Andrés Franceries de Montis, piloto aviador, de 43 años, junto a sus hijos Lorena (20 años), Matías (12 años), Sergio (19 años). Su hijo Andrés (18 años) se encuentra fuera del país estudiando aviación. (LA PRENSA /U. MOLINA)

Un papá en las nubes

Andrés Franceries tiene tres hijos con su primera esposa y junto al hijo de su segunda esposa reúne cuatro. Asegura que siempre buscó ser papá. Se casó muy joven, durante la guerra porque pensaba que no iba a llegar a la edad que tiene ahora. “Fue una gran felicidad saber que iba a tener herederos […]

Andrés Franceries tiene tres hijos con su primera esposa y junto al hijo de su segunda esposa reúne cuatro. Asegura que siempre buscó ser papá. Se casó muy joven, durante la guerra porque pensaba que no iba a llegar a la edad que tiene ahora. “Fue una gran felicidad saber que iba a tener herederos y las responsabilidades que conlleva un hogar porque sé que eso es un elemento fundamental para que exista una familia”, expresa.

Su primera alegría fue una niña, “la princesa de la casa”, dice muy sonriente. Asegura que no es machista, pero con el primer embarazo de quien entonces era su esposa a él se le salió lo machista y quería que su primer hijo fuera varón pero cuando supo que era niña, igual se ilusionó con la idea.

Cuando recibió la noticia, no lo sorprendió tanto porque siempre la estuvo esperando, “cuando la recibí me sentí realizado, estaba completo en la vida y más aun cuando nacieron el resto de mis hijos”, afirma.

Aunque nunca entró al quirófano porque le daba miedo, siempre que pudo acompañó a la madre de sus hijos a las consultas médicas y las vacunas.

“Ver el desarrollo del bebé a través de los ultrasonidos es emocionante, el doctor decía: este es varón o mujer, nos sentíamos felices, aunque no distinguíamos nada”.

Por su carrera, la mayor parte del tiempo está ausente de su casa pero el tiempo que está en el país lo pasa con ellos, van a la playa, al cine, hacen ejercicio juntos y otras actividades.

“He tratado de educarlos y enseñarles las dificultades de la vida, eliminar las envidias que se desarrollan en el ser humano, el egoísmo, además de prepararlos para que sean fuertes ante la vida”, asegura.

En cuanto al cuidado de sus hijos, acepta que nunca fue un experto en el cambio de pañales y en los primeros meses, además, le daba miedo la fragilidad del bebé.

Señala que para ser un buen padre hay que estar siempre al lado del hijo, apoyar en las dificultades y mantener una buena comunicación. “Lo principal es ser un apoyo, que siempre consideren a su papá como su amigo, que no sientan esa diferencia de que porque soy su padre, no pueden acudir donde mí para contarme sus problemas y logros”.

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