Los dos rostros de Jesucristo

“Señor Jesucristo, camino, verdad y vida, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre enciende en nuestros corazones el amor al Padre que está en el cielo y la alegría de ser cristianos”. (Benedicto XVI) ¿Le gusta a usted estudiar a Jesucristo? Es decir, analizarlo, profundizar su persona, interiorizar su mensaje, en fin, encontrarse […]

“Señor Jesucristo, camino, verdad y vida, rostro humano de Dios y rostro divino del hombre enciende en nuestros corazones el amor al Padre que está en el cielo y la alegría de ser cristianos”.

(Benedicto XVI)

¿Le gusta a usted estudiar a Jesucristo? Es decir, analizarlo, profundizar su persona, interiorizar su mensaje, en fin, encontrarse con Él.

Encontrarse con Cristo significa descubrir el rostro humano de Dios. El hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo a todo hombre. “Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre”, subraya con magnífica precisión el Concilio Vaticano 11.

Jesús se nos presenta en los Evangelios profundamente compasivo y misericordioso, sensible a todo dolor, a todo problema espiritual, moral y físico, a cualquier situación que afecta al hombre, que tenga que ver con la dignidad y la necesidad de éste. Jesús con su comportamiento, identificándose con los hombres y mujeres de su tiempo, con su manera de amar, está mostrando el rostro humano de Dios, lo mismo que con su manera de trabajar, de pensar y de actuar. El Padre nos ama y el amor del Padre nos lo vino a revelar Jesús al amarnos hasta el extremo. Jesucristo “es imagen de Dios invisible”, destaca San Pablo.

Encontrarse con Cristo significa descubrir el rostro divino del hombre. El rostro divino del hombre se descubre en quien está lleno de la gracia, la vida y la amistad de Dios y lo refleja en su relación con los demás, la persona que en su manera de pensar, de actuar y de trabajar, en su modo de amar, hace presente a Cristo, lo recuerda, lo actualiza… porque se parece a Él.

Al seguir a Cristo como nuestro camino, al profesarlo como nuestra verdad y al vivirlo como nuestra vida, experimentaremos un entrañable amor al Padre y al mismo tiempo la alegría de ser cristianos, descubriremos nuestra propia identidad humana y cristiana y los demás descubrirán en nosotros los dos rostros de Cristo: el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre.

Religión y Fe

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí