- La falta de leyes que protejan al gremio artístico es la principal preocupación de Gloria Bacon, una artista que ha dedicado casi la mitad de su vida a la danza contemporánea. Según ella, durante los últimos gobiernos los artistas han aprendido a ser independientes y por eso no quiere “que nadie me esté diciendo qué es lo que tengo que hacer”
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Su mejor carta de presentación son los más de 25 años en los que se ha desarrollado como bailarina, coreógrafa y directora de agrupaciones de danza contemporánea, aunque en el transcurso del tiempo ha agregado a su ficha experiencias en las artes plásticas y el cine.
Gloria Bacon, de cultura e identidad negra, es originaria de Bluefields, en la Región Autónoma del Atlántico Sur. En Nicaragua es toda una autoridad si de danza contemporánea se trata. Se formó en lo que podríamos llamar la década dorada del arte, después de la revolución de 1979 y durante el primer gobierno sandinista.
Actualmente es directora de Espacio Abierto, una escuela de danza creada en 1990, cuando el apoyo al arte comenzó a decaer.
“No se tenía muy claro qué iba a pasar con la Escuela Nacional de Danza. Hubo un pase durante los primeros años de gobierno (de Violeta Barrios), que no respondía de inmediato a las exigencias que como bailarines necesitábamos”, recuerda Bacon.
¿Cómo ha cambiado la proyección del arte durante los últimos gobiernos de Violeta Barrios, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños?
Mirá, los artistas se han mantenido en lo que tienen que hacer, crear, a pesar de que no hay políticas culturales claras que apoyen el desarrollo del arte en Nicaragua. Eso también ha demostrado la fortaleza del artista nacional. A principio de los noventa, después de los primeros dos años de cambio, como que había un camino más claro con la dirección de doña Gladys Ramírez en el Ministerio de Cultura. Y sí hubo apoyo de alguna forma, con instituciones internacionales, pero eso ha ido mermando. A mí lo que me da tristeza es precisamente cómo los gobiernos no han podido valorar ese potencial. El Estado dejó de ser paternalista, que le daba todo al artista, y pasó a ser un facilitador. Pero facilita qué. Lo que los artistas hemos logrado ha sido por el trabajo independiente.
¿De esos últimos tres gobiernos, cuál ha sido el período más difícil para ustedes?
Alemán y Bolaños. Eh, con el último gobierno, el de Bolaños, no ha sido posible ni acercarse a… es que ni siquiera te puedo decir a quién, quiero recordar cuáles fueron los últimos directores de Cultura. Julio Valle estuvo poco tiempo, no se pudo apreciar bien su trabajo. Pero sí, los últimos años han sido muy duros porque piensan que la planificación del INC es nada más la conservación del museo tal o del mural tal. Y eso que ni siquiera los museos están bien conservados. ¡Sentís que hay una pobreza! Entonces te preguntás ¿qué ha hecho el INC para modernizar los museos? Y conste que trabajan en eso. Entonces, imaginate el arte escénico que no está en los planes. En los últimos años ha sido muy difícil, no sé si por acumulación de desgracia. Desde mi experiencia he trabajado a lomo para presentar el Festival Internacional de Danza Contemporánea en el Teatro Nacional Rubén Darío y no hemos podido. Traemos grupos de Suecia, España, Francia, Colombia, México, pero no tengo los 1,500 dólares para pagar el alquiler del Teatro. Ahí es donde te digo ¿cómo es posible que nuestras instituciones no valoren, no faciliten el trabajo del artista? En otras partes del mundo, los teatros te programan, te pagan para que te presentés. Nosotros aquí tenemos que pagar para presentarnos.
Muchos artistas tenían la esperanza de que con este cambio de gobierno el arte tuviera el mismo auge de los ochenta.
Por supuesto. En los ochenta fue cuando el movimiento artístico tuvo el boom y artistas de mi generación se formaron en esa época. Es lógico que hayamos pensado “ahora va a ser algo así, nos van a apoyar”. Es de humano creer eso, por eso uno vive una historia y esa historia es tu referencia. Pero yo creo que no deberíamos estar desilusionados tampoco. Apenas han pasado tres meses del nuevo gobierno, esperemos un poco para ver qué es lo que se propone. Pero de todas formas yo creo que ningún artista está pensando en que va ser igual al gobierno paternalista de los ochenta, yo por lo menos en lo personal no lo estoy esperando. No quiero que sea así. La experiencia vivida en los últimos 16 años me ha dado otro nivel de gestión personal, de desarrollo intelectual artístico, que no quiero que nadie me esté diciendo qué es lo que tengo que hacer. Pero sí quiero y creo que la preocupación de todos los artistas es tener políticas culturales, conocerlas y trabajar sobre eso.
