La Responsabilidad Social Empresarial (mejor conocida por sus siglas como RSE) es un tema que es interiorizado por el empresariado nicaragüense cada vez con mayor relevancia.
Unos, porque las estructuras corporativas (en el caso de multinacionales) la están transfiriendo a las expresiones o subsidiarias locales; otras, porque están comprendiendo que la actividad empresarial debe estar asociada a siempre mejorar las condiciones de vida de sus colaboradores y su entorno social.
De esa manera contribuyen al desarrollo sostenible del país, a veces sin darse cuenta que lo están haciendo.
El concepto de RSE no es nuevo, sino que está adquiriendo unas dimensiones que van más allá de lo filantrópico o lo anecdótico. Muchas empresas desarrollan ya una diversidad de acciones de responsabilidad social con respecto a los principales grupos de interés con los que se relacionan: colaboradores, clientes, proveedores y la comunidad en general.
¿Cuál es la empresa que ante un problema familiar grave o una necesidad acuciante de un colaborador no tiene el mínimo interés de intentar ofrecerle su ayuda? O ¿cuál es la empresa que se despreocupa de que los productos que fabrica puedan generar daños graves al medio ambiente? O, ¿cuál es la empresa instalada en un municipio de pequeño o mediano tamaño que no colabora de alguna forma en una importante iniciativa que la Alcaldía local promueve para el desarrollo municipal y para la que se le solicita una ayuda que puede ofrecer?
En este contexto, la RSE es un estado de conciencia del impacto positivo o negativo de lo que hacemos o dejamos de hacer como ciudadanos corporativos, lo que implica que, aunque el lucro es uno de los ejes principales por los que se rige una empresa, en una economía de mercado, existe también una economía social, cuyo fin esencial es la calidad del servicio a los consumidores y de las prestaciones sociales a sus colaboradores, donde el Estado juega un papel importante como normador, regulador y facilitador de esas condiciones.
De otro lado, es importante entender la RSE en su dimensión conceptual, pues existen diversas maneras de enfocarla y aplicarla. Se destaca el modelo de Excelencia Empresarial Europeo (1989-2000) que estableció un sistema de auditoría para evaluar los resultados alcanzados en la gestión empresarial en tres grupos clave de interés: clientes, trabajadores (colaboradores) y sociedad, así como los tipos y calidad de las acciones desarrolladas para alcanzarlos. Las Naciones Unidas (Global Compact) y la OIT han establecido disposiciones, orientadas fundamentalmente a evitar abusos en las relaciones internacionales, tanto comerciales como laborales.
También, ha surgido el llamado Libro Verde de la Comisión Europea (2001), cuyo fin es “fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas” y en el que se aboga por un mayor compromiso empresarial en esta materia, en la que se destaca el significativo papel que tiene la prevención de riesgos laborales en la RSE.
En América Latina, Acción RSE (Chile 2004) concibe la RSE como “… una visión de los negocios que incorpora el respeto por los valores éticos, las personas, las comunidades y el medio ambiente (…), es vista, por tanto, como un amplio set de políticas, prácticas y programas que son integrados a través de la operación empresarial y que soporta el proceso de toma de decisiones y es premiado por la administración”.
Así también, esta organización ha elaborado indicadores de responsabilidad social empresarial, como una herramienta de gestión y evaluación para las empresas interesadas en desempeñarse de forma socialmente responsable.
Todo esto, no ha surgido de la nada, sino que como consecuencia de las limitaciones de la productividad y de la innovación en Europa y Estados Unidos; la fractura entre los valores éticos y el desarrollo empresarial (casos Enron y Parmalat por mencionar algunos); la organización del trabajo anclada en viejos modelos que ha generado trabajadores desmotivados; la gravedad del deterioro medioambiental, los graves desequilibrios sociales en el mundo, el poder económico real en manos de multinacionales y el imparable fenómeno de la inmigración (cada día en aumento), hacen de la RSE una necesidad ineludible para la sociedad en general, y no un paliativo circunstancial, en la que las empresas deben involucrarse, al mismo ritmo de la dinámica de la economía, como activos tangibles para el desarrollo económico y sostenible de Nicaragua.
Esto significa, que la RSE debe implicar el desarrollo de la equidad, mediante unas relaciones justas y solidarias con la sociedad: colaboradores, clientes, proveedores y comunidad, que traducido, no es más que hacer negocios de nuevo tipo, pues las exclusiones suelen ser caldo de cultivo para conflictos sociales imprevisibles.
“La justicia es indispensable para la realización de los negocios”, (Cicerón, 50 a. de C.).