(FOTOS/LA PRENSA/B. PICADO)

“No me siento menos que Dávila en el short”

En forma casi sigilosa, Edgard López está construyendo una sólida carrera en el beisbol de Primera División, tanto así, que podría resistir ser comparado con cualquiera de los mejores torpederos que ha producido Nicaragua en su historia, sin embargo, asegura que ha carecido de reconocimiento por parte de la crítica deportiva Edgard López, shorstop de […]

  • En forma casi sigilosa, Edgard López está construyendo una sólida carrera en el beisbol de Primera División, tanto así, que podría resistir ser comparado con cualquiera de los mejores torpederos que ha producido Nicaragua en su historia, sin embargo, asegura que ha carecido de reconocimiento por parte de la crítica deportiva

Edgard López, shorstop de la selección nacional de beisbol

Al menos hasta sus 15 años, Edgard López estaba seguro que no sería jugador de beisbol. La insistencia de su mamá en los estudios lo tenía convencido de que su futuro sería menos arriesgado si pasaba por las aulas de clase en lugar de los campos de juego.

“Mi mundo era ir a la escuela y trabajar al campo. Pastoreaba unas vaquitas en la casa, arreglaba cercos y pensaba que sería tal vez un ingeniero, pero el beisbol no era una de mis prioridades”, recuerda Edgard.

Sin embargo un año después, es decir, a sus 16 años, estaba en los entrenamientos del Rivas, empujado por su hermano Adalid, para entonces un torpedero con experiencia incluso internacional, pues había ido con la Selección Nacional Juvenil a Kindersley, Canadá, al Mundial de 1984.

“Mi mamá se enojó con Adalid porque me llevó al Rivas. Ella sabía que iba a ser difícil que estudiara y jugara a la vez, al ver el ejemplo de Adalid. Pero llegué y de entrada me quedé en el equipo, que era manejado por Gustavo Quinado”, explica.

Desde aquel día de 1991, todo lo demás pasó a un segundo plano, mientras el beisbol se convertía en el centro de su atención y en su modo de subsistencia.

Dieciséis años después, cree haber tomado una buena decisión, mientras es respaldado por una sólida carrera que aguanta ser comparada con cualquiera de las mejores historias escritas por torpederos en nuestro país.

Jugaba desde los 10 años

n Llegaste al Rivas en 1991, pero ¿cuándo habías comenzado a jugar?

Comencé a los 10 años en mi comunidad, llamada Los Cerros, que queda muy cerca de Rivas, y es ahí donde nací. Jugaba en un equipo que se llamaba Frente Sur-Rivas, como el de la Primera División. Pero lo hacía como una recreación. No pensé que haría una carrera.

n En tu familia, ¿alguien había jugado, además de Adalid?

Sí. Primero fue mi papá, Domingo Antonio López. No fue un jugador reconocido, pero se defendía en el beisbol de patio. Lógicamente esa fue la primera influencia que tuve. Luego, todos mis hermanos, pero ellos habían estudiado y se habían preparado. Sin embargo, Adalid había optado por jugar y me impulsó a mí también.

n Además de ese impulso, ¿Adalid fue importante en tu desarrollo?

Sí, claro. Todo lo que aprendía en la Selección Juvenil o en el Rivas me lo enseñaba a mí. Me daba rolas y por cierto era bien jayán, porque yo le tenía miedo a la bola, y me daba unos batazos durísimos.

n Pero aprendiste bien, ¿no?

Parece que sí, porque una de mis principales virtudes es mi defensiva y, de manera general, creo que he llegado a ser un buen jugador .

n ¿Recordás el primer día en el Rivas?

Sí, ahí estaban todas las figuras del equipo como Adolfo Álvarez, Juan Cabrera, Martín Bojorge y Quinado. El primer día sólo llegué como a ver, pero me di cuenta que yo podía jugar ahí. Los chavalos no me lucieron tan buenos, y al día siguiente ya estaba en el terreno y fui el titular en la segunda base en esa campaña.

Se adaptó rápido

n ¿No fue difícil establecerte?

No. Quizá porque aparte de la ayuda que siempre me dio Adalid en la casa, yo siempre entrené duro y he jugado lo más duro que he podido. Hay gente que me dice que soy muy serio al jugar, pero es que uno juega para su equipo y para el público y tiene que respetarlo.

n ¿Cuándo te sentiste construido como jugador de primer orden?

En 1998 cuando fui con la Selección Nacional a Holanda, resulté el mejor jugador. Ahí me di cuenta que tenía un buen nivel y que era un asunto de trabajar duro para mantenerme ahí entre los mejores. Creo que lo he conseguido.

n Pero antes de Holanda, pasaste por los Bravos de Atlanta, ¿no?

Sí. Eso fue en 1995, cuando los Bravos me firmaron a través del scout Gil Garrido y un norteamericano que no recuerdo su nombre.

n ¿Quién te recomendó con Atlanta?

Nadie porque ellos venían a ver a Carlos Eduardo Holmann y yo estaba ahí en las prácticas. Así que me vieron ahí, les gusté y me firmaron. Me mandaron a West Palm Beach, Florida, y me consideraban un buen prospecto.

n ¿Por qué quedaste fuera de Atlanta?

