- Creador tiene 16 años
Dibuja desde los cuatro años, le gustaría ser arquitecto y, entre tanto, con 16 años, Gabriel Bernardino Valadés acaba de presentar el primer y colorido comic de Don Quijote de la Mancha, obra cumbre de la literatura hispana publicada hace más de 400 años.
“Al principio lo hice porque me pareció que sería interesante dibujarlo y, luego, para que lo pudieran ver los chicos de los colegios”, explicó a la AFP este adolescente delgado y alto como un jugador de baloncesto que dedicó sus ratos libres de los últimos 16 meses a plasmar las aventuras del hidalgo.
La primera etapa de este trabajo que contó con el respaldo del gobierno regional de Extremadura (oeste), con la edición de 2 mil ejemplares, consistió en la lectura de la gran novela que Miguel de Cervantes escribió a fines del siglo XVI.
“Primero lo leí, luego lo resumimos con mi padre y después empecé a dibujar en un folio grande. Primero lo dibujé con lápiz, luego lo rotulé, lo coloreé y al final puse los textos, que era lo más complicado”, comentó Gabriel, residente en un recóndito pueblo extremeño llamado Don Benito que, según él, “ya es casi una ciudad”.
El Guión y las ilustraciones de los 52 capítulos que conforman la primera parte de Don Quijote de la Mancha son obra de este jovencito con anteojos, que tiene las ideas muy claras a la hora de explicar el uso de tantos colores que contrastan con los tonos arenosos de la meseta manchega.
“Elegí estos colores para que llamaran más la atención y darle más originalidad al libro”, aseguró Gabriel quien no dudó en elegir amarillos, rojos, violetas y verdes para los dibujos de unas 135 páginas, en cuya tapa aparece Don Quijote vistiendo su armadura y empuñando la espada sobre Rocinante.
Gabriel, que no es un novato en este trabajo, ya está embarcado en la conversión en comic de la segunda parte del Quijote, que consta de 74 capítulos, alejando sus escenarios de la meseta ibérica y adentrándose en Zaragoza y Barcelona, donde el caballero andante y su escudero Sancho Panza verán por primera vez el mar.
“Intentaré terminarla a mitad de año porque ahora voy más rápido”, confesó Gabriel, que trabaja en un estudio ubicado en la planta alta del chalet en el que vive con sus padres.