El autor es sacerdote
Hoy celebramos en todo el mundo católico la fiesta del Buen Pastor. Es una imagen bella de la manera como Jesús nos ama y nos cuida. El mismo dijo: “Yo soy el buen pastor”, y con esa afirmación estableció un ejemplar modo de comportamiento para quienes son responsables de grupos y comunidades.
La figura del pastor era muy popular en la pastoril cultura de Judea en tiempos bíblicos. No se trataba solamente de una relación económica o comercial del dueño o cuidador de un rebaño y las ovejas. En las solitarias estepas y colinas de Israel, el pastor pasaba horas y a veces días enteros cuidando el rebaño. A tal punto llegaba la comunicación, que las ovejas reconocían la voz de su amo, y el pastor las identificaba hasta por los rasgos distintivos más sutiles que pudieran tener.
Esta figura cultural y agropecuaria sirvió de modelo de la manera como Dios cuidaba de su pueblo, y así surgió esa bellísima metáfora del Salmo 23, que muchos cristianos recitamos de memoria: “El Señor es mi pastor, nada me falta, en prados de hierba fresca me hace descansar, me conduce por aguas tranquilas y renueva mis fuerzas (…) aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré, porque Tú estás conmigo; tu vara y tu bastón me dan seguridad”.
Es una imagen confortante y confiable de Dios, cuyo rasgo fundamental es el tierno amor, el cuidado personal y responsable que tiene de los seres humanos. Solamente quien experimente en su historia personal este encuentro amoroso con un Dios vivo y poderoso en el amor, podrá sentirse como aquel compositor de estos versos, cuya total confianza, aún en los momentos más difíciles de la vida, estaba puesta en su buen Señor que jamás lo abandonaría o lo traicionaría.
Jesús toma para sí mismo esta imagen del Buen Pastor. El encarna en su humanidad esta capacidad inmensamente amorosa del Yahvé del Antiguo Testamento, su padre. Él conoce a sus ovejas por su nombre, da la vida por ellas, en la cruz, las ama entrañablemente y tiene ovejas de otros rediles, es decir, nadie, por lejano que se sienta de cuestiones espirituales, está ajeno al amor misericordioso de Jesús.
Si alguna vez hemos sentido en nuestra vida desamparos, peligros, soledades, conflictos o tormentas, acudamos a este buen pastor que no traiciona. En las circunstancias más dolorosas de la vida se hace más poderoso el Señor; confiemos en Él como la oveja confía en su pastor.
Jesús también nos invita a seguir su ejemplo, a ser pastores según su corazón, a ser responsables en el amor, a no traicionar la confianza que han puesto todos los que esperan cosas buenas de nosotros, así seamos padres de familia, líderes religiosos, líderes políticos, o simplemente buenos amigos. Hoy el mundo no necesita más charlatanes, necesita hombres y mujeres de valor que se comprometan con sus convicciones, que trabajen honesta y sinceramente por sus semejantes, con voluntad de servicio y compromiso sincero. Dios conoce los corazones y sabe perfectamente quiénes son sus verdaderos pastores y quiénes son los ladrones que entran al rebaño solamente a “robar, matar y destruir” (Juan 10, 10). Y el pueblo también lo sabe. Las ovejas son mansas pero no tontas. Por eso “no les hicieron caso” (Juan 10, 8). Pidamos para toda la humanidad pastores según el corazón de Dios, y que se desenmascaren los lobos y ladrones que quieren echar a perder el rebaño del Señor.