Aún no hace un envío en Grandes Ligas, pero todo hace indicar que el éxito es un asunto de tiempo para Daisuke Matsuzaka, adquirido por Boston tras una inversión de 103 millones de dólares.
Cada prueba que ha enfrentado en esta transición a las Mayores, Matsuzaka la ha resuelto con facilidad, mientras reduce el círculo de escépticos, quizá porque de hecho, desde joven ha estado sometido a los retos.
En su extenso historial de triunfos, hay una gran cantidad de proezas, pero nada volvió a ser igual para Matsuzaka desde su actuación en Koshien -sede del torneo nacional de beisbol colegial de Japón- en 1988.
Durante un fin de semana, Matsuzaka comenzó con un triunfo para el que debió trabajar 17 entradas con 250 lanzamientos. Al día siguiente salvó un partido en un breve relevo, y un día después, tiró un no hitter en el duelo por el título.
Desde entonces comenzó a llamársele tesoro nacional y su familiaridad con los medios es tal, que luce de lo más tranquilo y resuelve cada pregunta con facilidad a los casi 150 reporteros y fotógrafos que le siguen cada día.
La tarde del miércoles, no pasó dificultades para sujetar a los Marlins durante tres innings, en su primer enfrentamiento ante bateadores de Grandes Ligas. Realizó 47 disparos, de los cuales 31 fueron strikes, la mayoría a 94 millas.
“No estoy satisfecho con mi trabajo, pero considerando el tiempo, está bien”, dijo a la prensa Matsuzaka, quien sorprendió a los Medias Rojas al realizar una sesión de bullpen de 40 envíos, un día antes de subir a la colina ante Florida.
El beisbol no se analiza a través de fórmulas que aseguren el éxito. En 1996 los Yanquis adquirieron a Hideki Irabu, el mejor brazo japonés de aquel momento y fue un rotundo fracaso. Con Matsuzaka, Boston parece haber realizado la inversión correcta.
Pero siempre es prudente esperar. Esto es beisbol.