sammy lambert en sus días de gloria brilló con la UCA. (LA PRENSA/ARCHIVO )

¿Clifford o Sammy?

Ambos fueron las [doap_box title=»¿Recuerdan a Green?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] En los años sesenta, cuando mal atravesaba por mis estudios de secundaria en el Ramírez Goyena, pude ver jugar a Leonardo Green, un extraordinario armador, con un sentido tridimensional de la cancha siempre activado. Un jugador brillante en medio de la niebla. Fue la época de […]

  • Ambos fueron las
[doap_box title=»¿Recuerdan a Green?» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

En los años sesenta, cuando mal atravesaba por mis estudios de secundaria en el Ramírez Goyena, pude ver jugar a Leonardo Green, un extraordinario armador, con un sentido tridimensional de la cancha siempre activado.

Un jugador brillante en medio de la niebla. Fue la época de Antonio Blandón, de César Sequeira, de Róger Hodgson y tantos otros que combinaban eficazmente el estudio con el deporte. Hoy Leonardo Green tiene la vicepresidencia de uno de los departamentos de la Compañía Eléctrica de Florida.

Luego desembocamos en los alegres y ruidosos setenta, con el lamentable desvanecimiento del baloncesto femenino, después de haber visto crecer a Carlota Green, la última gran figura. En esa década funcionaron junto a Sammy y Clifford, Rodolfo Ellis, Róger Valerio, Marlon Torres, Johnny Wilson, George Stockhousen y otro rollo, contribuyendo al resurgimiento.

La Selección Juvenil entrenada por Carmelo Ortega, produjo la base de los años ochenta. Paúl Argüello, los hermanos Mullins, Jorge Luis Ayestas, que jugó en México, estuvieron al frente, y más adelante, la nueva etapa, esa que no he podido ver, y por supuesto, tampoco juzgar.

[/doap_box]

Una vieja polémica en nuestro basquet

más dominantes
figuras en nuestro
baloncesto en los años setenta

No pretendemos desembocar en un desgarrador lamento: ¿adónde se han ido Sammy Lambert y Clifford Scott?, porque nuestro discreto baloncesto, carente de magia y sin poder fabricar show, sigue sin producir figuras de verdadero impacto.

Pero, aún distantes de la cima de la montaña, Sammy Lambert y Clifford Scott sobresalieron en una etapa durante los años setenta, en que el baloncesto masculino salió del fondo del barril, desplazó en atracción al repentinamente decaído baloncesto femenino y consiguió una proyección insospechada, convirtiéndose en un protagonista respetable en el marco de los Torneos Centroamericanos de Campeones, como quedó demostrado en 1976 y 1978.

Ninguno de ellos pudo escapar al implacable marcaje de la muerte. Sammy se nos fue de entre las manos muy joven, y Clifford, más adelante, cuando disfrutaba de sus recuerdos.

¿Quién de ellos fue superior? Esa pregunta obliga a sumergirnos en un interesante debate, dudando llegar a una conclusión irrefutable.

Es difícil, muy difícil, que en medio de las imperfecciones y factores adversos que evitan un buen desarrollo del deporte en Nicaragua, sin la opción que ofrece el beisbol de facilitar progresar en niveles de mayores exigencias y sin la posibilidad de abrirte paso a base de facultades naturales que te puede proporcionar el boxeo contra viento y marea, veamos el crecimiento de ribetes espectaculares de algunos atletas en otras disciplinas.

Sammy Lambert y Clifford Scott alcanzaron una gran notoriedad en casa, impulsados por un esfuerzo sin pausas, buscando con desesperación como superarse, apasionándose por su deporte, conscientes de las limitaciones que los rodeaban, pero sin bajar los brazos, ni reducir el ritmo de latidos de sus corazones.

Es lo que cada uno de nosotros debería hacer, pese al deterioro de la sociedad, a lo aplastante que pueda parecernos el sistema corrosivo que nos golpea.

¿Qué tenía Sammy y qué le vimos a Clifford?

Fundamentalmente Lambert dispuso de una gran claridad mental y eso le permitía tener una mejor visión y ser más eficiente en el anticipo. Scott era más fuerte y consecuentemente más impetuoso, tenía mas rapidez para desbordar y destaparse, trasladando su electricidad al público.

Mientras Clifford daba la impresión de prevalecer derribando paredes y moviéndose sin el balón, Sammy fue un apaciguador del juego, un ajedrecista para moverse en los diferentes cuadros del tablero, un mejor protector de la pelota y más seguro en sus entregas.

¡Qué bueno fue ver a los dos funcionando juntos para Caminos en aquel Centroamericano de Campeones de 1976, realizado en el Polideportivo España! Sammy, como refuerzo, respondió a las expectativas y además de su admirable ejecutoria terminó como sublíder anotador detrás de Chuck Didier, el norteamericano de Seminario, el equipo tico.

Sammy, dueño de resortes ligeramente mejor aceitados que los de Clifford para saltar, fue seleccionado además como único nica en el All Star de ese certamen, pero Clifford respondió obteniendo dos años después el título de Más Valioso, ofreciendo una rotunda demostración de agresividad y de incidencia, en Guatemala.

Reviso mis notas de los años setenta y me confundo intentando llegar a una valoración precisa.

La imagen de Sammy está ahí, moviéndose siempre. El veloz, decidido y hábil moreno, fue un permanente productor de vértigo en nuestro medio, un agente de baloncesto sin freno y un tirador con suficiente precisión entrando desde afuera.

Clifford tampoco fue un gran tirador desde afuera como Róger Valerio, George Stockhousen o Johnny Wilson, pero hasta la aparición de Paúl Argüello y Herman Mullins en los años ochenta, no vimos a alguien tan huracanado, haciendo valer su potencia física y agregando la necesaria cuota de destreza, sin alcanzar la flexibilidad natural de Sammy.

Scott consiguió ser material de exportación y tuvo acción en Centroamérica; Sammy tenía otro proyecto, no propiamente vinculado a un futuro inmediato con el baloncesto y fue en ese momento que la muerte le marcó inesperadamente un quinto faul.

¿Clifford o Sammy? Material para polemizar largo rato pese a lo gris que ha sido nuestro baloncesto por falta de condiciones.

Me inclino por Sammy. Respondía mejor bajo presión y eso es clave, desequilibrante.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí