- Primer Presidente ruso postsoviético dio el martillazo final al ataúd del comunismo en la Unión Soviética
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Boris Yeltsin, el primer Presidente de la Rusia postsoviética, en la que introdujo el capitalismo y la democracia, falleció este lunes a los 76 años a causa de un repentino ataque al corazón.
“El ex presidente ruso Boris Yeltsin murió hoy”, declaró a la AFP un portavoz del Kremlin.
Yeltsin falleció “a las 15H45 (05H45 en Nicaragua) en el hospital central” (de Moscú) debido a una insuficiencia cardiovascular, especificó Serguei Mironov, jefe del departamento médico del Kremlin, citado por la agencia Interfax.
Yeltsin —que sufría problemas cardíacos desde hace más de dos décadas— fue el primer Presidente de la Rusia postsoviética; antecedió en el cargo a Vladimir Putin, a quien él mismo eligió como su “delfín” político para sucederle en la jefatura del Estado ruso.
El ex mandatario será inhumado el miércoles, declarado día de duelo nacional en Rusia.
Boris Yeltsin pasará a la historia como el hombre que expulsó a los comunistas del poder en la ex URSS, en 1991, y condujo a Rusia por el camino de las reformas democráticas antes de rendirse años después a la enfermedad y la falta de popularidad.
Yeltsin nació en 1931 en una familia campesina de un pequeño pueblo a 1,500 km al este de Moscú, se licenció en ingeniería y empezó su carrera política a los 37 años como jefe de organización local del Partido Comunista soviético (PCUS).
Mijail Gorbachov, el último Presidente soviético, resumió la complejidad del legado de Yeltsin en una declaración de condolencia minutos después de anunciarse la muerte. Gorbachov se refirió a Yeltsin como alguien “sobre cuyos hombros se elevan grandes acciones por el país, pero también graves errores”, de acuerdo con Interfax.
Yeltsin fue una figura llena de contradicciones, ganando popularidad en la era comunista con promesas de acabar con la corrupción, pero mostrándose incapaz —o renuente— de evitar el saqueo de la industria estatal cuando pasó a manos privadas durante sus nueve años como el primer Presidente electo de Rusia.
Yeltsin defendió vehementemente la libertad de prensa, pero fue un maestro de la manipulación. Acumuló un enorme poder durante su presidencia y lo cedió todo dramáticamente en un discurso de fin de año en 1999. Fue elegido como Presidente de Rusia en junio de 1991 y reelegido en julio de 1996.
Los grandes momentos de Yeltsin se produjeron en oleadas. Se paró encima de un tanque para resistir un intento de golpe de estado de militares conservadores en agosto de 1991 y encabezó el fin pacífico del Estado soviético el 25 de diciembre de ese año. Enfermo del corazón y enfrentando una posible derrota ante un candidato comunista en las elecciones de 1996, reunió toda su energía y apretó el paso en las semanas finales de la campaña, pasando a ser de un débil, tembloroso convaleciente a un candidato danzante, para retener la presidencia.
Pero Yeltsin fue un reformista inconsistente que nunca tomó mucho interés en los asuntos mundanos del gobierno diario y siempre culpó a sus subordinados por la vasta gama de problemas en Rusia.
Yeltsin dañó sus credenciales democráticas al usar la fuerza para resolver disputas políticas, aunque siempre dijo que sus acciones fueron necesarias para mantener al país unido.
En octubre de 1993 envió soldados y tanques para sacar a partidarios armados de un parlamento ruso hostil, luego que éstos habían desatado violencia en las calles de Moscú. Y en diciembre de 1994, Yeltsin lanzó una guerra contra rebeldes separatistas en la sureña República de Chechenia, un conflicto que sigue sin solución y que ha causado la muerte de decenas de miles de personas.
Aún así, Yeltsin tuvo un impresionante debut como presidente. Introdujo en el país las bases de la democracia, garantizando los derechos de expresión, propiedad privada y elecciones multipartidistas y abriendo las fronterizas al comercio y el viaje.
Además, implementó reformas de mercado libre, creando el sector privado y permitiendo inversiones extranjeras.
En política exterior, aseguró la independencia de los satélites soviéticos en Europa oriental, supervisó reducciones de tropas y armamento y desarrolló lazos con líderes occidentales.