Estar en África es como estar en el cine, todo lo que pasan en las películas es tal cual, los paisajes, las ciudades con mala infraestructura, los contrastes, las calles céntricas donde uno va manejando y el tránsito se ve interrumpido por un desfile de hatos de cabras o de vacas, vacas paradas en medio de los autos en el tráfico, monos sueltos en los parques y en los techos de las casas, aves que nunca hemos visto, crisol de etnias y de culturas, en las veredas se apretan masas humanas intentando avanzar vestidos unos con togas, otros con turbantes, otros con raros cortes de pelo o caras pintadas o grabadas, a nadie le importa el otro, ya están acostumbrados, y uno deambula con la sensación de que se le va a romper el cuello de tanto mirar y asombrarse.
Etiopía queda al este de África, y junto a Eritrea y parte de Somalia conformaban el anciano reino de Abisinia, es uno de los países más antiguos del mundo, con mas de 3,000 años de existencia, poderosos en el continente negro, con petróleo, oro, plata, hierro y una fuerte agricultura… las preguntas surgen imperiosas: ¿Por qué la pobreza? ¿Por qué el retraso cultural y tecnológico? ¿Será la consecuencia continental del dominio europeo de tantos siglos? Quién sabe, pero evidentemente la riqueza productiva no es sinónimo de desarrollo.
Una de las tantas cosas que me gustan en la vida es el café, y de hecho, soy un gran consumidor del líquido y cálido elemento… su sabor, su aroma, su efecto, son de los elementos que transforman la vida en algo agradable…
El café nace en Etiopía, por lo que evidentemente me interesé en la historia del mismo, y lo primero que pregunté es cómo le llamaban al café en el idioma “Amaharic”, que es el idioma más hablado aquí, a lo que me respondieron: UNHA… Esto me dejó perplejo, porque café, desde el español al japonés, pasando por los idiomas sajones, se dice y escribe café, con c o con k, con una o dos efes, pero café al fin. Me explicaron que era porque el lugar original de donde nace el unha o café es la región de Kofa. Antiguamente, cada producto se denominaba con el nombre de la región donde se obtenía, por lo que desde allí, en la medida que se fue difundiendo se fue tergiversando el nombre, y en egipcio, uno de los primeros exportadores, kofa se dice kafe. ¡Ahhhhhhhh! ¡Con razón!
Cuenta la leyenda, que unos pastores observaban que sus ovejas, cuando pastaban en la falda de la montaña, comían con avidez unos frutos rojos de unos arbustos, las que quedaban luego hiperactivas y algo nerviosas, la curiosidad de los pastores pudo más y de allí nace el café.
La otra cosa curiosa es la tradición para prepararlo. Primero, el café lo debe preparar una mujer… la misma se sienta en un asiento bien chiquito, casi contra el piso, teniendo disponible delante dos braseros, uno más grande que otro, y una mesita con tazas para café… en el brasero chico colocan incienso y mirra, lo que va impregnando el ambiente de un humeante aroma sacro y denso… En el otro, colocan una especie de sartén de hierro sin mango, donde colocan el grano para tostarse, revolviendo los granos ceremonialmente con una espátula especial de madera… La mujer toma la sartén caliente de los costados sin problema alguno, sin trapos, sin guantes, sin nada. ¡No me gustaría que me acariciara! Mientras revuelve el grano en el proceso de tostado, le va incorporando aguamiel… Todo el ambiente lo decoran con flores frescas alrededor.
MUJERES ETÍOPES HACIENDO CAFÉ
Luego, cuando el grano ya está tostado, lo colocan en un plato y pasa por delante de todos los espectadores curiosos a que huelan el grano, entonces se sienta nuevamente, toma un mortero de madera y lo muele, bien molidito.
Moliendo el grano se observa el plato con grano tostado, y la jarra de cerámica negra.
El tercer paso es tomar una jarra de cerámica, de cuerpo esférico, con un cuello largo, la que coloca en el brasero llena de agua hasta que esta rompe a hervir, allí retira la jarra del fuego, le agrega un poquito de agua fría, y con una especie de cuchara va colocando el café molido desde el pico de la jarra en su interior, para volverla a colocar en el brasero… En minutos, el aroma del café va imponiéndose al de la mirra y el incienso, y la mujer con una sonrisa va sirviendo el café en las tacitas, repartiendo entre aquellos que ya estamos desesperados por un sorbo.
El primer café, que llaman “pronta” es el más sabroso, fuerte y golpeador, luego repiten el procedimiento, pero ya sin cocer el grano, y el segundo café que te sirven se le llama “tona”, y viene el tercero llamado “marakah”, ya no pueden ofrecerte un cuarto sin volver desde el inicio a repetir todo el procedimiento y esto lavando bien todos los utensilios.
El honor al invitado es ser el primero en tomar un “pronta” y de acuerdo a la cara del invitado, quien tiene que hacer un gesto de evidente satisfacción, se sirve a los demás. A mí me sirvieron primero, y cuando vi que todos me miraban, levanté la cara ruborizado, y no pude más que reírme, lo que decidieron traducir como “qué rico”, pasando a servir a los demás.
¡Qué maravilla, me encantan las cosas tradicionales y la historia!
El autor es decano de la Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad de Ciencias Comerciales (UCC)