Aproximadamente 900 niños que viven en albergues se reunieron ayer en el Hogar Zacarías Guerra para compartir una mañana de juegos y actividades culturales. (LA PRENSA/J. CABRERA)

Reunión de travesuras y juegos

[doap_box title=»Libertad y diversión» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Lilliam Argüello dijo que los 900 niños reunidos ayer en el Hogar Zacarías Guerra viven en 21 albergues de todo el país, que son seleccionados por American-Nicaraguan Foundation por ser “hogares con buen manejo, donde los niños viven bien acogidos”. El programa “Ángeles de Esperanza” apoya a los hogares […]

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Lilliam Argüello dijo que los 900 niños reunidos ayer en el Hogar Zacarías Guerra viven en 21 albergues de todo el país, que son seleccionados por American-Nicaraguan Foundation por ser “hogares con buen manejo, donde los niños viven bien acogidos”.

El programa “Ángeles de Esperanza” apoya a los hogares con alimentos, materiales escolares, becas, muebles, medicinas, proyectos de infraestructura e instrumentos musicales.

La idea del encuentro es permitir a los niños divertirse con libertad, a la vez que fomentar las relaciones entre hogares y los padrinos del programa, según explicaron los organizadores del evento.

El encuentro lleva cuatro años celebrándose y cuenta con el apoyo de empresas privadas.

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“Mi mamá me llevó al hogar porque tenía que trabajar y no confiaba en nadie para dejarme”. Junien Núñez tiene 12 años y explica con timidez la razón por la que hace cuatro su madre decidió dejarla en el hogar Divino Rostro, de El Crucero, al sur de Managua.

Ahí la niña comparte sus días con 59 menores que, como ella, han sido abandonados por sus padres, son huérfanos o han sufrido abusos. Ayer, estos 59 niños formaron parte de los 900 que se congregaron en el Hogar Zacarías Guerra de Managua para participar en un encuentro deportivo y cultural.

Los menores habitan en 21 albergues de todo el país. Ayer muchos de ellos —que llegaron de las regiones más alejadas— tuvieron que madrugar para participar en el evento, que forma parte del programa “Ángeles de Esperanza”, promovido por el organismo estadounidense Food For The Poor en colaboración con American-Nicaraguan Foundation.

CULTURA Y DEPORTES

El Hogar Zacarías Guerra se convirtió en un gran parque infantil donde los niños participaron en eventos culturales —recitales, bailes tradicionales— o competencias deportivas. Por un día la música, el baile, el futbol, voleibol y el beisbol reemplazaron las tareas cotidianas, los estudios y el orden de los hogares que les han dado refugio.

Junien dijo que no participaría en ninguna actividad cultural ni deportiva, pero tiene claro que llegó a divertirse. “Me siento alegre porque salimos del hogar”, dice la niña, quien no conoce a su padre ni mantiene contacto con sus cuatro hermanos.

“Es una niña bien portada”, afirma la hermana Jazmina Matuz, quien acompaña a los niños en el encuentro. Matuz explica que Junien fue internada por “motivos de riesgo”, ya que su madre habita en un lugar violento y por su condición económica se le hacía difícil cuidar y educar a la niña.

El Hogar Divino Rostro fue fundado en 1983, y los 59 niños que en él habitan —además de educación— reciben clases de costura, mecanografía y computación, explica la hermana Matuz.

En ese hogar también vive el pequeño Jorge, de 11 años, quien no se despega de la falda de la hermana, mientras grita: “¡a mí me dejaron mis padres!”

Matuz dice que el niño llegó al hogar con meses de nacido. Ahí ha crecido y se ha familiarizado con sus compañeros y las hermanas. Ha tomado tanto cariño que cuando una pareja de EE.UU. quiso adoptarlo, el niño hizo tal berrinche, que al final la pareja desistió de llevarlo con ellos.

“Es tremendo. A veces se porta rebelde”, dice la hermana Matuz, mientras el pequeño Jorge se esconde detrás de ella. A pesar de su “rebeldía”, Jorge no corrió con la mala suerte de cuatro de sus compañeros, quienes por desobediencia se quedaron castigados en el hogar.

La temperatura supera los 30 grados esta mañana de sábado, pero no es impedimento para que los niños corran, salten y griten a sus anchas.

Vestidos de camiseta blanca con el nombre del hogar al que pertenecen, con gorras rojas y de pantalones cortos, los menores se lanzan a las canchas, mientras otros prefieren hacerles barras desde los pocos árboles que hay en el centro, y donde combaten el calor abanicándose con papeles o tomando helados y gaseosas.

Este día lo esperan todo el año

El equipo de futbol del Hogar Jacinta y Francisco de León está listo para el inicio del partido. Los niños calientan motores mientras escuchan las recomendaciones de su entrenador, Róger García, quien les dice una y otra vez: “Repitan: ¿quiénes vamos a ganar?, “¡nosotros!”, gritan en coro los niños.

En este hogar habitan 38 niños. García dice que los menores practican futbol, natación y boxeo como parte de la educación que se les brinda en el centro.

Este día, los muchachos que componen el equipo de futbol, están dispuestos a poner en práctica sus conocimientos sobre el césped, y a olvidar las tragedias que a muchos de ellos les ha tocado vivir.

“Es un día que esperan todo el año. Es una manera para hacerles sentir que hay gente que se preocupa por ellos, dice Lilliam Argüello, gerente de American-Nicaraguan Foundation.

La iniciativa del encuentro surgió hace cuatro años dentro del programa “Ángeles de Esperanza”.

El objetivo es apoyar con materiales e infraestructura a los hogares que refugian a niños huérfanos, abandonados o que han sido maltratados, explica Tricia Szymanski, gerente del programa.

Food For The Poor surgió hace 25 años desarrollando proyectos sociales en Jamaica y Haití. Es una organización cristiana con representación en 26 países de América Latina, que es financiada con donaciones individuales, explica Szymanski.

Esta mañana no hay descanso para los 900 niños congregados en el Zacarías Guerra. Divididos en grupos, compiten unos contra otros para darle un trofeo al hogar que representan. El voleibol es exclusivo de las niñas, mientras que los varones optan por los deportes más agresivos.

Después de esperar un año para el encuentro, ninguno se quiere perder los partidos y juegos del evento.

Jefry Morales, de 11 años y originario de León, se prepara para el inicio del partido de futbol. El entrenador Róger García los anima pero detrás de ellos se queja del “desbalance” con el equipo contrario, que según él “tiene niños más grandes”.

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