La profesora Hortensia Urbina tiene 23 años de impartir clases de español. Dice no pertenecer a ningún gremio sindical porque éstos no representan los verdaderos intereses de los maestros. (LA PRENSA/ O. VALENZUELA)

Maestros atrapados por sindicatos políticos

Año con año miles de maestros salen a las calles para exigir mejores salarios y condiciones de trabajo. Exigencias genuinas que, sin embargo, los líderes sindicales utilizan con fines políticos mientras mantienen divido al gremio. Debilidad que los gobiernos aprovechan para manejar las negociaciones a su antojo. Sin un acuerdo entre sindicatos, el gremio no […]

  • Año con año miles de maestros salen a las calles para exigir mejores salarios y condiciones de trabajo. Exigencias genuinas que, sin embargo, los líderes sindicales utilizan con fines políticos mientras mantienen divido al gremio. Debilidad que los gobiernos aprovechan para manejar las negociaciones a su antojo. Sin un acuerdo entre sindicatos, el gremio no avanzará, afirma un experto
[doap_box title=»Centralización» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La profesora Hortensia Urbina no está de acuerdo con la centralización promovida por el Gobierno, y que ha simbolizado con la erradicación de la Autonomía Escolar, el sistema imperante por más de una década. Urbina dice que los maestros salen perdiendo con esa centralización:

“La centralización no es buena. Ahora no quieren que pidamos nada. Los cambios nos han afectado. El colegio se mejoró con el aporte que daban los padres y nosotros ganábamos mejor el año pasado porque recibíamos 800 córdobas de incentivos”.

”Nosotros teníamos uniformes, nos daban hasta cinco, y cada año se cambiaban. Ahora tememos que eso no pase. Y el último aumento (salarial) que hicieron no llena nuestras necesidades”.

La maestra Urbina, sin embargo, acepta que la centralización de la educación beneficia a los estudiantes, quienes ahora tienen mayores posibilidades para acceder a la educación pública.

La misma opinión comparte Marcos Zelaya, subdirector del Instituto República de Austria, quien a diferencia de Urbina apoya los cambios impulsados por la nueva administración, que los cataloga como un “gran avance” de las últimas décadas.

Divide y vencerás

Para el catedrático de la Universidad Centroamericana (UCA), Rafael Lucio Gil, la división de los sindicatos magisteriales afecta principalmente a los docentes, porque esa división crea un movimiento más débil a la hora de negociar aumentos salariales y mejoras en las condiciones laborales.

El experto afirma que los maestros han tenido “excesiva paciencia” esperando las respuestas de los gobiernos a sus exigencias, por lo que necesitan “con urgencia” un movimiento que los reúna a todos de cara a mejorar el sistema educativo del país.

Gil es miembro del programa IDEUCA, una iniciativa que reúne a catedráticos, investigadores y expertos en tema de comunicación, y que trabaja en la formulación de modelos educativos que incidan en las políticas gubernamentales.

Gil sugiere que los maestros opten por un nuevo liderazgo sindical fuera de influencias partidarias, porque precisamente las divisiones del gremio han sido utilizadas por los gobiernos de turno para imponer cambios en el sistema educativo sin ser consensuados con el gremio.

Para el experto, este nuevo liderazgo debe ser “moral, ético, de compromiso, de transparencia y que une y no fraccione” a los maestros. La unidad, agrega, será la clave del éxito en las demandas de los maestros, pero para lograrlo los sindicatos deben permitir una mayor apertura y debate con sus bases.

Gil está de acuerdo en la formación de una gran unidad sindical, pero con líderes que no respondan a intereses políticos ni partidarios, sino que “interpreten el sentir de los maestros”.

“Los sindicatos deben someterse a una reingeniería adecuada, si no se convierten en un obstáculo para un auténtico cambio educativo. Si el liderazgo no interpreta las necesidades de los maestros, se pierde tiempo en el avance de la educación”, afirma.

