- Administración Bush parece inclinada a clausurar de una vez el infame campo de detenidos en base naval
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Las discusiones se mantienen en el seno del gobierno del presidente George W. Bush sobre la posibilidad de cerrar la cárcel de Guantánamo (Cuba), pero se enfrentan a un gran obstáculo: ¿qué hacer con los alrededor de 375 detenidos que siguen allí?
El presidente Bush “es conocido por decir desde hace años que quiere cerrar Guantánamo. Pidió a su Administración que trabaje para alcanzar ese objetivo”, declaró el viernes Dana Perino, portavoz de la Casa Blanca.
Sin embargo, no hay ninguna decisión inminente, precisó Perino. Una reunión sobre el tema fue suspendida el jueves por la noche y el viernes el Pentágono anunció la llegada de un nuevo detenido a la base naval en Cuba, Haroon al Afghani, considerado uno de los dirigentes de un grupo insurgente afgano.
EL LEGADO SOMBRÍO
Presos encapuchados en jaulas de acero. Interrogatorios abusivos. Detenciones indefinidas. Estos elementos de la prisión militar en la Bahía de Guantánamo suscitaron indignación mundial durante sus cinco años de existencia que ahora parece llegar a su fin.
Es posible que ningún otro lugar en la historia de Estados Unidos haya inspirado una condena y una controversia mayor que el centro de detención de la Bahía de Guantánamo, donde están internados reos sospechosos de vínculos con Al Qaeda y el Talibán, que permanecen detenidos indefinidamente, sin juicio. Cuatro de ellos se suicidaron.
El centro de detención fue abierto en lo que era una somnolienta base naval de Estados Unidos en el sureste de Cuba en enero del 2002, cuando prisioneros atados y vendados de los ojos fueron colocados en jaulas, expuestos a las inclemencias del sol y la lluvia. En los cinco años y medio transcurridos desde entonces, la prisión de las fuerzas armadas estadounidenses sufrió una transformación y la mayoría de los detenidos está hoy en día recluida en celdas de concreto y acero.
Ahora, funcionarios prominentes dijeron a The Associated Press que el gobierno del presidente George W. Bush estaría a punto de decidir el cierre de la prisión militar. Según los funcionarios, va en aumento el consenso de que ese símbolo de la guerra estadounidense mundial contra el terrorismo se ha convertido en una carga.
De ser así, se trataría de un revés significativo. Las autoridades estadounidenses han insistido desde siempre en que Guantánamo es un componente fundamental de la guerra contra el terrorismo y que los detractores están equivocados, desorientados o tienen malas intenciones.
Más de 770 hombres han estado recluidos allí. Casi la mitad de ellos han sido liberados o transferidos a otros países, que en seguida pusieron en libertad a la mayoría. Alrededor de 375 prisioneros permanecen en Guantánamo, privados de toda oportunidad real de impugnar las acusaciones en su contra.
“PROTEGERNOS SIN ABANDONAR PRINCIPIOS”
“Guantánamo nació solamente del temor y de la histeria que siguieron al 11 de septiembre, pero con el paso del tiempo un número cada vez mayor de personas se ha dado cuenta de que para protegernos no tenemos que abandonar nuestros principios”, dijo Tom Wilner, un abogado de Washington que representa a detenidos. “Y creo que el Gobierno está llegando a la misma conclusión”.
Las fuerzas armadas trataron de mantener en secreto la operación de las detenciones, incluso no revelaron a quiénes tenían allí sino hasta mayo del 2006, cuando fueron forzadas a hacerlo en respuesta a una demanda interpuesta por The Associated Press con base en la Ley para la Libertad de Información.
De la prisión surgieron noticias perturbadoras, principalmente de los abogados que solicitaban audiencias judiciales para los detenidos en las cortes estadounidenses. Cuando tres reclusos se ahorcaron en sus celdas en junio del 2006, el contraalmirante de la fuerza naval, que era entonces el comandante en Guantánamo, dijo que los suicidios fueron “un acto de guerra asimétrica contra nosotros”.
Abogados y grupos de derechos humanos se sintieron ultrajados.
“Un tufo de desesperación se cierne sobre Guantánamo”, expresó el abogado Mark Denbeaux sobre los suicidios, que ocurrieron días después de que visitó la base militar. Hace tres semanas, otro reo, un saudita que decía ser apenas un elemento menor del gobierno talibán en Afganistán, murió en un aparente suicidio.
El abogado Clive Stafford Smith estaba en Guantánamo el jueves para visitar a sus clientes cuando altos funcionarios dijeron que crecía el consenso para elaborar una propuesta encaminada a cerrar la prisión y transferir a los detenidos a una o más instalaciones del Departamento de Defensa.