Lilia Ramos de Schubel. (LA PRENSA/ D. Nivia)

El camino a la verdadera libertad

Inspirada por el ejemplo de su mejor amiga y hermana de comunidad, quien trabajó voluntariamente en cárceles de Costa Rica durante el exilio en los años ochenta, Lilia Ramos de Schubel decidió dedicarse a “buscar el rostro de Cristo en los pobres dentro de los pobres”. A su regreso de Costa Rica, acudió al Monseñor […]

Inspirada por el ejemplo de su mejor amiga y hermana de comunidad, quien trabajó voluntariamente en cárceles de Costa Rica durante el exilio en los años ochenta, Lilia Ramos de Schubel decidió dedicarse a “buscar el rostro de Cristo en los pobres dentro de los pobres”.

A su regreso de Costa Rica, acudió al Monseñor Luis Amado Peña y le pidió que acogiera a su comunidad dentro de su parroquia. En ese momento, él había sido nombrado Vicario de Cárceles y Hospitales, la oportunidad perfecta para trabajar directamente en las cárceles. “Estoy segura que la casualidad no existe, la casualidad es el seudónimo de Dios cuando Él no quiere firmar personalmente”, afirma.

Es así que en 1991 arrancó su trabajo en la cárcel de Tipitapa. Junto a los miembros de su comunidad y gracias a las donaciones, llevaba comida a los privados de libertad y evangelizaba. Posteriormente, fue nombrada Directora de la acción social de la Pastoral Penitenciaria y fue encargada del Ministerio de cárceles de su comunidad.

A medida que la Comunidad Seminarios de Reflexión Cristiana se desarrollaba, los hombres se encargaron de la cárcel de varones y las mujeres trasladaron su ayuda a la cárcel de mujeres La Esperanza.

“Lo hacemos por amor a Dios, buscando su rostro en cada una de las internas. Un gran grupo de voluntarias realizamos visitas todos los sábados de dos a cuatro de la tarde, les llevamos alimentos, impartimos charlas y las estimulamos a conversar”.

También les dan la oportunidad de experimentar un retiro de conversión y las preparan para los tiempos litúrgicos como Semana Santa y Navidad.

“El principal motivo de esta labor es que el amor de Dios no sólo es afectivo sino que debemos de demostrarlo a través de nuestras acciones”, expresa Ramos.

Una linda experiencia tanto para las internas como para ella, son los paseos anuales a la playa con quienes tienen mayor tiempo de condena, junto con algunos funcionarios. “Alquilamos un bus, llevamos comida, música, hacemos dinámicas y se bañan, es un momento único”, señala sonriendo.

Además, las sorprenden con mariachis el Día de las Madres y les llevan una comida especial, lo que emociona hasta las lágrimas. Otras importantes celebraciones es el Día de la Mujer, la Purísima y la cena de Navidad. “Realizamos un hablatón en el Colegio Calasanz para recaudar fondos y darles regalos a las madres y que ellas tengan qué darle a sus hijos. Mi casa se vuelve la bodega del niño Jesús”, expresa.

Asegura que esta labor le dio sentido a su vida. “Cuando abrazo a una interna yo abrazo al Jesús que está preso, yo siento el amor de Dios cuando abrazo y me abrazan. Siento que las amo y ellas sienten mi amor. Es impresionante la necesidad de amor en las cárceles pues quizás nadie les dio amor y si nosotros no vamos a las cárceles a decirles que son importantes para Dios y que ellas pueden ser diferentes, seguirán en el mismo camino”, dice.

Por ello, Ramos considera de vital importancia que nos sensibilicemos ante la problemática de los privados de libertad, ya que no tuvieron las oportunidades que quizás nosotros hemos tenido. “Es responsabilidad de nosotros guiarlos por un camino mejor, mostrándoles a Cristo y ayudándoles a capacitarse”.

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