Se realizó recientemente en Cochabamba, Bolivia, la Segunda Reunión de los Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones, (CSN).
En esta Segunda Cumbre estuvieron presentes los presidentes Tabaré Vázquez (Uruguay), Nicanor Duarte (Paraguay), Álan García (Perú), Michelle Bachelet (Chile), Hugo Chávez (Venezuela), Bharrat Jagdeo (Guyana), Inácio Lula da Silva (Brasil) y Evo Morales (Bolivia); así como los vicepresidentes Daniel Scioli (Argentina) y Alejandro Serrano (Ecuador); María Rockebert (Ministra de Desarrollo Social de Panamá) y Robby Ramlakhan (Embajador de Surinam).
Asistieron además como invitados especiales Daniel Ortega (Presidente de Nicaragua), Jorge Chen Carpentier (Vicecanciller de México), José Miguel Insulza (Secretario General de la OEA), Enrique García (Presidente de la CAF), Carlos Alberto Álvarez (Secretario Permanente del Comité de Representantes del Mercosur), entre otros.
En esta Cumbre se aprobó la Declaración de Cochabamba, cuyas conclusiones resaltan la necesidad de una integración económica, política y energética en la región. La Declaración establece las bases de un nuevo modelo de integración que reúne dos entidades subregionales de integración en materia económica y comercial, entre otros, como son la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur). Asimismo, aprobó constituir como sede del Parlamento de la Comunidad Sudamericana de Naciones la ciudad de Cochabamba.
Acorde a la Declaración de Cochabamba, la integración sudamericana plantea una serie de objetivos regionales, enfatizando la superación de las asimetrías para una integración equitativa, un Contrato Social Sudamericano, una integración energética para el bienestar de todos y, finalmente, una infraestructura para la interconexión de los pueblos sureños y la región en su conjunto.
Otros objetivos específicos planteados son: cooperación económica y comercial, integración financiera sudamericana, integración industrial y productiva, impulsando acciones de desarrollo industrial y de innovación comunes, hacia una ciudadanía sudamericana, abordar el tema de la migración con un enfoque integral y comprensivo, promover el reconocimiento, la protección y la valoración de todas las expresiones del patrimonio cultural nacional y común, cooperación en materia ambiental, participación ciudadana y cooperación en materia de defensa.
Los mandatarios expresaron su convicción de profundizar el proceso de integración, para construir una sola nación sudamericana que permita mejorar las condiciones de vida de los habitantes de todo el espectro de países que conforma las CSN. Coincidieron, además, en la firme voluntad que poseen sus gobiernos para avanzar en el proceso de integración.
Uno de los aspectos más relevantes de esta Cumbre es qué, además de ser una reunión de mandatarios, es reunión de movimientos sociales denominada Cumbre Social por los Pueblos y la Integración donde se formularon propuestas dirigidas, entre otros temas, a consolidar la unidad sudamericana. Sin embargo, urge resolver temas de relevante trascendencia como resolver las desigualdades y la exclusión social, así como las imposiciones de los organismos internacionales.
La CSN es conveniente porque no puede verse como parte de una excesiva e inútil maquinaria más, prueba de proliferación de organismos y proyectos de integración, por la sencilla razón que cumple un papel muy diferente al que cumplen los organismos ya tradicionales como la Aladi, CAN y Mercosur, cuyos temas iniciales fueron económicos o comerciales y luego adoptaron otros temas, por iniciativa o necesidad de subsistencia.
No podemos dejarnos engañar por los teóricos o retóricos que apoyan ciegamente la construcción de una comunidad latinoamericana sobre la base del sistema constituido por la Aladi, en el marco del Tratado de Montevideo de 1980; por cuanto esta asociación está diseñada para asociar países no “comunidades”; porque sus resultados durante las últimas décadas no han sido muy favorables ni satisfactorios; porque no cuenta con la presencia del Sistema de Integración Centroamericano (SICA), ni el sistema de integración del Caribe, (Caricom), y esta carencia no permite a la Aladi convertirse en el abanderado de América Latina, mucho menos en el abanderado de la región del sur.
En este sentido, cómo se le puede confiar un novedoso proyecto de federación comunitaria (CAN, Mercosur o SICA, Caricom, etc.); es como confiar un recién nacido a un geriatra.
La integración del sur es un espacio que estimula el desarrollo de los países para cooperar en materia política, social, ambiental, económica, comercial, etc., y servirá de plataforma para llegar al resto del mundo. En este esquema sudamericano de integración sería interesante insertar, en calidad de observadores, a todos aquellos países, como a Nicaragua, que deseen nutrirse de las ventajas y beneficios que se otorgan mutuamente los sureños, la enriquecedora experiencia procedente de las negociaciones y el acervo y bagaje que se obtiene del proceso.
El autor es jurista en Derecho Internacional y Máster en Diplomacia