El rescate del alma

“Los santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres de fe, esperanza y amor”. (Benedicto XVI) San Pedro de Betancur solía recorrer las calles de Ciudad Antigua, Guatemala, acompañado de una campanilla que él iba sonando frente a cada casa, mientras repetía una y otra vez: “Recuerda, hermano, que sólo […]

“Los santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres de fe, esperanza y amor”.

(Benedicto XVI)

San Pedro de Betancur solía recorrer las calles de Ciudad Antigua, Guatemala, acompañado de una campanilla que él iba sonando frente a cada casa, mientras repetía una y otra vez: “Recuerda, hermano, que sólo un alma tienes y que si la pierdes no la recuperarás”.

Refiriéndose a esta forma tan sencilla y práctica de evangelización y de ser luz en medio de un pueblo, precisamente sencillo, un no católico me dijo, despectivamente: “¡Ve qué forma más idiota de predicar tenía el hermano Pedro!” A lo que inmediatamente le respondí: “Pues quizás, a simple vista, nos puede parecer tonto o demasiado ingenuo el mensaje y el modo de presentarlo del hermano Pedro, pero, si nos fijamos bien, en el fondo él predicaba una gran verdad: una vez perdida el alma en la otra vida, no la recuperarás jamás”.

En efecto, una vez pasado el umbral de esta vida, no podremos hacer nada si nos condenamos: perderse o no salvarse eternamente constituye el fracaso absoluto del hombre: “Porque al final de la jornada, aquél que se salva sabe, y el que no, no sabe nada”, como diría un místico poeta.

Pero buscando ser positivo en todo, vale la pena recordar que nadie se condena a la fuerza, pues ello es un asunto estrictamente personal, algo que uno elige. En estos tiempos muchos niegan el infierno, dicen que no existe; yo sí creo en su existencia, pero no me importa en lo personal, pues he optado por Cristo y seguirle es tener ya la vida eterna, elegir el cielo con la gracia de Dios.

Aquel que se obstina tenazmente en la maldad, en dañar a los demás gravemente, causando mal a sí mismo al ofender a Dios, está a tiempo todavía de rescatar su alma de la eterna perdición, por medio de la práctica de las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad. Cristo nos tiene reservada en el cielo una bella mansión a cada uno de nosotros. Por favor rectifica tus pasos, ¡no pierdas la tuya! La salvación es una oferta maravillosa, oferta de felicidad infinita… Sé inteligente. ¡Acéptala!

Religión y Fe

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