- Seedorf e Inzaghi no lo perdonaron
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Bayern de Munich estrangulado
Esa ciudad en completo silencio, es Munich. Esa multitud enmudecida, destrozada, es la que llenó el gigantesco y majestuoso estadio Alianz Arena. Ese cadáver tendido sobre la grama, de cara al cielo, es el Bayern, estrangulado por el Milán 2-0.
¡Qué ganamos con discutir quién merecía ser mejor recompensado, si la única verdad que admite el futbol es el gol! En sólo cinco minutos, el Milán que atravesaba por un difícil primer tiempo, salió del hoyo, atacó eficientemente con un par de combinaciones fulgurantes y colocó al Bayern a la orilla de la fosa.
Goles de Clarence Seedorf, en un momento de inspiración divina y seductora, y de Filippo Inzaghi, un soberbio taponazo de derecha, más el aporte de una resistencia más heroica que granítica durante un agobiante segundo tiempo y los reflejos felinos del arquero Dida, empujaron al Milán hacia la victoria.
No fue un partido iluminado, cargado de megavatios, salpicado de astucia, pero sí intenso, con acciones revestidas de suspenso y drama y chispazos de inmenso talento. El Bayern pudo tomar ventaja en el minuto 8 cuando Christian Lell empujó una pelota con sello de gol que Massimo Oddo despejó milagrosamente en la raya. En el minuto 12, volcado el equipo alemán, Podolski se escapó por la izquierda y su remate rasante llevaba un mensaje macabro, pero Dida, en espectacular intervención, barriéndose, evitó la caída de su valla.
Estaba escrito —diría Diógenes— que el Milán abriría el marcador. A los 27 minutos, el Bayern que atacaba por su sector izquierdo, pierde el balón que regresa a Kaká.
Sin pérdida de tiempo, el brasileño entrega a Seedorf por el centro y se desplaza para facilitar una jugada de pared. Pero el holandés con una exuberante confianza, mostró su destreza con un pequeño trabajo de orfebrería realizado. Se movió sinuosamente entre dos defensas, fue hacia su derecha, consiguió posición de tiro y el ángulo apropiado y fusiló a Oliver Kahn para el 1-0.
Sobre el minuto 32, el otro dardo al corazón del Bayern, disparado por Filippo Inzaghi. Fue una rápida definición de pistolero profesional. Violento derechazo entrando al área, después de haber recibido el balón de Seedorf, de taquito, inutilizando al desesperado Kahn y moviendo la pizarra 2-0.
Súbitamente el Bayern se sintió atrapado. Necesitaba ahora dos goles para poder forzar el tiempo extra y mostró determinación, suficiente entendimiento y profundidad, para mantener al Milán preocupado por multiplicarse mientras trataba de levantar una muralla.
¿Cómo pudo el Milán sobrevivir al acoso a que fue sometido durante un tormentoso segundo tiempo? Traten de explicárselo. La fogosidad de Pizarro se hizo sentir, pero una y otra vez la defensa del Milán salía ilesa, incluso en el cierre, cuando Dida, en acción de karateca, rechazó un cañonazo de Van Buyten.
La angustia cabalgaba entre los italianos, cuando sonó el silbato.