Marco Mayorga asegura que ha aprendido que no existen métodos seguros de éxito para ser un buen papá, pero lo mejor para el éxito es la construcción de un hogar y no de una casa, además de paciencia, consistencia y el trabajo conjunto entre padre y madre.
Cuando tenía tres años de casado nació su primer hijo, Eugenio, que aunque no fue totalmente planificado fue muy deseado. Por un lado, uno desea estar en mejor situación económica y, por otro, desea la felicidad de tener un hijo y en este caso pudo más la felicidad. Viviendo esta alegría fue fácil decidirse después, pero Isabella es la última alegría inesperada y hoy tenemos cuatro hijos, expresa.
Afirma que por más que se espere la noticia de ser papá, el momento nunca se compara con la felicidad que produce la noticia en ese instante, expresa que su primer pensamiento fue: Gracias a Dios.
Cuenta que con todos los embarazos de su esposa acostumbró acompañarla al ginecólogo. Compartimos el proceso de cada semana, la emoción de los movimientos, lo increíble de verlo en pantalla y cada detalle, expresa.
También afirma que ha sido un padre muy colaborador desde bañarlos, desvelarse y hasta alimentarlos. Pienso que es un trabajo compartido de ambos, lo que evité fue limpiar vómitos y cambiar pañales, confieso que los evitaba, afirma.
En cuanto a la preferencia por determinado sexo del bebé, asegura que no tenía ninguna inclinación y con cada uno de ellos conocieron de previo el sexo pero no por ello perdió la emoción del momento.
En cuanto a su experiencia con los partos, señala que todos fueron diferentes, los cuales iban desde complicaciones que le obligaron a esperar afuera de la sala de parto o ayudar en el parto hasta no llegar a tiempo. Pero el primer encuentro son momentos felices registrados de por vida en la mente y en el corazón, señala.
Cuenta que la relación con sus hijos ha sido de aprendizaje, de tratar de hacer lo mejor, de reconocer cuando falla y de mejorar; pero, sobre todo, haciendo esfuerzos en el ejemplo.