- Tamame, chiquito pero matón y con un gran historial en el karate do
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Con su pequeña estatura bien podría imaginársele como un peleador de peso mínimo en boxeo, pero Eynar Tamame de Granma, Cuba, jamás pensó practicar un deporte en el que no usara las piernas.
Su primera y más grande pasión fue el futbol, con Diego Armando Maradona como su ídolo. Jugando como delantero, anotó muchos goles en las calles de su pueblo natal, Bayamo, celebrando como pensaba que lo haría el futbolista argentino, que le roba aún tanta admiración por su juego.
Pero a falta de promoción del futbol en su país, terminó en un tatami para practicar karate do, bajo la influencia de las películas de Bruce Lee, que veía con los vecinos que querían imitar al actor asiático.
Han pasado 15 años desde que se puso por primera vez en posición de combate frente a un semsei (maestro), sin imaginarse que se convertiría en todo un referente en torneos de primer nivel, a pesar de soportar el rechazo, al inicio de su carrera, por no tener el prototipo deportivo para la disciplina.
“Soy la excepción de la regla. Siempre buscan atletas de estatura, más en Cuba, los buscan mulatos (negros) y fuertes. Pero para llegar a demostrar que era la excepción de la regla, me tuve que esforzar mucho por la discriminación que existe por lo del prototipo deportivo”, recuerda Tamame, ahora actual campeón Panamericano de karate do en menos 60 kilos.
Su cuerpo fibroso y de aspecto atlético no esconde para nada sus 1.59 metros de estatura, pero basta conversar unos minutos con el admirador de Maná, Maradona y todo tipo de género musical, para darse cuenta que se trata de un karateca que estudia muy metódico.
“Me considero alguien que domina tiempos y espacios. Tampoco soy rápido como algunos creen, más bien, sé cómo atacar y la experiencia de 10 años con la selección cubana me ha vuelto más hábil para estudiar a los rivales”, explica el isleño.
El cubano de 27 años, conversador, bullanguero y animador de primera fuera del tatami, asegura que preferiría volver al tiempo cuando comenzó a dar los primeros pasos en karate.
“Cada vez que voy a un torneo siento más y más presión, porque sé que muchos están pendientes de mis resultados. Saben quién es Tamame y me da temor no responder a lo que esperan de mí. Me da temor decepcionar a mis entrenadores y a mí mismo, que es peor”, agrega Tamame.
“Me miran gritando en las tribunas, como alguien guapo (fajador) y no soy ese. No saben que soy un cobarde (se ríe) que me disfrazo con esa cortina para no sentirme delatado. He perdido la confianza en mí, es raro pero desde que he tenido mejores resultados me pasa eso”, comentó curiosamente el pequeño gigante cubano.