Un liderazgo en aprietos

Su historia, potencial económico, cultura, población y posición geográfica, sustentan la legítima aspiración de México a un rol de liderazgo en América Latina. No obstante, sus graves problemas internos están dificultando el cumplimiento de ese objetivo. El narcotráfico y el crimen organizado en general se han apoderado de amplios espacios de poder. La inseguridad es […]

Su historia, potencial económico, cultura, población y posición geográfica, sustentan la legítima aspiración de México a un rol de liderazgo en América Latina. No obstante, sus graves problemas internos están dificultando el cumplimiento de ese objetivo.

El narcotráfico y el crimen organizado en general se han apoderado de amplios espacios de poder. La inseguridad es el problema número uno del país.

Los carteles están asesinando a decenas de policías, soldados y funcionarios en una guerra contra el Estado, no declarada, pero cruenta, y que podría extenderse al resto de la sociedad, reeditando a la mexicana aquella salvaje confrontación de Pablo Escobar con la sociedad colombiana en los años ochenta.

Desde comienzos del 2007, más de 1,500 personas han sido asesinadas —el promedio más alto de los últimos años—, unas siete a diario; en su mayoría son éstas ejecuciones a manos de sicarios o elementos de las organizaciones de la droga.

En la administración de Vicente Fox (2000-2006), la lucha contra la corrupción fue prácticamente abandonada y no se le plantó cara firmemente al narcotráfico.

Al asumir, el presidente Felipe Calderón quiso marcar una clara diferencia y envió miles de soldados a ocho estados de la federación embargados por la violencia y el crimen. La semana pasada, se relevó a todos los altos mandos de la policía mexicana, famosa por sus elevados niveles de corrupción.

Sin embargo, la violencia se ha agravado y continúa subiendo. México y Colombia se disputan los primeros lugares de la lista de países donde más se asesina periodistas. El miedo lleva a la autocensura.

Esta semana, un oscuro empresario chino buscado por INTERPOL, está acusando al partido de gobierno PAN de presionarlo para guardar 207 millones de dólares. El dinero fue hallado en la casa Zhenli Ye Gon en lo que fue una incautación récord de dinero sucio el año pasado.

La falta de un mandato categórico ha sido otro de los escollos de Calderón, pero éste lo ha superado poco a poco.

Su firme actitud contra el crimen ha dado popularidad al Presidente, cuya legitimidad fue muy cuestionada por su estrecho margen de victoria sobre el populista de izquierda Andrés Manuel López Obrador, del PRD, hace un año, y por la disputa legal que siguió.

Calderón —elegido el 2 de julio de 2006— evitó provocaciones y tomó actitudes conciliatorias con su rival, quien dirigió una campaña para deslegitimarlo, se autodenominó el “presidente legítimo”. Aunque ha perdido fuerza, AMLO trató el domingo de reactivar su resistencia con una masiva concentración en Ciudad de México.

Una de las iniciativas más importantes de México, lanzada por Fox, el Plan Puebla Panamá, se ha debilitado.

Los estudios de expertos advierten que, a menos de que se hallen nuevos yacimientos, la capacidad de producción de petróleo de México se reducirá sensiblemente en las próximas décadas. Esto obligó a Calderón a disminuir la oferta de crudo mexicano para una refinería mesoamericana que sería un logro clave del PPP, quitándole atractivo.

Hoy, varios Estados participantes del PPP están buscando por su cuenta tratos con actores foráneos: Chávez ha prometido construir una refinería de US$2,500 millones en Nicaragua; China le ofreció una a Costa Rica; Guatemala pretende ganarse a Taiwán para un proyecto semejante y Panamá está también interesado en otra.

La victoria de Daniel Ortega, un aliado de Hugo Chávez —un rival de gruesa chequera por el liderazgo latinoamericano que se le ha ido arriba y que, al contrario de la situación mexicana, nada en petrodólares—, es un hecho geopolítico desfavorable: Nicaragua está en el corazón de Centroamérica, un área de proyección histórica natural de la política exterior de México.

Calderón ha optado por una actitud no confrontativa con Cuba y Venezuela. Fox se peleó con Fidel Castro, terminando con 30 años de tradición diplomática, y sostuvo agrias disputas verbales con el vociferante caudillo venezolano, quien lo llamó “cachorro del imperio”.

Jugando de nuevo a ser vocero y peón de la política de Chávez —una actitud de dudoso beneficio para Nicaragua—, Ortega cometió la imprudencia (¿estupidez?) de sugerirle en público a Calderón durante su reciente visita que se integre al Alba, una asociación dominada por Caracas.

Tomando seguramente la idea como otro elemento de una visita llena de color y rupturas del protocolo, un diplomático Calderón contestó que no le molestaba. “Incluso nos alegra” que haya diversos esfuerzos de integración en América Latina, respondió.

Por favor, ¿nadie en la Cancillería podría haberle dicho a Ortega de que siendo un socio clave de EE.UU. en el Nafta, su principal mercado, México, no tiene interés en el Alba? ¿Sólo hay silencio o adulación, señor Canciller, señores vicecancilleres, señores asesores?

Finalmente, el Gobierno mexicano acaba de recibir otro golpe. El Senado de EE.UU. enterró por ahora la reforma migratoria que legalizaría a 12 millones de personas, entre ellos, 8 millones de mexicanos, proveedores de casi 30 mil millones de dólares anuales en remesas. El asunto migratorio es uno de los principales ejes de la difícil relación bilateral. Seguirá en un limbo.

Sin duda, México merece un lugar aparte en Latinoamérica. Pero por el momento, sus propios problemas constituyen un lastre muy pesado como para poder dedicar serios esfuerzos a la arena internacional.

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