¿Atendemos a nuestros hijos?

Hay que llegar a un equilibrio para tener autoridad Tener autoridad, que no es autoritarismo, es para los padres un elemento básico a tener en cuenta para la educación de nuestros hijos e hijas. Lo usual es marcar límites y objetivos claros que le permitan diferenciar qué está bien y qué está mal en la […]

Hay que llegar a un equilibrio para tener autoridad

Tener autoridad, que no es autoritarismo, es para los padres un elemento básico a tener en cuenta para la educación de nuestros hijos e hijas. Lo usual es marcar límites y objetivos claros que le permitan diferenciar qué está bien y qué está mal en la educación de los más jóvenes, pero uno de los errores más frecuentes de padres y madres es excederse en la tolerancia. Y entonces empiezan los problemas. Hay que llegar a un equilibrio, ¿cómo conseguirlo para tener autoridad?

Les cuento una anécdota que hace no mucho me sucedió. Llegaba un estudiante a plantearme un problema de “botar” un asignatura porque su carro se había fregado y que le había expresado a sus padres la condicionante de que se le arreglase el vehículo para poder asistir a la escuela y que si no lo hacían simplemente dejaba de llegar al centro estudiantil.

El joven amenazaba a sus padres de no asistir al centro si no le apoyaban en arreglarle el vehículo. La vida académica del estudiante dependía de un motor y cuatro ruedas.

Cuando le pregunté al estudiante por qué sus padres no le venían a dejar a la escuela, me expresó: “… es que mis padres no entran a trabajar hasta las 8:00 a.m.”. Lo anterior denotaba una falta grande de responsabilidad, en cuanto a preocupación de los padres hacia el hijo, en no valorar el comportamiento del mismo, su conducta, sus resultados académicos. ¿O es qué acaso lo consideraban que por ser mayor de edad para conducir eso implicaba que el joven como persona debería estar apto para asumir sus propias responsabilidades?

Le decía al joven: ¿No te das cuenta que “botar” la asignatura implica una derrota en cuanto a pérdida de conocimiento, tiempo y dinero para tus padres y para ti mismo? ¿Acaso permiten darte el lujo de posponer y posponer tus decisiones tal vez no consensuadas y menos compartidas?

Actuaciones paternas y maternas, a veces llenas de buena voluntad, minan la propia autoridad y hacen que nuestros hijos no tengan un desarrollo equilibrado y feliz. Que de permitirlo y no estar al tanto de hechos como el antes relacionado, por muy bien que le vaya económica, laboral y socialmente a la familia, sinceramente esta ruta puede conducir al fracaso.

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