CORRESPONSAL/CHINANDEGA
Al río San Juan se le percibe como un sitio de conflicto. Los mensajes que refieren que “el río San Juan es nica”, fortalecen el amor patrio de los nicaragüenses, pero no movilizan al Gobierno de Nicaragua, ni al de Costa Rica a atender los problemas de la zona.
Así lo demuestra la investigación que hizo recientemente el chinandegano Roberto Emilio Baca Plazaola, biólogo marino con maestría en gestión ambiental y ecoturismo, de la Universidad de Costa Rica, en su tesis: El río San Juan: el turismo y su impacto en una comunidad fronteriza centroamericana.
LP: ¿Cuál es la proporción que corresponde a ambos países?
RB: Su extensión es de 38 mil 500 kilómetros cuadrados. Pertenece en un 66 por ciento a Nicaragua y un 34 a Costa Rica. Son datos que se deben manejar para tener visión de lo que ocurre allá. Toda la actividad que se desarrolla dentro de la cuenta es desordenada. Se debe de planificar el tipo de actividad que se necesita, ver al bosque como fuente de ingresos y con enfoque de desarrollo.
LP: ¿Cuánta gente vive allí y de qué lado está?
RB: Del lado de Nicaragua se encuentran los municipios de San Carlos, El Castillo, San Juan de Nicaragua y del lado de Costa Rica: Los Chiles, San Carlos, Sarapiquí, Palas, Potosí y Guatusos. Se calcula que viven en esa extensión de tierra 500 mil habitantes.
LP: ¿Cómo usan sus recursos?
RB: Río San Juan, como valor hídrico es inmenso. Las actividades que se realizan son agrícolas y pecuarias. Los pesticidas con la lluvia llegan a la cuenca. De ambos lados se da la contaminación. La otra amenaza es la deforestación. El despale podría hacer desaparecer los recursos. De repente se ve que se extraen 8 mil árboles de caoba, se trasladan a Costa Rica y se venden a razón de 350 córdobas.
Los monitoreos indican que se está perjudicando el recurso y que la contaminación es de ambos lados, aunque la mayoría de la población se encuentra del lado costarricense.
Se observa sedimentación que impide navegar sobre el río con mayor agilidad. En verano se demora 14 horas para llegar a San Juan de Nicaragua. En invierno el mismo recorrido se hace en 7 horas. El río es la columna vertebral para movilizarse, una vía de comunicación entre los moradores, pero sobre ella pende una fuerte amenaza.
Las comunidades deben reforestar y ver al bosque como fuente de ingreso. Pero sienten que ninguno de los dos gobiernos les apoya, porque sólo tuvieron asistencia de organismos y agencias de cooperación y descentralización que alivia simplemente, pero siguen siendo los pies descalzos de Nicaragua.
LP: ¿Cuál es la mejor forma de salvarlo?
RB: El ecoturismo es una actividad sostenible y la mejor alternativa. Las comunidades de hecho han cambiado y visualizan que percibirían más ingresos con el turismo. Saben que les resulta económicamente más atractivo recibir visitantes. Ellos (los habitantes) se empeñan en mejorar la oferta de, por ejemplo, los servicios de canoas para ver los caimanes, la venta de cuajadas, porque los turistas quieren degustar la comida de la localidad, conocer su cultura, su costumbre, el folclor, sus bailes. Los guías turísticos con licencia para laborar se encargan de enseñarlo, los dueños de cayucos sugieren nuevos sitios para viajes más específicos y los dueños de restaurantes y hoteles multiplicaron sus paquetes, para quienes decidan quedarse más tiempo. Se conoce que del total de negocios en la zona, el 80 por ciento fue instalado con recursos propios de los oriundos de la localidad, y el 20 por ciento, nicaragüenses de otros puntos de la geografía local. Ambientalmente han cambiado sus prácticas y sus actitudes. La basura no la tiran el suelo, la recogen. Se sensibilizan y conservan lo que tienen a su alrededor. La organización se demora en caminar. Hace 16 años se inició la actividad turística (que antes se estancó) por efecto de la guerra fratricida entre los nicaragüenses. El trillado problema sociocultural del peso de la política salió a relucir nuevamente.
LA XENOFOBIA
Por otra parte, para el experto, los medios de comunicación de ambos países se han encargado de fomentar la xenofobia. “La hemos alimentado. Reducir la xenofobia debe ser punto de agenda y otro punto sería la conservación de la naturaleza”, estima Baca Plazaola.