El esperanto español

CARTAGENA DE INDIAS.— Cartagena es de esas ciudades en la que uno quisiera vivir, por lo menos una semana por año. Igual pasa con Antigua en Guatemala y Key West en la Florida. Hay también que reservar una semana para los Sanfermines en Pamplona y dedicar otras a caminar, comer, gozar del espectáculo, trasnochar y […]

CARTAGENA DE INDIAS.— Cartagena es de esas ciudades en la que uno quisiera vivir, por lo menos una semana por año.

Igual pasa con Antigua en Guatemala y Key West en la Florida. Hay también que reservar una semana para los Sanfermines en Pamplona y dedicar otras a caminar, comer, gozar del espectáculo, trasnochar y sentarse en los cafés a soñar hacia atrás y hacia adelante, en París, Nueva York y Buenos Aires.

Sería una linda manera de ir avanzando, lo más despacito posible, hacia la tumba y hasta quizás uno evite pagar impuestos por no residir en ningún lugar.

Volviendo a Cartagena, en marzo fue más noticia que nunca. Los 80 años de Gabriel García Márquez y los 40 de Cien Años de Soledad , más la asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) con cerca de 600 directores y editores de periódicos y el IV Congreso de la Lengua Española, con Rey y todo, tuvieron como escenario a la caribeña ciudad. “Gabo” estuvo en todas: festejó sus aniversarios, almorzó con la SIP y fue motivo de entusiastas homenajes por parte de los académicos de la lengua, colegas y políticos, que nunca faltan. Previamente el colombiano escritor ya había tenido unos festejos, con menos gente y mas íntimos, en Cuba y con Fidel.

Pero esto es un poco la anécdota. Para los hispánicos el Congreso constituyó uno nuevo avance en la promoción de la lengua castellana, a impulso de la visión y dinamismo de Víctor García de la Concha, quien desempolvó a la vieja y estática Real Academia Española , de la que es su director ejecutivo. Éste se dio cuenta de que si no salía de España , donde el castellano no siempre se muestra tan saludable y volaba hacia las Américas donde el español ha encontrado su mayor vitalidad y desarrollo, la “ madre patria” se quedaría sin ese “royalty”.

El español tiene algo del esperanto, que fue creado para ser el idioma universal, pero que no se habla en ninguna parte del mundo. Más de 400 millones de habitantes de la tierra hablan el español y ésta es la lengua oficial en una veintena de países, pero en el lugar en donde menos se habla es en España.

Incluso no es el primer idioma oficial a lo largo del territorio del Reino, como lo prueba Cataluña. Aquí el catalán es el primer idioma como en otras regiones en los hechos y en cierta medida lo es el vasco o el gallego. Si uno recorre la península se va a encontrar en vastas zonas que los carteles carreteros están en dos idiomas: inglés y gallego o inglés y vasco o, por supuesto, en catalán e inglés, mientras el castellano brilla por su ausencia. En La Rioja, en donde se hacen tan buenos vinos, yendo hacia San Millán de la Cogolla y cerca del pueblo donde nació Gonzalo de Berceo, en un cruce de caminos hay —o había— un cartel indicador de STOP, que en castellano quiere decir Pare. Constituía, según lo valoró un grupo de periodistas que pasó por allí hace unos años, una especie de afrenta para el primer gran poeta de la lengua española y para el santuario donde nació hace más del mil años el idioma castellano, estampado en anotaciones, junto a otras en latín y en vasco, que bueno es no obviarle, puestas al margen de las llamadas Églogas Emilianenses.

Son contradicciones de las que en alguna medida sigue recibiendo sus réditos el Reino de España. Algo parecido pasa en lo político y económico donde España impulsa las reuniones iberoamericanas y el Rey dice sus discursos, mientras muy poco hace y en nada se aparta de las normas de la Unión Europea. Ésta, en tanto y como se sabe, no desiste de su política agrícola, que genera miserias y problemas sociales en muchos países de América. Además se queja y cierra fronteras a las corrientes migratorias, ignorando que son sus mismas políticas las que obligan a este reacomodamiento del mercado de trabajo global.

Todo eso también habría que haberlo visto en Cartagena e, incluso, comenzar a considerar en serio el cómo se han desvirtuado totalmente en el continente iberoamericano algunas muy importantes palabras del idioma español tales como “Libertad de Prensa”, “Derecho a la Información” y “ Democracia”, según lo comprobó la Asamblea de la SIP, reunida en la hermosa ciudad colonial colombiana.

Periodista uruguayo

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