Por errores o travesuras que uno comete como joven y los Bravos me castigaron, pero yo dejé eso atrás de mí y he tratado de llevar mi vida con decencia y mucho respeto a los demás. Me equivoqué y me dolió mucho quedar fuera de Atlanta.

n ¿Creés que tenías chance de llegar largo en el beisbol profesional?

Claro que sí. Los Bravos me consideraban un prospecto y yo miraba que entre los jóvenes que había en la organización, yo era uno de los que más brillaba. Así que pienso que hubiera llegado muy alto.

n ¿Qué tanto te ayudó pasar por los Bravos para ser el pelotero que sos hoy?

Mucho. Aprendí la técnica del juego y llegué a aprovechar todas las virtudes que tengo. Si esa experiencia no habría sido tan bueno.

Tan bueno como Dávila

n ¿Y qué tan bueno te sentís?

Me siento tan bueno como cualquiera de los mejores shortstops que han habido aquí. Ustedes mismos han reconocido mi talento.

n Pero aquí ha habido buenos shortstops como Rigo Mena, César Jarquín y Bayardo Dávila…

Yo sé, pero no me siento menos que ninguno. Yo no vi jugar a don Rigo ni a César, pero a ellos los comparan con Bayardo, y yo no me siento menos que Dávila. Es más, creo que lo supero en algunos aspectos.

n ¿Cómo cuáles?

Tengo mejor técnica para jugar que Dávila y he jugado con más entusiasmo que él. Bayardo a veces ni corre con rolas al cuadro. Ahora, ahí están mis números, he sido un bateador consistente. Lo único que me ha faltado es que ustedes me reconozcan como uno de los mejores shortstops que ha habido.

n ¿Cuál creés es tu principal mérito?

No tengo pena decirlo porque así lo ha reconocido el periodismo, pero yo soy un jugador completo. Yo no sólo he sido un buen short, aquí me han reconocido como el mejor jugador del país, así que mi principal mérito es ser un pelotero integral.

n ¿Cuál es la actuación que más te llena de orgullo?

He sido el mejor jugador en Series Finales, he ganado guantes de oro con la Selección Nacional, he bateado donde he ido, y en muchas ocasiones los scouts han dicho que soy el jugador que más le gusta de la Selección. Muchos podrán decir que es feo que yo digo esto, pero es así. Ustedes mismos son testigos de mi carrera y saben que siempre he jugado lo más duro que he podido.

Es cierto.

Edgard, el estudiante eterno

Edgard López sonríe cuando se le habla de sus estudios. Sabe que muchos comentan de sus clases en un tono de sorna porque aún no culmina una carrera, pese a que ha iniciado varias en la universidad

“Es fácil decir, Edgard López sólo dice que está estudiando y nunca se gradúa, pero no echan de ver lo difícil que es estudiar y jugar con la Selección”, se excusa el brillante torpedero sureño.

Primero comenzó a estudiar Odontología en León. Llegó a segundo año. Pero luego se pasó a la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Americana durante tres años. Ahora está en American College y afirma que el próximo año será un profesional.

“A pesar de todo, creo que he perseverado en mi intención de coronar una carrera. Ese es uno de mis sueños y lo voy a conseguir. A mediados del próximo año debo terminar”, promete.

López nació hace 32 años en Los Cerros, Rivas, de un matrimonio compuesto por don Domingo Antonio López (94 años) y doña María Efigenia Espinoza (77). Tiene seis hermanos y un niño de 9 años que lleva su mismo nombre.

“Aún no me he casado porque quiero concluir mi carrera para pensar en un hogar estable. Un matrimonio requiere tiempo y en este momento no lo tengo”, explica el jugador.

Edgard ha indicado que tras concluir su carrera en la universidad, planea poner un negocio en Rivas y dedicarse a su hogar, mientras da los toques finales a su formidable carrera en el beisbol.

Yanquis le dieron nuevo chance

Después de registrar un tremendo comportamiento en el Premundial de Panamá en el año 2000, los Yanquis le dieron un nuevo chance a López a través del director de operaciones en América Latina, Carlos Ríos, quien lo había entrenado en su experiencia con los Bravos.

“Ríos había sido mi coach en las Menores y me dijo que si lucía bien, me volvería a dar una oportunidad. Me mandó a Tampa, donde tenía como compañero de cuarto al cubano Andy Morales, pero al final se concluyó que había muchos infielders y yo con 26 años no era muy atractivo, así que quedé fuera”, explica López.

Sin embargo, regresó al país para seguir brillando con la Selección Nacional y con todos los equipos en los que ha militado en Nicaragua, tanto en Primera División como en la Liga Profesional.

Además de brillar en el campo de juego, López ciertamente ha sabido llevar su vida distante de complicaciones y quizá sólo le falte reconocimiento.

“Yo siento un gran agradecimiento por mi familia, por la forma cómo me educaron, por el respaldo que siempre me han dado y gran parte de lo que soy se lo debo a Adalid”, reconoce.

El reclamo de López de ser insertado entre los mejores en el shortstops es realmente una solicitud bien fundamentada. A estas alturas, aguanta ser comparado con cualquiera de los mejores.

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