Las actividades agropecuarias figuran entre las más beneficiadas por el crédito de las microfinancieras. (LA PRENSA/ARCHIVO)

Microfinancieras nicas cuesta arriba

Las Instituciones de Microfinanzas (IMF) han registrado un dinámico crecimiento. Sin embargo, sus representantes dicen que todavía no reciben apoyo estatal que estimule aún más su desarrollo. En la Asamblea Nacional está pendiente la aprobación de una ley para este sector. Aquí las discusiones salen a flote [doap_box title=»A consultas» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El 29 de […]

  • Las Instituciones de Microfinanzas (IMF) han registrado un dinámico crecimiento. Sin embargo, sus representantes dicen que todavía no reciben apoyo estatal que estimule aún más su desarrollo. En la Asamblea Nacional está pendiente la aprobación de una ley para este sector. Aquí las discusiones salen a flote
[doap_box title=»A consultas» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El 29 de enero del 2004 la Asamblea Nacional aprobó en lo general la Ley Especial de Asociaciones de Microfinanzas. A partir de allí las discusiones se estancaron, al punto que después se incorporaron alrededor de 26 mociones adicionales, a una ley de 41 artículos.

“Prácticamente (se trataría de ) una ley nueva”, afirma Alfredo Alaniz, director ejecutivo de Asomif.

Afirma que no se trata que las entidades de microfinanzas no quieran ser reguladas o supervisadas, sino que no tiene sentido que lo hagan cuando no captan recursos del público, tal como lo están pidiendo en la ley.

Pero ésta es una posibilidad “casi nula”, según el diputado liberal constitucionalista, Wilfredo Navarro, primer secretario de la Asamblea Nacional, quien está promoviendo una nueva consulta para aprobar esta ley.

Intereses vs. costos

[/doap_box]

  • Ver Infografia >

    La década de los noventa vio nacer una nueva forma de financiamiento, que poco a poco ha venido cubriendo a importantes sectores de la economía nacional, que no habían llamado la atención de la banca comercial.

    Las primeras microfinancieras surgieron a mediados de 1992 como un experimento de diferentes organismos donantes internacionales, que buscaban la forma de atender a un gran número de productores y microempresarios que no tenían acceso a financiamiento formal.

    Hoy, incluso, existen al menos tres de estas microfinancieras que tienen una cartera de préstamos, cada una, que supera los 12 millones de dólares, cifra mínima requerida por las leyes nicaragüenses para establecer un banco.

    Julio Flores, gerente general del Fondo de Desarrollo Local (FDL), explica que el principal impulso de las microfinancieras se dio entre 1997 y 1998, cuando desapareció la banca estatal: el Banco Nacional de Desarrollo y el Banco Popular, lo que permitió consolidar las microfinancieras como instituciones de financiamiento.

    La idea de este tipo de instituciones surgió a partir de la experiencia de la creación del Grameen Bank, o Banco de la Pobreza, que empezó a operar en 1976 en Bangladesh, Asia, y cuyo fundador, Muhammad Yunus, fue galardonado con el premio Nobel de la Paz.

    Una experiencia que fue impulsada posteriormente en Latinoamérica, donde ha tenido una fuerte expansión.

    EL REPUNTE

    Sin embargo, en la última década Nicaragua ha sido el país que ha tenido una mayor expansión a nivel centroamericano y latinoamericano de las microfinanzas, asegura Flores. Un estatus reconocido por el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), asegura el también vicepresidente de la Asociación de Microfinancieras de Nicaragua (Asomif).

    Al cierre del año 2006, las veinte empresas de microfinanzas contaban con una cartera global de casi 180 millones de dólares aproximadamente, que cubría a por lo menos 300 mil pequeños empresarios y productores nacionales.

    Esto significa un nivel de cobertura de 56 por ciento de los micropequeños y medianos empresarios del país, por lo que en unos tres años este porcentaje se podría elevar hasta acercarse al ciento por ciento, asegura Gabriel Solórzano, presidente de la Financiera para el Desarrollo (Findesa).

    Sin embargo, aún con el fuerte impacto que tienen estas entidades de las microfinanzas, no han recibido un trato justo de parte de las autoridades de Gobierno y han sido sometidas a fuertes cuestionamientos por las tasas de interés, para muchos elevadas, y los costos administrativos en los que incurren, lo que aumenta el costo del dinero, es decir de los préstamos que aprueban.

    Actualmente las microfinancieras que operan en Nicaragua son reguladas por la Ley Reguladora de Préstamos entre Particulares, aprobada en 1994 y reformada en el 2001 y por la Ley General sobre Personas Jurídicas sin Fines de Lucro (Ley 147) aprobada en 1992.

    También por la Ley Especial sobre Sociedades Financieras, de Inversión y Otras (Decreto 15-L) aprobado en abril de 1970, según explica Rolando Zambrana, del bufete de abogados Núñez, Rizo, Zambrana Abogados Nicaragua.

    Asegura que estas entidades no gozan de muchos de los privilegios que tienen las entidades bancarias establecidas en el país, como la captación de recursos del público, la emisión de cheques y otros servicios financieros.

    Se estima que en el país existen entre 100 y 300 microfinancieras de diferentes tamaños. De ellas hay 20 instituciones aglutinadas en Asomif, cuya organización mueve casi 180 millones de dólares. Además, hay dos entidades que están haciendo gestiones para convertirse en bancos formales: Findesa y Financiera Fama. ProCredit ya dio el salto y se convirtió en banco.

    Según Flores, la cartera crediticia de las microfinancieras está concentrada principalmente en el sector agropecuario, que significa el 49 por ciento de la cartera total, con la perspectiva de llegar al 60 por ciento, lo cual confirma las posibilidades para que este sector continúe creciendo.

    Hace seis años esta cobertura del sector agropecuario era del 15 por ciento.

    PRESENCIA URBANA

    Las microfinancieras aseguran haber bajado las tasas de interés en los últimos años, según afirma Solórzano.

    Dice que esto se ha debido a la fuerte competencia que existe entre las microfinancieras del país, que han crecido en número pero principalmente en la calidad y cobertura del servicio.

    En la parte urbana la competencia es más fuerte, pero en la zona rural todavía no hay mucha presencia y la demanda “en el sector rural es donde más vamos a crecer”, proyecta.

    No obstante, el futuro de estas instituciones se está jugando en la Asamblea Nacional, donde está pendiente la aprobación en lo particular del proyecto de Ley Especial de Asociaciones de Microfinanzas

    Aquí hay dos aspectos en los que no hay consenso: que las IMF puedan captar recursos y que la tasa de interés sea libre tal y como la tienen los bancos, explicó Alfredo Alaniz, director ejecutivo de Asomif.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí