“KID” PARET (Izqda.)murió después de esta paliza ante Griffith. (LA PRENSA/Ap)

¿QUIÉN MATÓ A PARET?

Una pelea que no debió realizarse [doap_box title=»No fue el mismo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Emilie Griffith quedó destrozado. “Nunca fue mi intención”, dijo. Antes de ese round 12, las peleas anteriores con “Kid” Paret, mostraban momentos más violentos. No fue lo de marica, lo que intensificó la furia de Emile, el verdugo. Quienes vieron Corrales-Castillo, tuvieron […]

  • Una pelea que no debió realizarse
[doap_box title=»No fue el mismo» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Emilie Griffith quedó destrozado. “Nunca fue mi intención”, dijo. Antes de ese round 12, las peleas anteriores con “Kid” Paret, mostraban momentos más violentos. No fue lo de marica, lo que intensificó la furia de Emile, el verdugo.

Quienes vieron Corrales-Castillo, tuvieron la impresión de estar en presencia de dos tipos que querían matarse. Es la naturaleza del boxeo.

Griffith tiene ahora 68 años. Como todos los boxeadores, se vio sumergido en dificultades económicas, llegando a dormir en un colchón en el suelo.

Después de la muerte de Paret, Griffith admitió que sentía temor al golpear a un adversario y fue refugiándose es sus habilidades.

En 1971, ya veterano, enfrentó a Carlos Monzón en Buenos Aires y lo tenía en aprietos cuando fue noqueado técnicamente en el round 14. Su última pelea fue con Tony Mundine en 1973.

Fue visto en los bar gays, se vio en varias complicaciones y su mejor recuerdo del boxeo, es haber sido el primero en noquear a Paret en abril de 1961. El peor, estar de pie ante el adversario caído y destruido el 24 de marzo de 1962.

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Hace 45 años Griffith atacó con furia

El boxeo resulta a veces brutal, y trágico. Hay peleas de salvajismo puro que arrugan los corazones, desajustan los sentidos y erizan la piel, como Frazier-Alí, Hearns-Leonard, Alacrán-Chionoi, Argüello-Pryor, Castillo-Corrales, Morales- Pacquiao, y por supuesto, la que sostuvieron el 24 de marzo de 1962, hace 45 años, Emile Griffith y Benny “Kid” Paret, en el Madison Square Garden de Nueva York.

Griffith de 24 años, y Paret, un cubano de 25, habían cultivado una agresiva rivalidad durante las dos peleas que sostuvieron en 1961, con Griffith imponiéndose por nocaut en la primera, y Paret ajustando cuentas por puntos en la revancha.

Aquella noche, ellos estaban entre las cuerdas por tercera vez después de una tormentosa ceremonia de pesaje, durante la cual, Paret además de ofender a Griffith diciéndole marica, le tocó el trasero, y todavía agregó: “Odio a esta clase de tipos. Un boxeador tiene que parecer y actuar como un hombre”.

Amenaza y muerte

“Te voy a matar”, le dijo Griffith, en una reacción considerada natural. Pero, ¿quién iba a tomar esa amenaza en serio? Nadie, mucho menos Paret.

Pero, exactamente eso fue lo que ocurrió.

Con una furiosa, precisa e implacable descarga de 18 golpes, Griffith machacó la cabeza de Paret en el round 12, ante la angustia de 7,600 aficionados envueltos en el humo producido por los puros y los cigarrillos.

Cuando la acción fue detenida, Paret ya no pertenecía a este mundo. Salió en coma del Garden y nunca reaccionó. Murió 10 días después y el boxeo fue sacudido por un terremoto de cuestionamientos.

Relata Norman Mailer que Paret yacía en la lona, derrumbado, totalmente inerte, con espuma saliendo de su boca. El médico se arrodilló, inspeccionó el párpado y el glóbulo ocular que miraba fijamente. Volvió a bajar el párpado, tomó una aguja y le inyectó un estimulante. La espalda de Paret se arqueó como respondiendo al llamado que regresara de la muerte. No lo logró. Si hubiese vivido, habría sido un vegetal.

“Se trata de autorizar homicidios con guantes”, escribieron en Sports Illustrated.

La furia de Griffith

Calificado como un formidable peleador, Griffith dominó la pelea en los primeros asaltos pero fue derribado en el sexto. Tenía que apurarse y logró intensificar la presión obligando a Paret a debilitarse.

En el round doce, Griffith fue a fondo, no propiamente impulsado por el odio como se ha manejado por el desenlace, sino por la imperiosa necesidad de recuperar el cinturón de las 147 libras.

“Es el momento. ¡Mátalo!”, le gritó el ahora entrenador del Salón de la Fama, Gil Clancy, según lo presentado en el excelente documental Ring de Fuego, visto el año pasado.

Y Griffith, con la gran oportunidad de terminarlo todo, atacó con mayor ferocidad. El público seguramente sintió escalofríos recorriendo sus espaldas, mientras muchos se preguntaban ¿Dónde está el réferi? ¡Por Dios, que pare eso!

Ruby Golstein tenía una sólida reputación. Sabía que la situación era de alto riesgo, pero estaba un título en disputa. Puede haber sentido el impulso de intervenir, pero, ¿cuántos púgiles habían regresado milagrosamente del más allá para provocar victorias heroicas? El réferi consideró que Paret, pese a la forma en que era golpeado, merecía unos segundos más.

Fue fatal. Señor Goldstein, perder un cinturón es algo muy diferente a perder la vida. ¿No pudo pensar en eso?

Más culpables

Manuel Alfaro, el manager de Paret, quien estaba en la esquina, saltó hacia el cuerpo desvanecido. ¡Diablos!, ¿por qué no lo hizo a tiempo? Alfaro fue testigo de la paliza que recibió Paret tres meses antes frente a Gene Fullmer. Se dice que fue un golpeo tan intenso y destructivo a la cabeza, que todos sintieron la necesidad de tomar urgentemente un potente analgésico.

Algo más. En Ring de Fuego se asegura que Paret estuvo quejándose en las comunicaciones con su esposa, de dolores en la cabeza.

Cierto, no existían los exámenes de Resonancia Magnética, pero… ¿Dónde estaba el diagnóstico médico que en tan corto tiempo, habilitaba a Paret para tomar otro riesgo mayúsculo? Y la gente de la Comisión de Boxeo de Nueva York, ¿qué responsabilidad tuvo?

Así que, no es fácil fijar quién mató a Kid Paret la noche del 24 de marzo de 1962, hace 45 años.

Esa pelea no debió haberse programado tres meses después de la brutal paliza propinada por Fullmer; el árbitro Goldstein falló al no intervenir con la prontitud requerida; Manuel Alfaro, el manager en la esquina de Paret, no supo reaccionar oportunamente y decidir parar la acción. ¿Qué tan incidente fue el grito de Clancy, ¡Mátalo Emile!?

Siempre es difícil explicar una muerte como la del peleador cubano. Sólo nos queda aferrarnos a la Ley de Murphy, “si algo va a fallar, fallará”.

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