El “cordón umbilical” no debe ser totalmente cortado
¿Me preocupo por mi hijo que estudia en la universidad?
El cambio de la enseñanza media a la universitaria no resulta nada sencillo por diversos factores en que no sólo hay un cambio de enseñanza dentro de un sistema (desgraciadamente no lo suficiente interconectado) sino un cambio de vida prácticamente, donde cambia el uniforme, el horario de clases, la atención de los padres hacia el estudiante, reitero: la atención de los padres hacia el estudiante.
Recientemente me llamaba una mamá, la cual tiene un hijo que estudia en la universidad donde laboro, para preguntarme: ¿Puedo llegar para ver por qué mi hijo quedó aplazado en Español, en un curso de verano? Realmente la interrogante me costó de inicio entenderla, la respuesta pensada fue la siguiente: estimada señora, ¿su hijo es de nuevo ingreso? Sí, respondió la madre. ¿Qué tiempo hace se graduó del bachillerato? “Solamente un mes… en diciembre fue su graduación y en enero comenzó a estudiar en la universidad”, respondió.
La reflexión del diálogo que continuó por varios minutos me hacía pensar que ese joven hacía escasamente un par de meses que había dejado de usar el uniforme azul y blanco, de un sistema relativamente cerrado en cuanto a horario —entra a las 7:00 a.m. y concluye a las 12:40 p.m. (aunque puede cambiar en función del tipo de centro, estatal o privado)— donde un turno de clase fluye detrás del otro, a un sistema abierto en que no necesariamente el estudiante recibe las clases de forma continua, clases de 7:00 a.m. a 8:50 a.m. y posteriormente de 11:00 a.m. a 1:00 p.m., donde hay un par de horas que posiblemente desaprovecha y que en la universidad suele sentirla como un par de horas de ocio, cuando realmente deberían ser de autoestudio.
Las universidades no suelen desarrollar reuniones de padres y madres —posiblemente algo engorroso para el joven estudiante que se siente “adulto” y sería para él o ella una vergüenza que todavía te estén ‘chineando’ como chavalito”— sin embargo, ¿lo anterior significa que los padres y madres deben “desconectarse” totalmente de lo que le sucede a su hijo académicamente? Al menos la mamá con la que conversé, lo había hecho.
Si bien es cierto que el joven cuando alcanza los 17 ó 18 años requiere de una cierta independencia, donde ya debe enfrentarse a no sólo conocer de la realidad de los hechos, donde la vida no resulta tan sencilla sino también a enfrentarlos, “el cordón umbilical” no debe ser totalmente cortado. La vida universitaria va más allá de que el joven al llegar a la casa tire los cuadernos en la cama, y cuando le preguntamos “¿y las tareas?”, respondan: ¡ya las hice en la escuela!
Finalmente le recomendé que hablase con el docente para que analizasen por qué los malos resultados en la asignatura.
Por cierto, ¿usted está al tanto del comportamiento de su hijo en la universidad?