Francisco Luis Rodríguez, ginecólogo y obstetra, de 46 años; su hija María Sonia, de 15 años. Su hijo Francisco Luis, de 20 años, se encontraba en la universidad en el momento de la foto. (LA PRENSA /U. MOLINA)

Primero papá, después médico

Tenían un año de casados, él estaba en sexto año de medicina, su esposa recién salía de la carrera de Derecho, el país estaba en un periodo de guerra, por lo cual las calamidades para la joven pareja eran muchas pero para su felicidad, según Francisco Luis Rodríguez, gineco-obstetra, los sorprendió la noticia de un […]

Tenían un año de casados, él estaba en sexto año de medicina, su esposa recién salía de la carrera de Derecho, el país estaba en un periodo de guerra, por lo cual las calamidades para la joven pareja eran muchas pero para su felicidad, según Francisco Luis Rodríguez, gineco-obstetra, los sorprendió la noticia de un embarazo.

“Fue bonito porque dentro de la pobreza que vivíamos, prácticamente comíamos del hospital, la comida que me regalaban yo la guardaba para alimentar a la mujer porque como médico entendía que había que nutrir bien a la señora”, expresa.

El control del embarazo de su esposa lo llevó un primo de ella. “Yo no me atreví a enredarme en el asunto. Recuerdo que un dos de noviembre fuimos a Masatepe y como a las tres de la mañana rompió fuente, yo no sabía, fuimos al hospital y el tres de noviembre nació, fue muy lindo, por que fui el pediatra, fui el segundo que lo tocó después del ginecólogo”, expresa muy orgulloso.

El día del nacimiento de su primer hijo, la alegría de ser papá lo hizo olvidarse de que era médico. “Mi doña no me perdona porque era tanta la alegría de tener un bebé mío, que salí a mostrarle mi hijo a todos en el hospital y como era el frío noviembre, el niño se me enfrío, el doctor me pegó una regañada, entonces me sentía tan culpable que pasé toda la noche frente a la cuna hasta que el bebé estuvo bien”, recuerda.

Asegura que antes de nacer su primer hijo, durante seis meses bañaba a los niños del hospital para aprender a cargarlos y a bañarlos. Pero acepta que no le gustaba cambiar pañales con pupú, aunque muchas veces le tocó lavarlos.

Cuando nació la niña, las cosas fueron diferentes, fue él quien controló el embarazo pero a la hora del parto no pudo atenderlo porque se bloqueó.

Afirma que con su primer hijo, su esposa sólo se hizo un ultrasonido y no quiso decirle cuál era el sexo del bebé. “Ella empezó a bordar los pañales y la ropita en color celeste, además le bordó FL, entonces yo dije es varón y, como hombre, esperaba que fuera varón”, expresa.

Señala que para ser un buen papá, comunicarse es muy importante, sobre todo en las etapas de transición. También hay que hacerles ver cómo pueden proyectarse para que no le tengan miedo al mundo y nunca ceder en el primer instante.

Nosotras

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí