Una relación a la deriva

¿Hacia dónde van las relaciones con Costa Rica? Nadie en las cancillerías de Managua y San José parece saberlo. Tampoco parece que les importe mucho. Aun ninguna luz perceptible sale de la nebulosa y secretiva política de la administración Ortega-Murillo al respecto. Del otro lado, el flamante Nobel Oscar Arias vuela muy alto en los […]

¿Hacia dónde van las relaciones con Costa Rica? Nadie en las cancillerías de Managua y San José parece saberlo. Tampoco parece que les importe mucho.

Aun ninguna luz perceptible sale de la nebulosa y secretiva política de la administración Ortega-Murillo al respecto. Del otro lado, el flamante Nobel Oscar Arias vuela muy alto en los salones mundiales y no halla tiempo para “cosillas” tan insignificantes como las relaciones con su vecino del Norte. No hemos tenido visitas presidenciales ni se habla de ello.

Los únicos signos nuevos de vida que hay en las relaciones bilaterales es la designación del embajador nicaragüense y la reciente decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Pese a algunos años de experiencia en consulados de Estados Unidos, es evidente que el nombramiento de Harold Rivas Reyes es político. Hermano del presidente del CSE Roberto Rivas, al igual que éste, está bajo la sombra del cardenal Miguel Obando y Bravo, ahora un aliado político de Daniel Ortega.

Contra Harold Rivas Reyes pesan acusaciones muy serias de la desaparición de 85 mil dólares en Washington, de giros de cheques con destinos desconocidos y hasta de comprometer los ingresos del consulado para obtener un préstamo bancario. Todo esto proviene de una auditoría de la Contraloría General de la República. Si nuestro país fuera un Estado serio y del imperio de la ley, el señor Rivas Reyes al menos estaría bajo una investigación criminal.

Según se puede interpretar, la idea es aprovechar la experiencia en el trabajo con emigrantes del nuevo embajador, dada la presencia de unos 400 mil compatriotas.

Estoy de acuerdo con que el embajador en Costa Rica, nuestra relación bilateral más importante en Centroamérica y la más importante detrás de nuestros lazos con EE.UU. y ahora con Venezuela, sea un cargo de confianza del presidente. Sin embargo, la relación con San José es estratégica, demanda muchas destrezas políticas y trasciende lo estrictamente migratorio. Y la idoneidad no reside en la experiencia — supuesta o real— de una persona en solamente uno de los campos.

Cuando aún la confirmación de Rivas era noticia, cometió su primera pifia al sugerir que buscaría una amnistía migratoria. Inmediatamente hubo un rechazo del gobierno tico. Lanzar semejante idea es una prueba de ignorancia sobre el ambiente político allá.

Todos estas críticas no se refieren solamente al nuevo representante. En la administración Bolaños hubo en cargos de embajadores (personas) que difícilmente eran idóneas.

¿Y qué hace el embajador de Costa Rica en Nicaragua? No se le conoce la cara ni tampoco la voz. Al menos su nombre está en los sitios web de las cancillerías.

En casa de los vecinos, también los cargos de embajadores son generalmente políticos y se les da a personajes venidos a menos, como premios a colaboradores de la campaña electoral. Como ha sido el caso del consulado en Managua, un nombramiento puede ser lucrativo si el cónsul percibe un porcentaje del dinero cobrado por las visas.

Pocas veces se otorgan estos puestos a diplomáticos de carrera. Desde que en 2001 dejó el cargo el enérgico don Edgard Ugalde, hoy vicecanciller y agente en el caso por los derechos de navegación del río San Juan en la Corte Internacional de Justicia, no hemos tenido enviados costarricenses de gran calibre.

A ambos lados impera en los círculos políticos un desconocimiento muy grande del país vecino y de su política. ¿Cómo interpretar que a Arias se le pueda ocurrir sugerirle a Daniel Ortega que nombrase a su hermano Humberto como embajador? ¿Ignora Arias las serias diferencias que entre ambos han existido? Cabe preguntarse, asimismo, si un hombre con tantos intereses económicos en ese país es la mejor alternativa.

Incuestionablemente, la disputa por el San Juan ha dejado su marca en las relaciones bilaterales pero es positivo que el asunto esté en la Corte de la Haya y que las dos partes aceptarán el veredicto.

En cuanto a la decisión de la CIDH que declaró inadmisible la demanda de Nicaragua por violación de los derechos humanos de los nicas, podemos decir que fue rechazado por defectos de forma. Y tampoco porque lo diga la CIDH, es falso que no haya xenofobia, abusos, explotación y maltrato a los inmigrantes nicaragüenses. Miedo a sentar un precedente en un asunto tan espinoso entre Estados, aparenta ser un motivo.

Más de 400 mil nicaragüenses en Costa Rica, las grandes posibilidades de cooperación en regiones limítrofes, los 58 millones de dólares que exportamos y los 255 millones que importamos en 2006, según cifras del Banco Central y la condena eterna a ser vecinos, nos obligan a revitalizar las relaciones.

No es éste solamente el trabajo de los gobiernos. El sector empresarial puede aportar muchas cosas.

Ayer leía que Costa Rica acaba de ganar dos primeros premios de turismo mundiales; uno como mejor destino de cruceros y otro por tener los mejores guías turísticos. Bravo por los ticos. ¿No habría un modo de aprovechar o aprender de ese avance turístico de nuestros vecinos para nuestra promoción del turismo? ¿Por qué solamente el Gobierno podría dar una respuesta?

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