El nica Carlos Alonso (dcha.) en una acción con Jairo Manfredo Martínez de Honduras. (LA PRENSA/AFP )

Mejoramos sin avanzar

La vieja y agobiante batalla de nuestro futbol [doap_box title=»Hace falta tanto» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Necesitamos 48 años de crecimiento económico para alcanzar a Guatemala, sin que ellos se muevan hacia delante, explica Eduardo Estrada en uno de sus últimos análisis. Algo parecido podría considerarse en futbol. De vez en cuando, se producen vivísimos destellos como […]

  • La vieja y agobiante batalla de nuestro futbol
[doap_box title=»Hace falta tanto» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Necesitamos 48 años de crecimiento económico para alcanzar a Guatemala, sin que ellos se muevan hacia delante, explica Eduardo Estrada en uno de sus últimos análisis. Algo parecido podría considerarse en futbol.

De vez en cuando, se producen vivísimos destellos como los mostrados en Panamá en el 2003, pero no constituyen una certeza.

El 9-1 no corresponde exactamente a una distancia real, pero como los resultados alentadores, estará ocurriendo de vez en cuando, contra cualquiera de los cuatro mejores del área.

Los 250 mil dólares que concede la FIFA a Nicaragua, no le permiten a los otros países contar con un entrenador altamente calificado durante el año, sin meter las diferentes inversiones que requiere una Selección Nacional.

Pero en cada uno de esos países, el futbol es rentable, tiene apoyo privado y estatal, y cuenta con participaciones económicas llamativas que producen torneos internacionales.

Como diría San Francisco Xavier: Hace falta tanto por hacer, pero carecemos de los recursos necesarios. En tanto, el tiempo se convierte en un factor adverso implacable para nuestras pretensiones.

En nuestras condiciones, ni contratando a Beckembauer y Platini para manejar el futbol pinolero, alcanzaríamos nivel de competencia. Viendo lo que tenemos, se quedarían perplejos.

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la selección de futbol fue apaleada

No es fácil ser pequeño ni verde. Ir en busca de la grandeza y la madurez supone un reto mayúsculo.

Ha sido esa, la agobiante batalla de nuestro futbol desde hace más de medio siglo. Yo comencé a crecer escuchando como se multiplicaban expectativas sobre el futuro del futbol pinolero.

Desde entonces, final de los años 50, hemos vivido con el alma aferrada a la posibilidad de mostrar avances.

Hace unos días, en el Torneo de la UNCAF, necesitábamos urgentemente forzar el milagro de vencer a Honduras para provocar el más grande impacto de nuestra historia: avanzar hacia la Copa de Oro.

Nuestra Selección se había fajado bravamente con Guatemala y El Salvador, y vencido a Belice, el “peso zancudo” del área. Recordé cómo en 1968 Rudy Sovalbarro falló en el último instante, aquel penal que nos hubiera permitido derrotar a Honduras en el Norceca realizado en Tegucigalpa.

¡Ah!, por supuesto, eran otros tiempos. El futbol hondureño no había logrado el crecimiento que ahora tiene. Y recordé también aquel partido que perdimos contra ellos 1-0 en Diriamba, cuando ya eran grandecitos y respetados. Así que volví a refugiarme en la espera de un milagro, la gran posibilidad de los pequeños. David contra Goliat, Ulises frente al Cíclope.

Hay diferentes formas de perder, y 9 goles por 1, sólo tiene una calificación sin amortiguadores: una catástrofe. Algo así como el ruido de una montaña cayendo de pico al mar. Fue como estar solos y no ver a nadie en el espejo. ¡Y nos despertamos!

Desvanecida la fantasía, de regreso a la realidad, no podemos obviar lo alentador que fue para el futbol nica, lo mostrado en los tres juegos anteriores.

Yo estoy claro de que nuestro futbol ha mejorado, y considerablemente si revisamos las limitaciones imperantes, pero no lo suficiente para avanzar respecto a Costa Rica, Honduras, El Salvador y Guatemala, que haciendo grandes inversiones, con el futbol como su deporte prioritario y convertido en un negocio altamente rentable, y con capacidad para producir jugadores de exportación hacia Sudamérica y Europa, nos sacan una gran ventaja, con tendencia a ser ampliada.

Una Selección Nacional implica una gran inversión. Comienza por los resortes de mando, y tanto Costa Rica como Guatemala, se han atrevido a contrataciones de casi un millón de dólares con adiestradores del calibre de Francisco Maturana y Carlos Bilardo.

Luego está la atención, el fogueo, el tiempo necesario, el apoyo de la empresa privada y del Estado, y el interés de todos.

Aquí en Nicaragua, Carlos García comenzó a darle forma a un verdadero proyecto de Selección en beisbol, después del fracaso experimentado en 1970 en Colombia.

No podíamos seguir así y contrató a Tony Castaño para que manejara el operativo “reconstrucción”. Le armó un equipo de apoyo que más adelante incluyó a Pedro Ramos, aseguró con el apoyo del gobierno de Somoza Debayle y de la iniciativa privada, fogueo internacional y la organización en casa de series y torneos, agitó al publico, interesó a todos, y atravesó todo el año 71 y casi todo el 72 para llegar al gran Mundial y continuar.

¿Cuánto costó ese proyecto en el que se habilitaron cinco estadios? Nunca fue cuantificado, pero seguramente, una montaña de dinero. Claro, el beisbol siempre ha sido nuestro deporte fundamental, como lo es el futbol para los otros países de Centroamérica.

¡Diablos, ese es el mayor inconveniente! La llegada de bates y pelotas junto con rifles y balas, cambió la historia de nuestro deporte.

Salta a la vista que el futbol pinolero ha mejorado, pero no logra avanzar porque los otros, con superior potencial y mayores recursos, dan pasos mas largos y nos mantienen a distancia.

Es por eso que el infierno y el paraíso nos parecen tan desproporcionados.

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