“Aquí, a esta parte de la torre de la iglesia de Nandaime, subí a corretear con mi hermanita… Tenía 10 años y por esa travesura me llevé una buena tunda”. ()

La venturosa odisea magisterial de Mercedes Núñez de Aragón

“Allá por 1930 Nandaime era un pueblo atrasadito, pero no tanto. Habían casitas de paja pero más de taquezal y tejas. La diversión era caminar y dar vueltas en el parquecito, jugar naipes en las casas, platicar en el grupo familiar y cuando había un cumpleaños ir al bailecito” [doap_box title=»Cupido estaba en el coro» […]

  • “Allá por 1930 Nandaime era un pueblo atrasadito, pero no tanto. Habían casitas de paja pero más de taquezal y tejas. La diversión era caminar y dar vueltas en el parquecito, jugar naipes en las casas, platicar en el grupo familiar y cuando había un cumpleaños ir al bailecito”
[doap_box title=»Cupido estaba en el coro» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Contabilidad familiar

No hemos hablado del amor… ¿A qué edad se casó usted?
Me casé a los 22 años.
¿Cómo se enamoró? ¿Cómo la enamoraron?
Como se enamora toda mujer y todo hombre, ja, ja, ja.
¿Le mandaban cartas, le decían versos al oído?
Todo era personal, nunca recurrimos a las cartas. Nos conocimos en el coro de la iglesia. Ese coro lo dirigía un tío político mío, ahí yo cantaba y él era músico… Se llamaba Antenor Aragón Talavera, nos casamos y con el amor llegaron los hijos.
Es difícil hacer la contabilidad de mis nietos y bisnietos… A ver… A ver…
Auxiliadora cuántos nietos tengo?’ — pregunta a la hija—.
Veintidós mamá.
¿Y bisnietos?
Ahora sí que me fregó, pero a ver, son 24 mamá.
Bueno, no hablemos de tataranietos porque ya tengo una bisnieta en edad casadera. Cruce los dedos.

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Recordar es como tirar del hilo luyido del ovillo de recuerdos, hay que halar con suavidad, sin apuros, para que no se rompa el encanto. No hay que forzar nada, el olvido es momentáneo, ya recordaremos más tarde o quizá mañana. Detrás de los lentes se encienden los ojos grises de la profesora Mercedes Núñez de Aragón. Las cosas del pasado, qué sabrosas son y cómo alegran el corazón.

“Como cuando —dice con leve sonrisa—, siendo una niña de diez años se me ocurrió subir a la torre de la Iglesia de Nandaime. ¿Usted conoce Nandaime? ¿Y sabe que esa torre es muy alta, verdad? Pues sucedió que un domingo estábamos en misa y, junto con mi hermanita de cinco años, me escapé del cuido de mis padres y, cuando menos lo esperaba, ya estábamos corriendo sobre la base que sustenta la cúpula del campanario de ese templo. Sólo de recordar aquella altura y el vacío que estaba bajo nuestros pies, se me eriza el pelo, pero en nuestra conciencia de niñas no conocíamos el peligro y jugábamos felices”.

“Alguien llegó a avisar a mis padres y éstos vieron con horror las carreritas que daba con mi hermanita. Nos gritaron que bajáramos y así lo hicimos. Yo sentía aquello tan natural que me extrañó la tremenda tunda que me dieron en mi casa por traviesa”, cuenta.

Ríe la profesora Núñez de Aragón al recordar la anécdota, y para reafirmar lo dicho señala en una fotografía de la iglesia de Nandaime el lugar donde ocurrió el suceso. “Yo era muy traviesa, pero también muy mimada”, dice, y a sus 98 años sigue siendo la consentida de sus hijos e hijas, que permanecen complaciendo sus caprichitos y antojos.

EL CINE DE DON JUAN RUEDA

¿En qué barrio de Nandaime nació usted?

Nací en Nandaime, en el barrio… ¿Cómo es que se llamaba? En fin quedaba un poco retiradito de la iglesia… Ahhh, sí, se llamaba el barrio del Burillo.

¿El Burillo? ¿Por qué le decían el Burillo?

No sé por qué. Cuando crecí fue que me di cuenta que le decían el Burillo, ni me di cuenta nunca quién le puso ese nombre. Yo nací ahí, pero luego mis padres se pasaron a vivir más al centro del pueblo.

Por esos años una gran novedad sacudió Nandaime, la llegada del cine. Lo llevó un señor llamado Juan Rueda. Las películas eran mudas, de cuando en cuando salía un letrero que explicaba lo que hablaban los protagonistas. Era como ver la televisión sin sonido, con la diferencia que no había letreros como los hay en la TV.

El cine ya fue otra diversión, pero lo que más nos alegraba eran los bailecitos con que celebraban los cumpleaños. Las jovencitas y los jóvenes nandaimeños vivíamos pendientes de eso y se bailaba con la vitrola de cuerda que tenía una bocina por donde salía el sonido, ese aparato tocaba discos que parecían de pizarra, si caían se quebraban.

El cine mudo en Managua era acompañado de un pianista que tocaba piezas que más o menos se acoplaban al tema de la película, música de alegría, sinfonía macabra, de horror, de romance.

Bueno, el cine mudo de Nandaime lo vi siempre mudo. Los que llegaban a veces eran un grupito de filarmónicos que tocaban para alegrar a la gente, la gente oía y se distraía el ratito que se ocupaba en cambiar los rollos.

RECORDANDO A LA FAMILIA

Profesora, ¿cuál es su nombre completo?

¿De soltera o casada?

Bueno, yo me imagino que usted es viuda.