“La de los maestros es una lucha legítima, necesaria y urgente, porque la educación no puede esperar (…) El derecho a la educación no se puede sinterizar al ingreso de niños a la escuela. Tiene que pasar por el logro de los derechos de los maestros”, explica Gil.

El experto dice que el Gobierno juega un papel importante en el proceso, porque debe de comportarse de manera más democrática e incluir a todos los sectores a la hora de tomar decisiones que afecten al sistema educativo.

[/doap_box]

Gil dice “tener la esperanza” de un cambio en el sector con la nueva administración y afirma que el ministro De Castilla, quien perteneció al mismo equipo de trabajo de Gil en la UCA, tiene la “obsesión” de superar las malas condiciones que afectan a los maestros.

Estancados

Hortensia Urbina Ortega lleva 23 años impartiendo clases de Español, 20 de ellos en el Instituto República de Austria, de la capital. Trabaja de 7 a 12 de la mañana, con grupos de hasta 65 alumnos. En las últimas semanas ha comenzado a padecer problemas en la garganta, producto del constante contacto con el polvo de la tiza. Sus superiores le han dicho que se tome un descanso, pero ella replica que necesita su salario de 3 mil 700 córdobas mensuales “para sobrevivir”.

“No tenemos lo necesario para dar clases con excelencia, y el salario no me da para comprar material docente. Trabajamos horas extras para sacar más dinero, pero terminamos el mes ajustados, y a veces no da; tengo que complementar con el salario de mi esposo”, dice esta maestra de 46 años.

Según Urbina, mil 500 córdobas de su salario van directamente para la compra de alimentos para su familia, el resto lo ocupa en gastos personales y para su hija de 19 años, que estudia Letras en la UNAN-Managua.

Urbina dice que los principales problemas que sufren los maestros del sistema público de educación son los bajos salarios, la falta de recursos para enseñar y las pocas oportunidades que tienen para prepararse. Puntos básicos que garantiza cualquier sindicato, pero ella dice que no forma parte de ninguno, porque “están inclinados a los partidos políticos”.

Igual que ella está el 30 por ciento de los 39 mil maestros que conforman el magisterio, que no se han afiliado a ninguno de los dos grandes sindicatos de maestros: la Asociación Nacional de Educadores (ANDEN) y la Unidad Sindical Magisterial.

ANTAGONISMO SINDICAL

Ambas organizaciones sindicales son antagónicas y de definida postura partidaria: ANDEN se decanta por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y la Unidad Sindical es de marcada inclinación liberal. El líder de ANDEN, José Antonio Zepeda, es diputado suplente sandinista.

Ese antagonismo político caracteriza la lucha de estos sindicatos, que debido a sus diferencias difícilmente se ponen de acuerdo a la hora de hacer exigencias al Gobierno para mejorar las condiciones de los maestros.

Esta escisión es un punto a favor para el Ejecutivo, que utiliza esa dificultad para hacer cambios sin el consenso del magisterio, explica Rafael Lucio Gil, coordinador académico del Instituto de Educación de la UCA (IDEUCA).

Los sindicatos magisteriales funcionan como los partidos políticos del país: dicen representar a las bases, pero toman decisiones arbitrarias; utilizan las demandas de los maestros como trampolín político y pierden tiempo desprestigiándose unos a otros, haciendo más débil el movimiento.

“Los sindicatos defienden al Gobierno porque les conviene, pero no se ponen de frente a las bases, a la par del maestro, para hacer cosas que nos beneficien”, dice la profesora Urbina.

Gil comparte esta opinión. Según el experto, el movimiento magisterial del país está divido por razones políticas, por lo que no representan una verdadera fuerza para hacer planteamientos que beneficien tanto a los maestros, como al sistema educativo del país.

