La verdadera pobreza del hombre

“A menudo, la verdadera pobreza del hombre es la falta de esperanza, la ausencia de un padre que dé sentido a la propia existencia”. (Benedicto XVI) En el mundo actual, tan en crisis en muchos aspectos y niveles, el número de los “espiritualmente cabizbajos” parece ser infinito. Llamo así a los seres humanos faltos de […]

“A menudo, la verdadera pobreza del hombre es la falta de esperanza, la ausencia de un padre que dé sentido a la propia existencia”.

(Benedicto XVI)

En el mundo actual, tan en crisis en muchos aspectos y niveles, el número de los “espiritualmente cabizbajos” parece ser infinito. Llamo así a los seres humanos faltos de esperanza, a aquellos para quienes la vida, su propia vida, carece de total sentido… ¡Pobres los pobres de esperanza!

¿Por qué la verdadera pobreza del hombre es la falta de esperanza? Porque de un hombre sin esperanza no se puede esperar ¡nada! Ni él mismo puede esperar nada de sí mismo… Se suicida, precisamente, quien ha perdido toda esperanza, el desesperado.

“Muerto en vida” es el incapaz de soñar, el incapaz de esperar, de creer y de amar, el incapaz de todo: de toda apertura a los demás, de toda comunión, ¡de todo caminar hacia la cumbre! Al muerto en vida no le anima contemplar las estrellas, ¡mirar hacia lo alto!

Amado era uno de esos carentes de esperanza, pero un día de tantos, para asombro de muchos, todo cambió en el y en su círculo familiar: antes desalentaba el sólo verlo, su rostro lucía taciturno y su vestir estrafalario, se le veía caminar, como sin rumbo, sin meta alguna…

Ahora, Amado recuperó la vida, es otro, hasta ha progresado significativamente en lo económico, pues se ha vuelto muy trabajador y responsable. Todo tuvo su origen con la integración de Amado a una comunidad eclesial.

¡Dejémonos abrazar por el amor del Padre! ¡Recuperemos el sentido de la vida! ¡Seamos ricos, millonarios en esperanza, y todo cambiará para nosotros!

Religión y Fe

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