Santísima Trinidad

Sacerdote Católico Celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. El Papa Benedicto XVI ha dicho: “Gracias al Espíritu Santo, que ayuda a comprender las palabras de Jesús y guía a la verdad completa (cf. Jn 14, 26; 16, 13), los creyentes pueden conocer, por decirlo así, la intimidad de Dios mismo, descubriendo que él no […]

Sacerdote Católico

Celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. El Papa Benedicto XVI ha dicho: “Gracias al Espíritu Santo, que ayuda a comprender las palabras de Jesús y guía a la verdad completa (cf. Jn 14, 26; 16, 13), los creyentes pueden conocer, por decirlo así, la intimidad de Dios mismo, descubriendo que él no es soledad infinita, sino comunión de luz y de amor, vida dada y recibida en un diálogo eterno entre el Padre y el Hijo en el Espíritu Santo, como dice san Agustín, Amante, Amado y Amor”.

La revelación bíblica del Nuevo Testamento nos habla de un Dios Trino, Padre, Hijo y Espiritu Santo. Esto es algo que para el sentido común, la filosofia y otras religiones resulta incomprensible, contradictorio y absurdo, cómo un solo Dios puede manifestarse de tres formas personales distintas, sin perder su unidad.

Según el dogma católico definido en el concilio de Nicea-Constantinopla, las tres personas de la Trinidad son realmente distintas pero son un solo Dios verdadero. Esto es algo posible de formular, pero inaccesible a la razón humana, por lo que se le considera un misterio de fe.

Nos revela un gran secreto: el misterio de Dios, su identidad íntima y profunda que sobrepasa cualquier pensamiento que podamos tener y que solamente debemos adorar.

Es más fácil pensar en un Dios solitario, como en el judaísmo o en el islamismo, o en un politeísmo, como en las religiones hinduistas, o la extinta religión greco-romana.

Sin embargo, la revelación es clara. El Padre Creador, el Hijo Redentor, y el Espíritu Santo, santificador, son la divinidad, que nos revelan las Sagradas Escrituras.

Más allá de cualquier consideración filosófica o metafísica sobre Dios, hay que rescatar una dimensión bella, que nos sugiere el misterio de la Trinidad: Dios no está solo. Dios es comunidad. Y tiene una comunidad que respeta el principio de la unidad y de la dignidad porque la dogmática católica nos dice que son tres personas iguales en dignidad, pero diferentes en procedencia, de tal modo que la Trinidad, se convierte en modelo de la comunidad humana, donde se debe respetar la dignidad de todos y entender las diferencias.

La Iglesia ha de configurarse de acuerdo a lo que es la Santísima Trinidad, una comunidad que respeta la dignidad de sus miembros y mantiene la unidad y ser faro para la humanidad, donde desaparezca todo tipo de intolerancia y represión en cualquiera de sus modalidades.

Los gobernantes de las naciones, cuya misión es precisamente respetar las constituciones de sus países, que en sus principios y fundamentos defienden los derechos humanos, están llamados a velar por la dignidad de las personas.

Todos, en conjunto, debemos aprender a vivir en una comunidad. Que es común-unidad, sin vencedores ni vencidos, sin opresores ni oprimidos, sin amos ni esclavos, sin explotadores ni explotados, sin demagogos ni indefensos consumidores de populismo.

Nadie que se diga cristiano puede estar violando los Derechos Humanos, la dignidad de las personas, las libertades individuales y colectivas, entre ellas, la libertad de expresión, porque estaría borrando con los pies lo que supuestamente construye con las manos.

Un país en donde no se cumplen las leyes, o están a merced de manipuladores, es un país en donde no se puede vivir una auténtica comunidad de vida en dignidad y en libertad.

Tengamos la fe y la confianza en la Santísima Trinidad que con valentía podemos defender nuestra dignidad y la de los demás.

Religión y Fe

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