Cinco perros calientes y el Oscar para la cinta de Alejandro González Iñárritu, Babel.
Babel
¿Se podría hacer un recuento de votos para saber por cuánto perdió Babel contra Los Infiltrados en los Oscar a Mejor Película? Yo lo pediría porque en verdad, la producción del estadounidense Martin Scorsese queda totalmente opacada y empequeñecida ante el trabajo del mexicano Alejandro González Iñárritu.
Tal vez lo único en contra es que el director mexicano enlaza las historias a como lo ha hecho en Amores Perros, pero nada más hay que esperar los primeros diez minutos para convencerse de que Babel era una mejor propuesta que la de Scorsese.
Y a los que digan que se trata de una espina que tengo clavada, pues no me importa. Mantengo y sostengo que Scorsese no merecía el Oscar —aunque uno honorífico no hubiera estado mal— y que las otras propuestas (Babel y El Laberinto del Fauno) eran mucho mejores que su película de hampones y bandidos.
Babel es un enjambre de historias que comienza en Marruecos con unos niños traviesos; sigue en Estados Unidos, con una empleada mexicana negligente y luego se traslada a Asia, donde una japonesa adolescente lucha por descubrir sus sentimientos y dejar que todo lo que tiene atrapado en sus años inocentes reviente.
La propuesta se enmarca dentro del terrorismo, pero de ahí, sus raíces se extienden a la locura de la cultura latina, al subterráneo movimiento de los sentimientos de los adolescentes expuestos a los peligros de la droga y a un pueblo estigmatizado por una guerra y un pasado que los alcanza hasta hacerlos víctimas de los actos de sus ancestros.
Nadie quedará al margen en esta película, desde el grupo de jóvenes que consumen éxtasis como si fueran pastillas de menta hasta los atemorizados turistas perdidos en Marruecos que podrían morir ante una turba de incivilizados.
Sí, hay similitudes con Amores Perros pero se ve que también hay una madurez en su propuesta, profundidad en el desarrollo y sencillez en el mensaje.
Nada más atemorizante que mecerse en un columpio mientras a miles de kilómetros un par de niños se mueren de sed y más lejos, otros dos hermanos se culpan por haber desencadenado un conflicto internacional.
Es como ver convertirse el aleteo de una mariposa en un huracán, en ver crecer la onda en el agua en un maremoto, en un efecto dominó que nadie sabe cómo detenerlo.