Y qué se hizo…Leoncio Martínez
Leoncio Martínez era tan temido cuando lanzaba, que en una ocasión Róger Guillén lo amenazó con una pistola si le volvía a lanzar pegado. “Es que aparte de tirar duro, era malvado”, explica Guillén.
En otra oportunidad, le dio un bolazo en la cabeza a Alfonso Catín, quien quedó muy afectado. Y mientras los demás se preocupaban, Leoncio sólo comentó: “por mí que se muera, si ni familia mía es”.
Cuando le pregunté a Julio Sánchez sobre los lanzadores más temibles que enfrentó, habló con respeto sobre Porfirio Altamirano, Albert Williams y Julio Moya, pero afirmó que el que más le impresionó por el coraje fue Leoncio.
“No le negaba el cariño a nadie”, asegura Sánchez.
Leoncio es ahora un señor mayor. Su cabellera está blanca y el rostro luce golpeado por el pasar de los días. Está en ruta directa a los 60 años, pero siempre es pícaro y muy fluido al hablar. Asegura que muchas de las historias que se cuentan de él, no son ciertas.
“Lo que pasa es que he sido bromista, entonces también me dan bromas y cuentan unas cosas que no es cierto que yo las haya hecho”, asegura el ex tirador del Frente Sur, convertido ahora en coach de pitcheo del equipo de Potosí, Rivas.
¿Pero es cierto que fuiste a vender pantalones a Cuba mientras jugabas con la Selección en los años ochenta?
Eso sí es cierto. Lo que pasa es que antes íbamos a Cuba bastante y unos amigos me aconsejaron que llevara mercadería, que allá la podía vender. Así que llevé varias docenas de pantalones y fue un tremendo negocio, pero Oscar Gómez, que era de la Seguridad del Estado, me ‘quemó’ De modo que me mandaron de regreso a Nicaragua.
Dicen que hasta a los de la Seguridad cubana les vendiste ropa, ¿es cierto?
Sí. A los dos oficiales que me llevaron al aeropuerto de La Habana les vendí los últimos dos pantalones que me quedaban. Eran dos negros grandotes y les quedaron buenos. Se los vendí.
Cómo lanzador, ¿cuál fue tu mejor momento?
Cuando ganamos el título con Rivas en 1982. Ese año barrimos a León en semifinales, pese a que no le habíamos ganado juego en el torneo regular. Y después vencimos a los Dantos. Esa vez me tiré un relevo de 12.2 innings con 11 ponches en uno de los juegos.
¿Esa historia sobre el golpe a Catín, que dijiste que no era nada tuyo, es así?
Sí, es cierto. Es que fijate que ese jodido donde me encontraba me bateaba. Era un tremendo bateador y recuerdo que Gustavo Quinado, mi mánager, llegó al box y yo le dije, no te preocupés, ya sé lo que voy a hacer. Y le metí la bola en la cabeza a Catín. Lo sacaron del partido y pude ganar mi juego.
¿Eras así de frío?
Siempre fui de la opinión de que uno tiene que desquitar los ‘frijolitos’ del equipo que le paga a uno, y yo jugué con mucha intensidad. Me gustaba competir. Pero hay cosas de mí que ahora las dicen de forma exagerada. Pero fijate que una vez, Pablo Juárez me pegó una línea en la rodilla y caí al suelo y ya no pude levantarme. En eso llegó Argelio Córdoba y me dijo: “ahora estás pagando todas las que has hecho”.
¿Y es cierto que una vez te trajiste como 200 pelotas de un torneo de China?
No hombré. Esas son mentiras de tu suegro (Manuel Estrella) que siempre habla más de la cuenta. Él dice que después las vine a vender a 12, 10 y 8 córdobas, pero no es cierto. Son inventos.
¿Qué hacés ahora?
Entreno equipos en Potosí y en Apompuá. Eloy Morales, que es el Alcalde (de Potosí), me está dando todo el apoyo y vamos a ver cuántos jóvenes prospectos podemos sacar aquí. Es decir, entreno en beisbol Mayor A.
¿De dónde exactamente sos Leoncio?
Soy originario de la comunidad El Ojo de Agua, Belén, Rivas. Ahí nací. Ahora vivo en Belén en una casa que me heredó mi difunta madre.
Junto a Adolfo Álvarez y Eloy Morales, Leoncio formó una estupenda tripleta en el Frente Sur y fue miembro de la Selección Nacional varias veces. También jugó en El Salvador y Guatemala. En este último país llevó el título al equipo Suzuki, al ganar los cuatro juegos de la serie final.