Mi nombre completo es Mercedes Núñez de Aragón, nacida en Nandaime el 3 de abril de 1909. Gracias a Dios tuve unos padres que no puedo explicar cómo fueron de buenos. Mi padre, don Vicente Núñez Rivera, se puede decir que era el médico de Nandaime. No era doctor titulado, pero tenía tanta práctica que le dieron un reconocimiento en Granada, en la Universidad de Oriente y Mediodía, donde los médicos le hicieron como un examen y ya le dieron su título, ya fue entonces conocido como el doctor Núñez de Nandaime.

Me imagino que ese acontecimiento se celebró con una fiesta…

Pues claro que sí, aquello era una gran cosa para nosotros. En Nandaime él fue querido, muy apreciado y en su práctica como médico fue muy acertado, de manera que cuando murió dijo una vecina: “Murió Vicente Núñez, una cascarita pero cascarita de oro”, porque él era delgadito y menudito.

Mi madre se llamaba María de Jesús Quintanilla, era de origen dirialeño, pero ya jovencita sus padres dejaron Diriá y se vinieron para Nandaime. Aquí se casó con mi padre y de esa unión nacieron cinco hijos, yo era la hermana mayor.

HACENDADOS Y PEONES

¿Cómo vivía la gente de Nandaime en ese tiempo?

Cada cual tenía su modo de pasar, habían distintos oficios: zapateros, sastres, panaderos, hacían toda clase de negocio, la vida era muy sencilla, eran campesinos en su gran mayoría, muchos tenían su finquita. Eran campesinos legítimos que se criaron en el campo y en el cultivo de la tierra, nacieron para eso. Pero también hubo gente hacendada, con grandes propiedades, era gente que había conseguido algo en su vida. Esta gente contrataba al campesino que no tenía nada, esos pasaban a ser “peones de hacienda”.

¿Cómo eran las costumbres hogareñas?

En su sencillez yo estimo que Nandaime era un lugar alegre. Nosotros nos criamos en un ambiente muy bonito, gracias a Dios mis padres, sobre todo mi padre, aspiraba mucho por el bienestar de todos y entonces me mandó aquí a Managua, a la Normal de Señoritas.

Nuestra vida familiar era tranquila, los quehaceres, los de siempre, respetando las devociones, rezos y santos, juegos infantiles, costumbres de pueblo. Mi papá murió dejándome de 18 años, ya no tuve oportunidad de que me viera formada.

En Nandaime estudié mi primaria. Recuerdo muy bien a la señorita Chepita Sandoval, mi maestra de primer grado; en segundo tuve como mentora a la señorita Emérita Castellón; en tercero a doña Berta Rueda; en cuarto a la niña María Luisa Molina; en quinto a doña Fidelina Silva. Todas esas profesoras eran importadas de Managua porque no teníamos maestras nandaimeñas tituladas.

EN LA ESCUELA DE “INSTITUTORAS”

En el 25 doña Mercedes se vino a Managua para estudiar magisterio en la Normal de Señoritas, que entonces era llamada “Escuela Normal de Institutoras”, dirigida por las religiosas de la Divina Pastora.

Cuénteme más de eso.

Las monjas eran muy buenas con nosotras, y muy apreciadas por toda la gente, las compañeras muy felices y alegres, bailábamos los ritmos de moda, boleros, valses y tango, la moda era imitar a las estrellas que veíamos en el cine.

Yo, sin falso orgullo, fui de las primeras maestras graduadas de Nandaime, habían otras maestras pero eran empíricas, sólo una era un poquito mayor que yo, se llamaba Petrona Gómez, esa si ya fue primera con título. Después se fueron formando otras, poco a poco.

¿Cuánto tiempo estuvo impartiendo su magisterio?

Eh, bueno cuando yo salí, en 1929 mi padre tenía un año de estar enfermo, él era un gran conservador. Acababa de pasar una votación en la que ganó el Partido Liberal, él todavía fue a votar, al mes de haber votado murió. Ese suceso intervino en mi vida. Pasé ocho años sin trabajar porque el gobierno liberal me negaba la plaza para castigar el conservadurismo de mi padre, pero a quien castigaban era a mi pobre madre que quedó viuda con cinco hijos pequeños. Al fin comencé a trabajar y durante veinte años lo hice en Nandaime. Después me trasladé a Managua asignada a la Escuela Modesto Barrios, luego pasé al Centro Escolar Salvador Mendieta, cuando ya vivía con mi familia en la Colonia Centroamérica.

La directora del Salvador Mendieta se llamaba Erlinda Rodríguez de Ocón, después hubo otra, doña Elbita Escoto Castillo, la esposa del periodista Koriko. Entre esas queridas compañeras maestras recuerdo a doña Socorro Talavera de Espinoza, Catalina Salas de Zavala, Berta Noguera, María Adelaida Talavera, Rosa Matilde Romero. Me acuerdo de todas pero en este momento se me van…

LA MEJOR RECOMPENSA

¿Cuántos años ejerció el magisterio?

En Nandaime y veinte aquí. Me retiré en 1965.

¿Cuál ha sido la mejor recompensa a tanto esfuerzo?

Pues gracias a Dios he tenido varias, en Nandaime me hicieron un reconocimiento, aquí en la Escuela Salvador Mendieta me dieron un premio como buena maestra, pero el mejor lo constituyen los buenos alumnos que tuve y que ahora son hombres y mujeres útiles a la Patria. Entre ellos hay maestras, médicos, sacerdotes, abogados… Tengo de todo, como en botica.

Pero el premio mayor han sido mis hijos. Esta señora que está ahí se llama María Auxiliadora Aragón; después viene otro, el doctor Eduardo Aragón, otorrinolaringólogo; después el licenciado José Román Aragón, que está en Estados Unidos; después Juanita Aragón, secretaria comercial; María Teresa Aragón, no está, y Carmelita Aragón, que es maestra de educación. ¿Qué mayor felicidad puedo pedir?

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