Palabras de María

Sacerdote católico La Virgen María tiene un papel imprescindible en la historia de salvación. La doncella de Nazareth aparece como la israelita orante y siempre esperanzada en las promesas del Señor. En diversas ocasiones aparece la Virgen, en la Sagrada Escritura, pero solamente en siete, de sus labios brotan frases que son un tesoro maravilloso. […]

Sacerdote católico

La Virgen María tiene un papel imprescindible en la historia de salvación. La doncella de Nazareth aparece como la israelita orante y siempre esperanzada en las promesas del Señor.

En diversas ocasiones aparece la Virgen, en la Sagrada Escritura, pero solamente en siete, de sus labios brotan frases que son un tesoro maravilloso.

Primera Palabra. De la fe. Cuando el mensajero de Dios, el arcángel Gabriel, le lleva la noticia que será la Madre del Salvador, que le pondrá por nombre Jesús, ella contesta: “¿Cómo será esto puesto que no conozco varón? (Lucas 1,34).

Segunda. De la obediencia. Su respuesta es lógica, puesto que ella había consagrado su virginidad a Dios, en un tiempo, en que las doncellas de Israel, esperaban que sus vientres fueran cuna del Mesías prometido. Es por esto que el Arcángel le explica que lo que va a nacer de ella será por designios de Dios, por el poder del Espíritu Santo. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1, 38).

Tercera: De la paz. El Arcángel le dice a María, que para Dios no hay nada imposible y que su prima Isabel, la que vive en las montañas de Judea, quien ya no está en edad de concebir, tiene seis meses de embarazo. María va a servir a su prima Isabel, sabiendo que es en el servicio al necesitado donde se manifiesta la voluntad de Dios. Va de visita la Virgen bella, cuál custodia primorosa, llevando en su vientre santísimo al Hijo de Dios, a Dios mismo encarnado. Cuando llega donde Isabel, la saluda. La paz de Dios esté con ustedes. “Lucas 1,40). Maravilloso encuentro entre aquellas dos mujeres de Dios, y sobre todo, cuando salta de gozo en las entrañas de Isabel, Juan el Bautista, ante la presencia de Jesús, en el vientre de María. Isabel llena del Espíritu Santo exclama bendiciones al Creador.

Cuarta. De la alabanza. Al escuchar María las expresiones de bendición de Isabel, el Espíritu Santo habla por su boca y ella profetiza cantando el Magnificat, que resume la historia del pueblo de Israel y los prodigios que Dios realiza. (Lucas 1, 46).

Quinta. De la búsqueda. Como todos los años, José y María iban a celebrar la pascua a Jerusalén y al volver a Nazareth se dan cuenta que el niño Jesús no ha regresado con ellos. Vuelven y lo encuentran en medio de los maestros en el templo que estaban estupefactos, escuchándolo. María le dice: “Hijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando” (Lucas 2,48).

Sexta. De intercesión. Al ver que se acabó el vino en la boda, María intercede ante su Hijo. Ella es la intercesora, que pide permanentemente por todos, para que el vino, que es símbolo del Espíritu Santo, no falte en nuestras vidas.

“No tienen vino” (Juan 2, 3).

Séptima. Testamento. Aunque no había llegado la hora de Jesús, realiza el primer milagro a petición de su Madre Purísima, y es ella la que nos deja una bella frase, como un legado de amor, que debemos cumplir. “Haced lo que Él os diga” (Juan 2,5).

En este día en que reunidos en la quinta conferencia de los obispos de América Latina y el Caribe, con la presencia del Santo Padre Benedicto XVI en Brasil, te rogamos, oh Señora, sigas orando y bendiciendo a este continente mariano que te ama.

Religión y Fe

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