- Año con año miles de maestros salen a las calles para exigir mejores salarios y condiciones de trabajo. Exigencias genuinas que, sin embargo, los líderes sindicales utilizan con fines políticos mientras mantienen divido al gremio. Debilidad que los gobiernos aprovechan para manejar las negociaciones a su antojo. Sin un acuerdo entre sindicatos, el gremio no avanzará, afirma un experto
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Hortensia Urbina Ortega lleva 23 años impartiendo clases de Español, 20 de ellos en el Instituto República de Austria, de la capital. Trabaja de 7 a 12 de la mañana, con grupos de hasta 65 alumnos. En las últimas semanas ha comenzado a padecer problemas en la garganta, producto del constante contacto con el polvo de la tiza. Sus superiores le han dicho que se tome un descanso, pero ella replica que necesita su salario de 3 mil 700 córdobas mensuales “para sobrevivir”.
“No tenemos lo necesario para dar clases con excelencia, y el salario no me da para comprar material docente. Trabajamos horas extras para sacar más dinero, pero terminamos el mes ajustados, y a veces no da; tengo que complementar con el salario de mi esposo”, dice esta maestra de 46 años.
Según Urbina, mil 500 córdobas de su salario van directamente para la compra de alimentos para su familia, el resto lo ocupa en gastos personales y para su hija de 19 años, que estudia Letras en la UNAN-Managua.
Urbina dice que los principales problemas que sufren los maestros del sistema público de educación son los bajos salarios, la falta de recursos para enseñar y las pocas oportunidades que tienen para prepararse. Puntos básicos que garantiza cualquier sindicato, pero ella dice que no forma parte de ninguno, porque “están inclinados a los partidos políticos”.
Igual que ella está el 30 por ciento de los 39 mil maestros que conforman el magisterio, que no se han afiliado a ninguno de los dos grandes sindicatos de maestros: la Asociación Nacional de Educadores (ANDEN) y la Unidad Sindical Magisterial.
ANTAGONISMO SINDICAL
Ambas organizaciones sindicales son antagónicas y de definida postura partidaria: ANDEN se decanta por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y la Unidad Sindical es de marcada inclinación liberal. El líder de ANDEN, José Antonio Zepeda, es diputado suplente sandinista.
Ese antagonismo político caracteriza la lucha de estos sindicatos, que debido a sus diferencias difícilmente se ponen de acuerdo a la hora de hacer exigencias al Gobierno para mejorar las condiciones de los maestros.
Esta escisión es un punto a favor para el Ejecutivo, que utiliza esa dificultad para hacer cambios sin el consenso del magisterio, explica Rafael Lucio Gil, coordinador académico del Instituto de Educación de la UCA (IDEUCA).
Los sindicatos magisteriales funcionan como los partidos políticos del país: dicen representar a las bases, pero toman decisiones arbitrarias; utilizan las demandas de los maestros como trampolín político y pierden tiempo desprestigiándose unos a otros, haciendo más débil el movimiento.
“Los sindicatos defienden al Gobierno porque les conviene, pero no se ponen de frente a las bases, a la par del maestro, para hacer cosas que nos beneficien”, dice la profesora Urbina.
Gil comparte esta opinión. Según el experto, el movimiento magisterial del país está divido por razones políticas, por lo que no representan una verdadera fuerza para hacer planteamientos que beneficien tanto a los maestros, como al sistema educativo del país.
Los sindicatos hasta esconden el verdadero número de miembros con los que cuentan para no verse débiles frente a los demás. Si le pregunta a los líderes de ANDEN, éstos dicen que los apoyan 18 mil maestros. Mientras que los de la Unidad Sindical hablan de un promedio de 12 mil. Lo cierto es que un 30 por ciento del magisterio no se decanta por ninguna de las dos fuerzas.
LUCHA POLÍTICA
El despacho de José Antonio Zepeda es un cuarto amplio, sin adornos ni muebles lujosos. Un viejo escritorio, custodiado por la imagen de Sandino que cuelga de la pared, sirve como centro de trabajo al dirigente sindical. El edificio de ANDEN está en remodelación y el ruido de martillos, sierras y otras herramientas de construcción marcan esta mañana.
Zepeda habla sin muchas gesticulaciones y marca bien sus palabras. Escabulle la pregunta sobre la politización de su sindicato, explicando que el movimiento magisterial es “efectivamente” político.
“La lucha de los maestros ha sido política porque nos hemos opuesto a decisiones del Gobierno que van en contra de los intereses de los trabajadores, en contra de la educación misma. Es una lucha permanente, hasta que la sociedad pueda tomar como referente que la educación es un tema necesario para alcanzar el desarrollo”, afirma.
Pero su discurso no termina de convencer a la profesora Urbina. Para ella, Zepeda “no tiene una personalidad firme” y lo acusa de pasar de oponerse a las decisiones de los tres últimos gobiernos, “a decir está bien a todo, sin importarle las necesidades de los maestros”.
Zepeda se defiende de estas acusaciones y dice que con la administración que dirige el presidente Daniel Ortega “vamos a hacer como hemos hecho con los demás gobiernos: críticos constructivos, buscando la negociación, mejoras para los educadores; pero si tenemos que ir a las calles, vamos a las calles”.
ACUERDOS EN DESACUERDO
Pero si bien ANDEN se ha logrado conformar como un bloque sindical fuerte, la Unidad Magisterial sufre de divisiones internas, que la debilitan aún más. Esta división quedó clara a inicios de la semana, cuando el Gobierno pactó con los sindicatos la entrega de 206.6 millones de córdobas para aumento salarial. Los dirigentes de ANDEN firmaron sin problemas, pero por parte de la Unidad Sindical sólo rubricaron el acuerdo 2 de sus 11 representantes, que llamaron traidores a los firmantes.
La Unidad Sindical ha sido un movimiento que en protestas anteriores prácticamente no se hacía notar. En esas ocasiones jugaba un papel de beneplácito con los gobiernos de turno, que lo tenían a su favor.
Ahora son oposición, y el mismo ministro de Educación, Miguel De Castilla, así lo ha dejado claro: les quitó las oficinas que por años habían regentado en el complejo del Mined, desterrándolos hasta una cafetería cercana donde pasan discutiendo sus “estrategias” de cara a las negociaciones con el Gobierno.
José Siero, uno de los líderes de la Unidad Sindical, dice que en esos acuerdos, parte de los líderes se “libretearon” y ahora no les queda más que aceptar lo pactado, pero que trabajan en la formación de una “gran unidad sindical” de cara a las negociaciones salariales para el próximo año.
“Estamos divididos y tenemos estatutos que no se cumplieron, pero hemos pensado en reorganizarnos para limar asperezas y superar la crisis”, dice Siero.
Para el catedrático Rafael Lucio Gil, lograr la unidad no será tan fácil. Él explica que los maestros deben optar por un liderazgo que interprete el sentir de las bases y canalice las necesidades de todo el sector educación.
Agregó que los sindicatos deben dejar posiciones partidarias y someterse a una “reingeniería” que los haga más abiertos y democráticos, para lograr una mayor credibilidad por parte de los maestros. De lo contrario, una gran parte del magisterio seguirá sin identificarse con ellos ni responderá a los llamados que les hagan a la hora de exigir al Gobierno de turno, como es el caso de la profesora Urbina.