Sé que usted se reunió con la ahora ex directora del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC), Margine Gutiérrez, para hablar sobre algún plan que involucrase el desarrollo de la danza contemporánea. ¿Cuáles fueron los alcances de ese encuentro?
Fue una conversación de una hora y media. Me pareció una mujer muy sensible, abierta. Aunque no venía del mundo del arte, tenía una visión administrativa interesante. Proponía hacer algunas reestructuraciones que podrían agilizar el trabajo cultural. En cuanto a la danza contemporánea le expliqué la necesidad de dar a conocer el género. Yo le ponía un ejemplo, ¿por qué la gente se toma una Coca Cola en lugar de un vaso de leche? La divulgación de la Coca Cola es tan masiva que hasta en el último rincón de Nicaragua la conocen. Si nadie conoce la danza contemporánea, nadie va a pedir una presentación de danza contemporánea y por supuesto el género no va a crecer. Por eso yo le decía lo importante que era dar a conocer este género, masificarlo, llevarlo a las escuelas. Que la gente pueda decir “me gusta o no me gusta”. No se acordó nada, ella dijo que era interesante, que estaba conociendo a todos los artistas y que haría su plan, y bueno, quedó en el aire.
¿Y qué hay de la nueva directora del INC, Emilia Torres?
Emilia Torres desde los ochenta ha estado trabajando con el movimiento de artistas aficionados y la Asociación de Promotores de la Cultura (APC). Es muy conocida, ha hecho una labor bien grande. Pero pienso que los artistas no estamos tan preocupados con la persona que va a estar al frente del INC, nos preocupan más las políticas culturales que van a impulsar. Pueden poner a cualquiera, pero si las políticas no son buenas, no se va poder hacer nada. En lo personal, imagino que también me voy a tener que reunir con Emilia Torres, volver a tocar el tema y ver cuál es su plan de trabajo. Creo que Emilia tiene la experiencia de haber estado al frente de la APC, es una mujer muy organizada, con una visión bastante amplia, pero también había que conocer qué planes tiene.
Antes y durante la etapa de nombramientos del gabinete del nuevo gobierno se especuló bastante la posibilidad de que el artista plástico Luis Morales sería el elegido.
Como fue tan rápido, de un día para otro, creo que no dio tiempo ni de pensarlo. Ya al día siguiente (de la destitución de Margine Gutiérrez), se dijo que estaba Emilia Torres en el puesto. Yo creo que en estas cosas todo mundo especula. ¿Por qué Luis Morales? Yo diría ¿por qué yo no? Pero no sé cuáles son los parámetros que la gente tomó para pensar que podría ser Luis Morales, tampoco sé cuáles son los parámetros que los gobiernos acotan para poner a sus funcionarios.
¿Qué le hace falta al INC para que ustedes se sientan apoyados?
En primer lugar, acercarse a los artistas. El INC tiene que ver en los artistas nacionales un sustento para su trabajo. Además, debe trabajar sobre políticas culturales claras para la difusión del arte, la capacitación, la superación, hasta el beneficio social del artista. Los artistas envejecen y qué pasa cuando llegan a los 70 años. No es justo pasar una vida creando una imagen del país hacia el exterior y hacia adentro, y cuando llegás a una edad de jubilación, no hay leyes que te protejan. Luego te morís y tus familiares tienen que andar pidiéndoles a los demás artistas. Ha pasado, con artistas de renombre como el pintor Leoncio Sáenz y doña Pilar Aguirre que en paz descanse.
¿Cree que sería necesario un consejo cultural para el INC?
Yo creo que sí. Sería bueno porque te involucra. El artista está más sensible, sabe qué le está pasando al gremio porque es parte de ese gremio. Sí creo que el artista debería estar involucrado en esos consejos, creando las políticas y defendiéndolas para que se cumplan, porque puede pasar que se creen las políticas, se engaveten y no pase nada. Lo hemos visto.
