María Angélica Chamorro y su hijo Israel Urcuyo Chamorro. Local Hotel Holiday Inn. (LA PRENSA /U. MOLINA)

Niños al poder

La autoestima empodera y fortalece la conciencia de niñas, niños y adolescentes [doap_box title=»Consejos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Estimule la autoestima de sus hijos e hijas Educación: la tarea de educar es compleja pero no imposible, siempre y cuando lo hagamos con conciencia de nuestro rol y la gran responsabilidad que conlleva. Hay que educar sobre la […]

  • La autoestima empodera y fortalece la conciencia de niñas, niños y adolescentes
[doap_box title=»Consejos» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Estimule la autoestima de sus hijos e hijas

Educación: la tarea de educar es compleja pero no imposible, siempre y cuando lo hagamos con conciencia de nuestro rol y la gran responsabilidad que conlleva. Hay que educar sobre la base del amor, paciencia, comprensión, tolerancia y perseverancia.

Lectura: es una habilidad crucial a obtener en el inicio de los años escolares, leer adecuadamente está íntimamente ligado con la autoestima.

Retos: podemos decir que los dos retos para la autoestima en los años escolares son: primero, el rendimiento académico y, segundo, el ser exitoso en las relaciones con los grupos de amigos de la misma edad, ya sea individual o grupal. Así como también el ser competente dentro de una actividad deportiva o artística.

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En este mundo de adultos donde el poder nos unge de autoridad, construimos una visión bastante deficitaria con relación a las niñas y niños, los valoramos como seres inconscientes, carentes de juicio y responsabilidad. En ese sentido, directa e indirectamente los convertimos en marionetas.

Esta actitud sobrevalorada convierte a niñas y niños en sujetos de abandono, maltrato e irrespeto, dañando sensiblemente su integridad humana, dando como consecuencia seres inseguros, temerosos, sin confianza en sí mismos y en los que los rodean.

Cada una de esas situaciones vividas son formas de violencia que dejan huellas irreparables a lo largo de sus vidas. Es muy frecuente escuchar a niñas y niños, que quieren ser grandes, “yo quiero ser grande para hacer lo que quiero”, “yo quiero ser grande para tener mi carro e ir de paseo con mis amigos”.

Todo ello podemos interpretarlo simplemente como una fantasía infantil, no obstante nos refleja una necesidad de acercarse y modelar al adulto pero también de minusvalía, de “no poder”.

Aspiran a ser adultos, no por la condición misma sino por esa autonomía e independencia de alcanzar lo que quieren. En una terapia de juego con niñas y niños, me decían: “A los adultos nadie los regaña, no les pegan, no los castigan, etc.” Ese sentimiento surge por las actitudes de imponer y mandar irracionalmente.

Muy a menudo escuchamos a madres y padres decir a sus hijas e hijos: “Vos te callás, no sabés nada, aquí se hace lo que yo digo, si no hacés caso aquí esta la faja”, y los niños generalmente reaccionan diciendo: “escuchame, no me dejás hablar, no me grités”. Tales expresiones que realmente son justas, generan la cólera y disgustos de madres y padres, ejecutando actos de agresión, para según ellos, salvaguardar su autoridad, pasando por encima de la autoestima de sus hijos.

Debemos tener siempre presente que estamos frente a un ser humano, que siente, piensa y actúa, que tiene la capacidad desde muy temprano de almacenar en su memoria tanto las experiencias positivas como negativas. Educar con conciencia, significa: estar siempre alerta, “lo estoy haciendo bien o mal”, aceptar nuestros errores y abusos para nuestras hijas e hijos y tener la valentía y entereza de pedirles disculpas, lo cual fortalece, da confianza y seguridad a madre, padre, hijas e hijos.

Un niño o una niña es feliz cuando siente que es importante en el entorno en que vive, se siente amado, aceptado y valorado, base fundamental en la construcción de una buena autoestima.

La autoestima positiva está relacionada con afectos positivos como son el gozo, la confianza, el placer, el entusiasmo y el interés. La autoestima negativa conlleva a afectos negativos como el dolor, la angustia, la duda, la tristeza. Es el sentirse vacío, la inercia, la culpa y la vergüenza.

¿De dónde surge la autoestima?

Los primeros intercambios de afecto entre el recién nacido y su madre y las formas tempranas de cuidados físicos proporcionan una actividad placentera mutua, es decir, es el precursor de la autoestima.

El niño y la niña, en principio, deben encontrar ese valor de sí mismos en el amor, comprensión, protección y respeto de su madre y padre, en el espacio vital de la familia y de igual manera, en la escuela.

La autoestima es afectada constantemente por experiencias en el mundo externo. Los estudiosos postulan que debería existir un balance óptimo entre las necesidades de gratificación y las frustraciones realistas en la infancia. Para la formación de una estabilidad posterior en la regulación de la autoestima, la frustración óptima provee de una reserva de confianza en sí mismo y una autoestima básica que sostiene a la persona a través de la vida.

En el transcurso de su desarrollo, el niño va teniendo experiencias placenteras y satisfactorias y otras dolorosas y cargadas de ansiedad. El mantenimiento de la autoestima positiva depende de la exitosa integración de las imágenes de sí mismo, tanto positivas como negativas pero, por encima de esto, el sentirse valioso o valiosa es lo que le va a hacer más o menos impermeable a los errores, las fallas, las frustraciones y a la crítica externa.

*La autora es sicóloga clínica. Teléfono: 277-3643.

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