Steven Gerrard (derecha) celebra el triunfo con su compañero de equipo Jermaine Pennenat. (LA PRENSA/AP )

fue implacable

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[doap_box title=»La presión de Drogba» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Las situaciones de peligro, a ratos, se produjeron vertiginosamente. Drogba apareció bruscamente en escena a los 32 minutos, filtrándose por la derecha y enviando un cañonazo neutralizado por Reina, y más adelante, Drogba otra vez, golpeó la pelota con su cabeza hacia su izquierda, pero Essien, entrando al área pequeña, la vio descender en su hombro y no pudo accionar. En el minuto 75 se vivió un momento cumbre, cuando Ashley Cole se fue hasta el fondo por el sector izquierdo de la ofensiva del Chelsea y su centro, rematado a quemarropa por Drogba frente a la intervención oportuna de Carragher, pasó encima de la cabaña de Reina.

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liverpool a la final de la champions

El pase del Liverpool a la final de la Champions en Atenas se consiguió a “balazos”. Los “pistoleros” rojos estuvieron impecables e implacables desde los doce pasos y “acribillaron” al arquero Petr Cech del Chelsea con cuatro disparos, en tanto en la cabaña del otro lado, José Reina detuvo un zurdazo de Arjen Robben y un disparo de Geremi, directo hacia su cuerpo mientras intentaba volar hacia su derecha, para eliminar al Chelsea, vía tiros de penal 4-1.

No fue necesario un quinto tiro de gracia. Con la racha de cuatro, todo estaba consumado después que el Liverpool se impuso 1-0 con gol de Daniel Agger a los 21 minutos, obligando al tiempo extra que se fue sin alteraciones 0-0.

El partido, repleto de excitación por la multiplicidad de posibilidades de gol, y con diferentes figuras brillando en constante rotación, parecía ser eterno sin conseguir definición. El gol de Agger, construido con una sencilla y mortífera arquitectura, obligó al Chelsea a tomar los mayores riesgos.

Párrafo aparte merece el apasionante duelo que sostuvieron Jamie Carragher y Didier Drogba, con el africano ejerciendo una presión a ratos agobiante y la forma en que gravitaron John Riise y Jarmaine Pennant, con la presencia amenazante de Steven Gerrard, garantizando la peligrosidad de Peter Crouch y Dirk Kuyt.

En el minuto 21, el Liverpool colocó sobre el tapete una jugada de pizarrón. Gerrard desde la izquierda, con balón quieto, envió un pase rasante, bien sereno y lo suficientemente rápido para mantener “atornillados” a los zagueros azules, que Daniel Agger, consiguiendo el espacio y el perfil apropiado, aprovechando el repliegue enemigo, colocó magistralmente de primera intención junto al palo derecho de Cech, convirtiendo las tribunas de Ainfield en una caldera hirviendo.

Muy temprano, la ventaja del Chelsea con su victoria por 1-0 en el primer duelo había sido borrada, dejando abiertas tres posibilidades: permanencia del marcador con aterrizaje en tiempo extra, empate del Chelsea y muerte del Liverpool y victoria roja liquidando a los azules. Ocurrió lo primero y sobrevivió el Liverpool. Sin tiempo para especular, el segundo tiempo fue agitado con John Riise y Jermaine Pennant multiplicando esfuerzos y fabricando complicaciones para el Chelsea. La penetración de Joe Cole a los 54 fue muy peligrosa y quitó aliento a la multitud en Ainfield, y así, entre susto y susto, el partido avanzó hasta los penales, con los “pistoleros” rojos “acribillando” a Cech, matando al Chelsea.

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