¿Por qué no somos misioneros?

“La decisión, por tanto, de realizar una Conferencia esencialmente misionera, refleja la preocupación del episcopado, y no menos mía, de buscar caminos adecuados para que, en Jesucristo, “nuestros pueblos tengan vida, como reza el tema de la Conferencia”. (Benedicto XVI) Hace algunas décadas un famoso convertido se lamentaba, con mucha pena, de no haber encontrado […]

“La decisión, por tanto, de realizar una Conferencia esencialmente misionera, refleja la preocupación del episcopado, y no menos mía, de buscar caminos adecuados para que, en Jesucristo, “nuestros pueblos tengan vida, como reza el tema de la Conferencia”.

(Benedicto XVI)

Hace algunas décadas un famoso convertido se lamentaba, con mucha pena, de no haber encontrado en sus muchos años de oscuridad espiritual ningún católico que le hablara de Cristo y lo condujera hacia Él.

¿Cómo fue que este hombre encontró a Cristo y se integró a la Iglesia católica posteriormente? Francamente, no lo sabemos. Pero sí conocemos casos impresionantes de personas que ahora son grandes apóstoles y misioneros, después de que por la gracia de Dios, porque un día de tanto un cristiano católico le habló directo de nuestro Señor Jesucristo, o bien por el buen testimonio de una joven católica, de un amigo o amiga adulto en su fe, no sólo en años.

Para ser misioneros primero tenemos que ser discípulos. El discípulo es el que conoce a Jesús y porque lo conoce lo ama. ¿Cómo? A través de la Palabra, de la oración, de la vida sacramental. El discípulo es aquel que está a los pies del Maestro, permanece con Él, es el hombre o la mujer de la experiencia de Dios. Son los discípulos, los que conocen a Jesús, los profundamente “enamorados” de Él quienes están poseídos de celo apostólico, los capaces de remar mar adentro, de apuntarse y lanzarse a la aventura de la misión.

Conocemos personalmente a jóvenes laicos que generosamente han renunciado a proseguir por algún tiempo sus estudios universitarios, que han suspendido su carrera para misionar. Pero, en casa, en su oficina, en el lugar donde se encuentre, usted puede ser misionero de Cristo… sin ir tan lejos, San Andrés habló de Cristo a Simón, sin jamás sospechar que estaba frente al primer Vicario del Señor sobre la Tierra. Sólo Dios sabe si ese a quien usted habla de Él hoy, será un gran Santo el día de mañana.

Religión y Fe

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