El color es una pieza clave en la decoración de interiores, con él podemos lograr efectos visuales. Saber manejarlo implica dominar las diferentes gamas y tonalidades, ya que si se utiliza incorrectamente, afecta el ambiente decorado. A continuación les damos algunas claves:
Colores claros: con ellos las habitaciones visualmente parecen aireadas, los espacios pequeños parecen más grandes y los techos más altos. Reflejan ligereza. Un truco es aclarar las zonas más oscuras de la casa y para minimizar el efecto de luz en las paredes use los tapices texturizados. Son una buena opción para cuartos que tienen alfombras oscuras o muebles de madera.
Colores oscuros: Crean espacios íntimos, absorben la luz y las paredes lucen más cerca. Crean un ambiente relajado en cuartos grandes, como estudios, oficinas de casa y comedores formales. También son excelentes para camuflar defectos, como paredes demasiado altas o desiguales. Además son los compañeros ideales para los colores claros de las alfombras, mobiliario y accesorios.
Colores fríos: Azules, verdes, púrpuras y grises. Los intensos crean dramatismo, mientras los tonos suaves crean la ilusión de espacios más amplios. Son una opción para cuartos, baños y áreas donde el calor es frecuente, porque refrescan el ambiente.
Colores cálidos: Rojos, ocres, naranjas y melocotones. En tonalidades intensas crean drama y excitación, mientras los suaves crean espacios cálidos y confortables.