- Ola de reacciones a palabras sobre evangelización y conquista
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La afirmación del Papa Benedicto XVI de que la fe cristiana entró sin ser impuesta por la espada en América fue rebatida el lunes por responsables políticos, religiosos e indígenas.
“En el período colonial, la Iglesia no estaba separada del Estado, era la cruz y la espada, y cuando llegaron los europeos (los pueblos americanos) enfrentaron una acción impositiva de tipo militar, cultural y religiosa”, dijo Marcio Meira, presidente de la Fundación Nacional del Indígena (Funai) de Brasil, un organismo gubernamental, en declaraciones a la AFP.
“La invasión imperial trajo el genocidio más grande de América Latina”, proclamó la ministra venezolana de los pueblos indígenas, Nicia Maldonado.
“El Papa fue muy arrogante”, acusó el director de la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña (Coiab), Gesinaldo Sateré Mawé. “La historia muestra que la evangelización fue una estrategia de la colonización, que diezmó a varios pueblos indígenas”, agregó.
“Como pueblos indígenas, si bien somos creyentes, no podemos aceptar que la Iglesia pretenda negar su responsabilidad en la aniquilación de nuestra identidad y de nuestra cultura”, afirmó el director de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), Luis Evelis Andrade.
En Bolivia, Mauricio Arias, Supremo Líder (Apu Mallku, en aymara) del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyo (Conamaq), expresó que “la religión católica ha sido impuesta (…) por encima de nuestras creencias y nuestra religión”.
El historiador Waldir Rampinelli, de la Universidad Federal de Santa Catarina (sur de Brasil), le dijo al portal G-1, del grupo Globo, que el Papa “debería leer a Bartolomé de las Casas”, el cura dominico español que en el siglo XVI denunció las atrocidades cometidas por los conquistadores de América, en nombre de la fe.
Al inaugurar el domingo la V asamblea de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam), el Papa sostuvo que “el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña”.
“Cristo era el Salvador que anhelaban (los indígenas de América) silenciosamente”, afirmó Benedicto XVI.