. Pero su mundo había cambiado y perdió la noción de las tablas. De pronto aparecía más en la sección de Sucesos que en Deportes.

    Ahora está de regreso al hit parade con un segundo campeonato, que le permitirá recuperar una serie de privilegios que se le habían esfumado. Vendrán atenciones y hasta lo recibió el presidente Ortega, pero si Luis no ha agregado la madurez a sus recursos, un nuevo tropiezo regresará tarde o temprano.

    Pérez ha vivido las dos etapas: satisfacciones con el triunfo y sinsabores tras la derrota. A él corresponde elegir lo que desea para sí.

    Ahora, si Luis desea persistir como monarca, hoy más que nunca necesita disciplina, que en los términos que utiliza Huxdley, sería como no hacer lo que se desea hacer ahora, para poder hacer lo que realmente se quiere hacer para la vida.

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