- La heroína Rafaela Herrera recibió como regalo del Rey de España una propiedad que se dice pudo ser habitada por William Walker
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Corresponsal / Carazo
Altiva como una montaña en el paisaje de la comunidad rural La Calera, una casa hacienda que data de unos doscientos años, encierra un interesante pasado ligado a personajes de la historia de Nicaragua.
La propiedad se asienta actualmente en 600 manzanas, pero antiguamente eran más de dos mil.
Según el Registro de la Propiedad del departamento de Carazo, la heroína Rafaela Herrera recibió esas tierras como un regalo del Rey de España por la guerra de 1770, entre España e Inglaterra. Pero también se afirma que en esa misma casa habitó por un tiempo el invasor William Walker.
De esta cita no existe dato oficial, sin embargo, el Alcalde de Santa Teresa, Cristóbal Conrado, lo confirma: “No tenemos archivos en la Alcaldía, ni documentos sobre ese dato pero es real”.
EMPORIO DEL CACAO
Su entorno campestre y su estructura colonial de dos plantas y pilares altos delatan el emporio productivo que se desarrolló en la zona, con los cultivos de cacao, algodón, caña de azúcar y la ganadería.
La impresionante estructura sale al paso del visitante, y en sus patios se puede observar la riqueza histórica que sella cada rincón del lugar.
Su entrada es de piedra y al poco andar se aprecia un corredor amplio. A un lado una escalera que conduce hacia el segundo piso. Sus pilares elaborados con madera de ñámbar se combinan con las soleras y vigas de caoba. Mientras, el piso es una obra de pochote y sus puertas de cedro.
En sus patios hay antiguos árboles de mango, aguacate y un níspero de 150 años. Sobresale un laurel de la india y un añejo guanacaste.
La casona posee un sistema de ataujía que según el mandador de la propiedad, Francisco José Cruz Castillo, es una técnica de riego para los plantíos, que seguramente fue usada por los primeros habitantes de la casona. Cruz cuenta con orgullo que la casa fue habitada por el invasor William Walker, y delata su testimonio con mucha seguridad.
Sobre esos canales que cruzan el patio corre el agua del río Nacascole, que se encuentra a 200 metros de la casa. El agua cae a una pila enorme que fue acondicionada como una piscina. Ahora esta pila está siendo usada para la crianza de guapotes.
Frente a la casona permanece un corral donde pueden caber 800 cabezas de ganado. Ahora está hecho de madera, pero en el sitio hay gruesos pilares de concreto que pudieron servir como cerca, unidos por tubos metálicos.
Esta casa hacienda de seis corredores y seis habitaciones en las dos plantas, fue construida probablemente en el siglo XIX.
Se estima que jugó un papel importante en aquella época, relacionado a la producción de cacao, que favoreció la zona y se cultivaba en unas dos mil manzanas de tierra.
Don Francisco Cruz muy amablemente nos condujo a cada rincón de la casona y relató que desde hace 15 años es propiedad de su patrón, Juan Ramón Arnesto Soza, quien sólo llega de visita de vez en cuando.
Ahora se están haciendo trabajos de reconstrucción de sus paredes, pisos, pilares y puertas, pero respetando la originalidad de la arquitectura.
En el primer salón aún se conserva una puerta cortada por la mitad para simular una amplia ventana. Según el mandador, en ese lugar se pagaba la planilla de los trabajadores.
LA COCINA
A un lado del edificio central de la vivienda se encuentra la cocina, un cuarto grande que aún conserva el lavadero de los utensilios de cocina y el fogón. Las ventanas, un poco destruidas por el tiempo, son de madera.
Ana Blandón García, de 24 años, cocina en el fogón el alimento de sus tres niños. Dijo que ella habita la casa hace dos años, junto a su marido Ramón Díaz. Ambos cuidan la casona.
La mujer sin inmutarse relata que durante la noche es normal escuchar unos pasos en la planta alta.
“Se oyen unos pasos fuertes de un lado para otro, en el segundo piso”, pero asegura que ya se familiarizaron con esos ruidos y no sienten miedo.