Nuestra capacidad transformadora

Hace un poco menos de un año entró en vigencia el tratado de libre comercio entre Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos (DR-Cafta por sus siglas en inglés). Según los pronósticos a estas alturas el país debería estar derrumbándose y tendríamos tiendas abarrotadas de productos estadounidenses y obreros “cheles”. En fin seríamos un apéndice […]

Hace un poco menos de un año entró en vigencia el tratado de libre comercio entre Centroamérica y República Dominicana con Estados Unidos (DR-Cafta por sus siglas en inglés). Según los pronósticos a estas alturas el país debería estar derrumbándose y tendríamos tiendas abarrotadas de productos estadounidenses y obreros “cheles”. En fin seríamos un apéndice de la economía norteamericana.

Todavía no llegamos a eso y al parecer todavía hace falta mucho tiempo. Es más, nos enfrentamos a otro monstruo como es la Unión Europea (UE), y después, sin tener que negociar ningún tratado, nos va a tocar lidiar con China Continental. Esas son realidades del comercio y la economía mundiales donde las rabietas van a pasar a segundo plano, para dar lugar al sentido común.

No se trata de determinismo, sino de realismo. La economía mundial ya no se define dentro de las fronteras de los países, sino en la arena internacional. Por eso cada vez los conflictos comerciales suben de tono, y las disputas entre los países están en un libro abierto.

La gente tiene más acceso a la información y para nadie es un secreto que los países africanos se trenzaron en una dura batalla contra Estados Unidos por el tema del algodón, o que los países menos desarrollados han llevado contra las cuerdas a la Unión Europea o los mismos Estados Unidos por el tema de los subsidios agrícolas.

Ya no somos tan ingenuos como para aceptar a ciegas todo lo que se nos ponga enfrente. Por eso es que el DR-Cafta no ha causado los daños que vaticinaron sus detractores y tampoco nos convirtió en una economía de primer mundo como lo dijeron sus defensores.

Es fácil decir, lo difícil es hacer. Y ahora, los acorralados somos nosotros pues llegó el tiempo de dejar de hablar y empezar a hacer. Así de sencillo.

La cooperación va a seguir, a decir verdad no deja de ser un negocio. Pero con eso no sacamos adelante un país. A lo sumo lo mantendremos igual sin muchos sobresaltos, pero no aspiremos a más.

Los tratados comerciales son para facilitar el intercambio comercial, la idea es que podamos vender lo que tenemos en mejores condiciones. A partir de la negociación, firma y puesta en vigencia del DR-Cafta, diversos sectores de la sociedad enfilaron sus baterías en contra o a favor del tratado.

Fue un ejercicio saludable si nos atenemos a que fue la primera vez que las organizaciones de la sociedad reaccionaron ante una negociación de este tipo. Corrieron verdaderos ríos de tinta criticando o alabando el tratado. Ángel y demonio a la vez. Quizás influyó la contraparte, que en la historia nacional ha jugado un papel controversial y traumático. Pero más allá de la defensa del mismo o la crítica más feroz, el ejercicio fue más que saludable.

Cuando unos meses antes que comenzaran las negociaciones en firme, pero cuando los países centroamericanos ya estaban trabajando lo que se llamó las “pre-rondas”, y comencé a preguntar qué opinaban sobre las mismas todos coincidieron en algo. A nadie le importaba.

Incluso los únicos, fuera de los equipos negociadores que sabías del curso de las primeras negociaciones, fuimos los periodistas. El resto del mundo no le puso atención. Sólo algunos diputados, como la de la bancada sandinista Alba Palacios o Carlos Noguera de la bancada del Partido Liberal Constitucionalista. Fue hasta muy avanzadas las negociaciones que las organizaciones empezaron a reaccionar y con fuerza.

Pero digo esto, porque no quiero centrarme en este tratado. Ya antes se firmó uno con México, mal negociado, mal aplicado y que todavía sigue dando dolores de cabeza. Nadie dijo nada, o como dicen “no oímos nada, no vimos nada, no sentimos nada”. Pero ya antes había un tratado con Centroamérica, nuestro principal socio comercial, el cual sigue en negociación permanente, ya que falta resolver serios escollos. Igual nadie dijo nada. Quizás si la reacción de la sociedad civil hubiese sido la misma que con el DR-Cafta, nuestras negociaciones comerciales tendrían otro final.

Otro ejemplo, la Unión Aduanera, se habla y se habla de ella y siempre lo mismo. Pero hay muchos temas que como consumidores, como ciudadanos, como comerciantes, como empresarios nos afectan. Y qué sabemos de ello, cuántos estudios, fuera de los gobiernos, se han hecho para hacer que las sociedades se involucren. Me atrevo a decir que cualquier acuerdo en este sentido puede tener más repercusiones que el mismo DR-Cafta. Recordemos que está en juego el tráfico de personas, libre comercio entre países que producen casi lo mismo, Estados Unidos no produce lo que nosotros producimos ni nosotros lo que ellos hacen.

Pero con Centroamérica sí, y por eso es que se habla que “sólo falta el cinco por ciento” de los productos por negociarse. Pero lo que no se dice es que ese cinco por ciento es casi el ciento por ciento del comercio intrarregional. Son más de 350 productos. Pero por qué la sociedad civil no reacciona en este aspecto tan medular que definirá también el futuro de las negociaciones con la Unión Europea, la aplicación de los otros tratados comerciales que tiene la región.

Es fácil hablar de integración, de unidad latinoamericana, de sueños de fraternidad. Esas son palabras cuando se pierde la perspectiva de la realidad. Bolívar, Sandino, O’Higgins, Artigas pudieron soñar con una Latinoamérica Unida, pero a ese sueño ¿qué realidad le ofrecemos? ¿Seguir soñando? La Unión Europea lleva 40 años en ese esfuerzo y siguen haciéndolo.

Es decir no basta soñar, todos lo intentaron Francisco Morazán y Simón Bolívar casi lo lograron, pero las individualidades de cada país, sometidos por las armas, fue un escenario totalmente adverso. No es necesario un solo país, es una ilusión, pero sí se puede impulsar una región unida, un continente unido, si aprendemos por lo más elemental. Conociendo nuestras propias realidades individuales. Y para ello es necesario la participación de toda la sociedad y para ello el DR-Cafta nos enseñó más de lo que creemos, que somos capaces de participar y aportar en los procesos de transformación de nuestra sociedad.

El autor es periodista

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