Cuando Carlos Germán Meza González estaba en tercer año de la carrera de Economía, su novia le dio la noticia de que tenía un retraso en su menstruación pero la noticia no lo desesperó porque siempre estuvo consiente de que cuando una persona decide tener relaciones sexuales existe la posibilidad de que haya un embarazo.
Nos dimos cuenta juntos porque ella tenía un retraso, se hizo una prueba y dio positivo, teníamos diez meses de noviazgo, estaba tranquilo, no estaba preocupado porque sabía que lo difícil venía después, traté de apoyarla, yo sólo le dije que tomara las cosas con tranquilidad, afirma.
Aunque ambos aún son estudiantes, asegura que nunca se les pasó por la cabeza el aborto como solución. Lo primero fue empezar a buscar trabajo, ver cómo iba a hacer para mantener una familia, cuando supe cuál iba a ser mi trabajo y hablamos con nuestros padres, decidimos vivir juntos, dice.
Expresa que estudiar y trabajar ha sido difícil pero no una misión imposible, ya que los familiares los apoyan.
Cuenta que se involucró en todo el proceso del embarazo, en las visitas al ginecólogo pero para el parto esperó afuera, lo único que le interesaba era que todo saliera bien.
Cuando vio por primera vez a su bebé en un ultrasonido, expresa que fue una gran emoción, sobre todo, porque el doctor dijo que estaba saludable. Una vez que nació la bebé, los primeros tres meses se involucró mucho en los cuidados pero una vez que empezó a trabajar sólo la disfruta cuando llega a casa por la noche.
Señala que a su edad es difícil decir cómo ser un buen padre pero para él lo esencial es el amor y la responsabilidad para que los hijos mantengan estabilidad tanto emocional como económica.