Los sindicatos hasta esconden el verdadero número de miembros con los que cuentan para no verse débiles frente a los demás. Si le pregunta a los líderes de ANDEN, éstos dicen que los apoyan 18 mil maestros. Mientras que los de la Unidad Sindical hablan de un promedio de 12 mil. Lo cierto es que un 30 por ciento del magisterio no se decanta por ninguna de las dos fuerzas.

LUCHA POLÍTICA

El despacho de José Antonio Zepeda es un cuarto amplio, sin adornos ni muebles lujosos. Un viejo escritorio, custodiado por la imagen de Sandino que cuelga de la pared, sirve como centro de trabajo al dirigente sindical. El edificio de ANDEN está en remodelación y el ruido de martillos, sierras y otras herramientas de construcción marcan esta mañana.

Zepeda habla sin muchas gesticulaciones y marca bien sus palabras. Escabulle la pregunta sobre la politización de su sindicato, explicando que el movimiento magisterial es “efectivamente” político.

“La lucha de los maestros ha sido política porque nos hemos opuesto a decisiones del Gobierno que van en contra de los intereses de los trabajadores, en contra de la educación misma. Es una lucha permanente, hasta que la sociedad pueda tomar como referente que la educación es un tema necesario para alcanzar el desarrollo”, afirma.

Pero su discurso no termina de convencer a la profesora Urbina. Para ella, Zepeda “no tiene una personalidad firme” y lo acusa de pasar de oponerse a las decisiones de los tres últimos gobiernos, “a decir está bien a todo, sin importarle las necesidades de los maestros”.

Zepeda se defiende de estas acusaciones y dice que con la administración que dirige el presidente Daniel Ortega “vamos a hacer como hemos hecho con los demás gobiernos: críticos constructivos, buscando la negociación, mejoras para los educadores; pero si tenemos que ir a las calles, vamos a las calles”.

ACUERDOS EN DESACUERDO

Pero si bien ANDEN se ha logrado conformar como un bloque sindical fuerte, la Unidad Magisterial sufre de divisiones internas, que la debilitan aún más. Esta división quedó clara a inicios de la semana, cuando el Gobierno pactó con los sindicatos la entrega de 206.6 millones de córdobas para aumento salarial. Los dirigentes de ANDEN firmaron sin problemas, pero por parte de la Unidad Sindical sólo rubricaron el acuerdo 2 de sus 11 representantes, que llamaron traidores a los firmantes.

La Unidad Sindical ha sido un movimiento que en protestas anteriores prácticamente no se hacía notar. En esas ocasiones jugaba un papel de beneplácito con los gobiernos de turno, que lo tenían a su favor.

Ahora son oposición, y el mismo ministro de Educación, Miguel De Castilla, así lo ha dejado claro: les quitó las oficinas que por años habían regentado en el complejo del Mined, desterrándolos hasta una cafetería cercana donde pasan discutiendo sus “estrategias” de cara a las negociaciones con el Gobierno.

José Siero, uno de los líderes de la Unidad Sindical, dice que en esos acuerdos, parte de los líderes se “libretearon” y ahora no les queda más que aceptar lo pactado, pero que trabajan en la formación de una “gran unidad sindical” de cara a las negociaciones salariales para el próximo año.

“Estamos divididos y tenemos estatutos que no se cumplieron, pero hemos pensado en reorganizarnos para limar asperezas y superar la crisis”, dice Siero.

Para el catedrático Rafael Lucio Gil, lograr la unidad no será tan fácil. Él explica que los maestros deben optar por un liderazgo que interprete el sentir de las bases y canalice las necesidades de todo el sector educación.

Agregó que los sindicatos deben dejar posiciones partidarias y someterse a una “reingeniería” que los haga más abiertos y democráticos, para lograr una mayor credibilidad por parte de los maestros. De lo contrario, una gran parte del magisterio seguirá sin identificarse con ellos ni responderá a los llamados que les hagan a la hora de exigir al Gobierno de turno, como es el caso de la profesora Urbina.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí