(LA PRENSA/ILUSTRACIÓN: EDUARDO ESPINALES)

MAYORGA Y DUBOIS CRECIERON

Dos arqueros que alcanzaron planos cimeros en el área [doap_box title=»Mayorga y Dubois» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Róger Mayorga era más sobrio que Salvador Dubois. Desarrolló un notable sentido del anticipo, sabía cerrar ángulos con prontitud y daba la impresión de cubrir todo el arco. Sus reflejos eran prodigiosos y sus manos, poderosas tenazas. Una noche en […]

  • Dos arqueros que alcanzaron planos cimeros en el área
[doap_box title=»Mayorga y Dubois» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Róger Mayorga era más sobrio que Salvador Dubois. Desarrolló un notable sentido del anticipo, sabía cerrar ángulos con prontitud y daba la impresión de cubrir todo el arco. Sus reflejos eran prodigiosos y sus manos, poderosas tenazas. Una noche en San José, jugando para el Aurora de Guatemala, lo vi detener dos penales contra el Alajuela en el Torneo de Campeones, uno de esos disparos fue de Errol Daniels, un auténtico cañonazo.

Aquí, lo vi contra Diriangén, deteniendo uno de «Catarrito» Cuadra y otro de «El Cuervo» Ocampo. Pero si hay una actuación de Róger que todavía retengo actualizada, fue aquella tarde lluviosa del año 66 o 67, cuando custodiaba el portón del Rincón Español, y al quedar su equipo con 9 hombres frente al impetuoso Santa Cecilia, tuvo que hacer de Batman, Hombre Araña y Flash, para poder resistir un bombardeo implacable hasta que finalmente fue perforado una vez.

Jugó en Guatemala, El Salvador y Honduras, siempre resplandeciendo.

Dubois fue más espectacular por su flexibilidad y buen manejo del área. Con menos presencia física que Róger cultivó una llamativa astucia y su valentía era a prueba de huracanes. Lo vieron en Tegucigalpa robarse el show en una batalla Cecilia-Olimpia, y decidieron contratarlo. Estuvo largo tiempo impresionando con el Motagua, y vino con ese equipo a fajarse con el UCA en el Estadio Nacional en 1969.

Hoy, con el esfuerzo desplegado contra la adversidad, mostrando interesantes valores individuales sedientos de pulimento y fogueo en un nivel superior de competencia, se han abierto espacio para futbolistas nicas.

Puede que en el concierto centroamericano, que es en el que se mueven nuestras pretensiones, comencemos a salir del valle de lágrimas.

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NICAS EN EL FUTBOL CENTROAMERCANO

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    Nuestro futbol, ese valle de lágrimas, diría Juan Rulfo. Pero algo está cambiando. De pronto, descubrimos que tenemos material de exportación y tres nicas batallan por abrirse paso y establecerse en el futbol salvadoreño.

    Fue precisamente en El Salvador, en los años 50, que elogiaron casi sin medida a uno de los grandes arqueros de todos los tiempos que ha producido Nicaragua, Alfredo Artiles “El Flaco”. Qué difícil fue siempre hacerle goles.

    Y fueron dos cuidacabañas, Róger Mayorga y Salvador Dubois, los primeros futbolistas pinoleros en conseguir una gran proyección en el concierto del futbol centroamericano, en la recta final de los años 60.

    Ellos se graduaron con la Selección Nacional. Compartieron responsabilidad y mostraron sus facultades entre los tubos, en aquel triunfo sobre Estudiantes de La Plata en 1966, y en juegos terriblemente desequilibrados contra equipos extranjeros, incluyendo aquel 0-3 frente al Botafogo. Agreguen el rendimiento que registraron en el Norceca de Honduras, cuando Rudy Sobalvarro, falló un penalti que hubiera sido ganador en el último minuto de aquel duelo con los locales, que terminó 1-1.

    Dueños de diferentes estilos, pero próximos en eficacia, Mayorga y Dubois se establecieron rápidamente en Guatemala y Honduras, hasta convertirse en figuras cumbres.

    Desde entonces, ningún otro nica ha alcanzado esa dimensión. Están sí, otros dos arqueros que construyeron una buena reputación en el futbol chapín: Róger Gutiérrez y Ricardo Hernández, y un jugador de campo, Mauricio Cruz, quien funcionó en el futbol hondureño.

    “CATARRITO” Y “PECHé”

    El bravo defensa central Miguel “Chocorrón” Buitrago, rechazó varias ofertas en esa década de los alegres 60, cuando el futbol aprovechó el fin del beisbol profesional, para conseguir una gran difusión y mucha popularidad.

    Se contó en ese momento trascendental con el respaldo del Ingenio San Antonio, Santa Cecilia, la UCA, el pueblo de Diriamba detrás del Diriangén, Julio Tirado y su Rincón Español, don Carlos Hinckel y el Triunfo en el que militaba Salvador “Chava” Dávila.

    La aparición de un hombre de área veloz para penetrar y mortífero para definir, tal fue Manuel “Catarrito” Cuadra, quien realizó una actuación memorable frente al Irapuato de México en el Estadio Nacional, y fue 14 veces líder rompe-redes, nos hizo pensar que llamaría la atención en el circuito y obtendría un buen contrato.

    Eso no llegó a ocurrir, pese a lo que mostró en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1970 y los Juegos C.A. de 1977, estando en plenitud.

    Siempre consideré el mejor futbolista del terruño al excepcional mediocampista Pedro José “Peché” Jirón, del Diriangén, sobre todo, cuando se fajó con destreza, bravura y esa creatividad que siempre lo caracterizó en el Norceca de Honduras en 1968.

    En esa época, pocos jugadores de los otros países del área, recibían ofertas y salían en busca de la grandeza. Eso reducía las posibilidades de los mejores nicas.

    Un caso raro fue el de Rudy Sobalvarro, un deslumbrante driblador que llegó a impactar en el futbol tico con el equipo Uruguay, y firmó contrato con el Milca del futbol pinolero, jugando además con el Santa Cecilia y el UCA, antes de continuar en el futbol salvadoreño.

    Rudy jugaba aquí como nica, pero caminaba como tico, hablaba como tico y jugaba como tico. No había cómo enredarse.

    Regresando con Mayorga y Dubois, hasta hoy nuestros mayores orgullos, ciertamente fueron excelentes y estaban al nivel de los mejores. “El Flaco” Pérez y Emilio Sagot de Costa Rica, la “Araña” Magaña de El Salvador, Nixon García el guatemalteco, y Arzú el hondureño, no eran más que los nicas.

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