¿Están organizados los artistas?
Sí, hay varios gremios. Por ejemplo, aquí, Espacio Abierto es una asociación de danza contemporánea que trabaja con amigos, tenemos algunos bailarines, a Ligia Luna y su compañía, tenemos a los mismos alumnos de Espacio Abierto, una periodista, un ingeniero, gente que se acerca a trabajar porque piensa como vos y cree como vos. No te vas a meter a trabajar con gente que no está de acuerdo con tu proyecto porque te lo va a destruir. Ésta es una asociación pequeña. La Asociación de Artistas de la Danza es una asociación más amplia. Los artistas de teatro, los músicos y la gente de cine también tienes sus asociaciones.
¿Los apoya la empresa privada?
Con nosotros hay empresas que siempre apoyan. Tenemos a Enitel, la Victoria, Kativo, eh… Sólo Enitel, Kativo y la Victoria jajaja… yo siempre digo esta frase, la cultura de nuestro país está en el exterior. Nosotros siempre hemos dependido de las embajadas de España, Francia, Noruega, Suecia, Finlandia. El día que las embajadas dejen de ayudarnos, si el Gobierno no cambia su política, se acabó el arte.
Nicole, Scarleth y la paella
Cuando Gloria Bacon tenía siete años, dejó su natal Bluefields y se mudó junto a su familia a la capital. Llegó hablando inglés, aprendió a hablar mejor en español, pero nunca se sintió managua.
“Siempre me sentí costeña, estoy feliz de mi identidad. Soy caribeña, no parezco, pero lo soy”.
Tiene cuatro hermanas y un hermano varón. Tiene más de 40 años, pero a estas alturas prefiere no entrar en detalles.
“No como tortilla muy seguido como la gente del Pacífico. No profeso ninguna religión, soy bautizada católica, pero creo en la espiritualidad individual. Las religiones me parecen un mecanismo de supresión. Las leyes de la Iglesia son muy fuertes, odio la religión que dice que vivo en pecado”.
Su mayor satisfacción la ve reflejada en la cara de los bailarines que la saludan y le dicen “profe”.
“Siento que mi labor ha sido fructífera. He hecho algunas cosas con buenos aciertos y otras no muy buenas. Me llena de satisfacción ir por las calles y encontrarme jóvenes que me dicen “profe qué tal”, al verlos bailar siento que se ha completado mi trabajo, sin ponerle fin porque la creatividad no tiene fin, el trabajo del artista tiene fin hasta que deja de existir”.
Bacon anhela poder ver formada algún día una compañía nacional de danza contemporánea. “¡Aquí no existe! Cómo es posible que nosotros con tanto talento no tengamos una compañía nacional de danza contemporánea”.
Aunque parezca que todo lo que gira en torno a Bacon es la danza y los bailarines, hay sus excepciones.
“Mi hija es mi todo. Suena bien cliché, pero es eso. Es mi única hija, se llama Nicole, tiene 21 años, está en California estudiando cine y lingüística. Yo le digo gorda, pero es más flaca que yo”.
Nicole es para Bacon como su mejor amiga. A pesar de la distancia que las separa, asegura que no hay vacaciones en las que no pasen juntas. Es entonces cuando aprovecha para quedar hasta tarde en la cama, abrazada a su hija.
“ Siempre la he andado arrastrando conmigo, desde mi panza. Bailé con ella cuando mi embarazo tenía ocho meses. Hay fotos de Nicole gateando, cuando estoy dando clases de danza. En su adolescencia me decía ‘vos querés más a tus alumnos que a mí’, pero con el tiempo me ha dado la razón”.
Gloria Bacon es de muy pocos amigos. Según dice, la traición es una herida que no cicatriza,y de esas ha tenido algunas bien fuertes, aunque reconoce que algunas personas opinan que ella es presumida, “pero nada que ver”.
“Me encanta estar con mis amigos, aunque son pocos. Mi gran amiga es mi prima Scarleth Cuadra, es mi mano derecha en todo”.
“No soy de muchas salideras. Tengo una vida tan activa físicamente, que cuando tengo horas para descansar, estoy en mi casa acostada o en la casa de Scarleth esperando que esté lista la paella. Los domingos hacen una paella riquísima. Entonces llego a visitarla con la excusa para no cocinar”.