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Thomas y Biggio con méritos
500 jonrones para Frank Thomas y 3,000 hits para Craig Biggio. El mismo día, el jueves reciente, ambos aseguraron ser recordados para siempre, al alcanzar dos marcas sagradas en el beisbol de las Grandes Ligas, lo que supone un boleto automático al Salón de la Fama de Cooperstown, siempre que no se es sospechoso del uso de esteroides.
Thomas, una montaña de músculos que desde su arribo a las Gran Carpa demostró poder y consistencia, y Biggio, un polifacético pelotero que ha jugado toda su carrera para los Astros de Houston, no deben tener dificultades para entrar.
Si alguno de los dos podría ser cuestionado, ese es Biggio, quien nunca ha ganado un título de bateo y solamente presenta una temporada de 200 imparables.
Sin embargo, Biggio es único en su especie. Es apenas el primer jugador de la segunda base que cruza los tres mil hits desde Eddie Collins en 1923, mientras Roger Hornsby, Joe Morgan, Ryne Sandberg y Roberto Alomar se quedaban en el camino. Eso sí, apartando a Rod Carew, quien compartió su tiempo entre el segundo costal y la inicial.
La principal carta de presentación de Biggio son los tres mil hits, una cifra que mantiene su grado de dificultad intacto y una reputación impecable, a diferencia de los jonroneros que comienzan a ser cuestionados por el uso de sustancias ilegales.
Tomen en cuenta que los próximo bateadores de tres mil cohetes son puras «bestias». Barry Bonds busca 100 imparables, mientras que Derek Jeter aún está lejos, pero lleva buena ritmo y es joven, colocado a 750 hits, equivalentes a cuatro temporadas.
Seguro que Biggio no es el miembro más prominente del club de los 3,000, pero apuesten que junto a Thomas se le abrirán las puertas del Salón.