Ernesto Rugama Castillo, 48 años, odontólogo y docente de la Universidad Americana (UAM), junto a su hijo Ernesto José (12 años), María Guadalupe (11 años) y Rafael (7 años). (LA PRENSA /U. MOLINA)

Mamá y papá a la vez

Hace cuatro años falleció la esposa de Ernesto Rugama López y desde entonces le ha tocado jugar el rol de mamá y papá para sus tres hijos. Cuando se casó pasaba de los 30 años, por lo cual junto a su esposa acordó no esperar mucho tiempo para tener hijos. “Esperábamos ansiosos el momento de […]

Hace cuatro años falleció la esposa de Ernesto Rugama López y desde entonces le ha tocado jugar el rol de mamá y papá para sus tres hijos.

Cuando se casó pasaba de los 30 años, por lo cual junto a su esposa acordó no esperar mucho tiempo para tener hijos. “Esperábamos ansiosos el momento de tener el aviso de la llegada del bebé y nos dimos cuenta al mismo tiempo porque yo la acompañé a hacerse los exámenes y a traer los resultados, la alegría fue muy grande cuando nos dijeron que era positivo”, afirma.

Cuando su esposa tenía mes y medio de embarazo, perdió al bebé, aunque acepta que su sentimiento no fue igual al de su esposa, fue una pérdida muy lamentable también para él y le tocó apoyar mucho a su esposa porque a ella le costó asimilar la situación, incluso con su segundo embarazo, ella tenía el temor de perderlo, el cual desapareció hasta poco antes de que el bebé naciera.

Cuando iba a nacer su hijo, Ernesto, no quisieron saber si era varón o mujer porque querían que fuera sorpresa, “yo les decía a todos que era varón porque el corazón de padre no se equivoca, aunque todos decían lo contrario”.

Asegura que se involucró totalmente en los tres embarazos y como todos nacieron por cesárea, él era quien los tenía que atender, hasta que ella se recuperara. “La acompañé a las consultas, en la crianza, digo con mucho orgullo, que lo único que no he hecho por ellos es darles el pecho”, expresa muy orgulloso.

Cuenta que con sus dos primeros hijos no pudo entrar a la sala de partos; sin embargo, con el tercero lo hizo, lo cual fue una emoción muy diferente porque con los otros, como no estaba presente, sentía miedo de lo que estaba pasando.

Asegura que la clave para ser un buen papá es estar presente siempre, “ellos conocen mis amistades y conocen a las personas con las que trabajo, incluso me acompañan a la universidad, también me acompañan a una fundación que atiende a niños huérfanos donde colaboro”.

Otro de los puntos es no dejar las cosas para último momento. “Yo me involucré desde que nacieron”, dice este orgulloso papá.

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