Después de vivir un cursillo de cristiandad en 1983, la vida de Flor de María Buitrago de Gaitán, cambió. Antes de esa experiencia solía preocuparse únicamente, al igual que la mayoría de nosotras, por sus asuntos personales, su familia y el trabajo.
No tenía mucha conciencia de la importancia de compartir con los demás pero después de vivir ese retiro espiritual, decidió que todo debía de cambiar y se integró a la Comunidad de Cursillos de Cristiandad.
En dicha comunidad, más de doscientas personas junto a sacerdotes, organizan e imparten entre cuatro y seis cursillos al año en los que se discuten los mensajes del cristianismo a varones y mujeres alejados del camino de Dios. De ese cambio personal han surgido diferentes apostolados. Algunos de los miembros visitan las cárceles, los hospitales, orfanatos y asilos de ancianos para llevar cariño y alivio.
Además de evangelizar a través de los cursillos, Flor de María realiza otras acciones como visitas periódicas al Hospital Dermatológico, para personas con lepra, la acompañan miembros de su comunidad. Con ellos comparte alimentos, les lleva artículos de aseo personal y juntos celebran piñatas y la Purísima. Compartimos con ellos todas sus actividades en una dimensión de grandes amigos. Todos conocemos sus nombres y nos comunicamos por teléfono constantemente, expresa.
Según cuenta Buitrago, los pacientes del Hospital Dermatológico están tan empapados con la labor de sus benefactores que ellos mismos ofrecen sus dolores y sufrimientos por el éxito del cursillo.
Podemos donar grandes cantidades de dinero o hacer obras para obtener el reconocimiento de los demás pero si no damos nuestro servicio y nuestro amor, eso no está verdaderamente motivado por el amor a Dios, que es el único que nos permite amar a nuestro prójimo, afirma.
Con su experiencia de servicio asegura que es ella quien es servida y que su recompensa es espiritual. Siento una felicidad interior incomparable al compartir lo que el Señor me ha regalado sin esperar nada a cambio, afirma.
Todos los lunes y martes, Buitrago se reúne con su Comunidad en la Casa San Pablo, la que han construido poco a poco con el esfuerzo de todos.
A pesar de todo, admite que quisiera tener más tiempo para poder hacer esta labor y admira a quienes lo hacen, sin embargo, trata de equilibrar sus obligaciones laborales en el negocio familiar, la agencia de viajes Munditur, las reuniones y labores que realiza con la comunidad.
Ha tratado de crear conciencia en su familia del amor y servicio a las demás personas y ellos están conscientes de que si no ha podido darles todo el tiempo necesario, ha sido para ayudar a otros.